El fracking provoca más de 600 sismos en Vaca Muerta y la Patagonia ya no duerme tranquila. Lo que comenzó como una promesa de riqueza energética se ha convertido en una fuente constante de temblores, grietas en viviendas y creciente tensión social en Neuquén.
Desde 2015, cuando se intensificó la fracturación hidráulica, los movimientos sísmicos se multiplicaron en zonas donde antes apenas se registraban. Expertos hablan de correlación directa entre la inyección masiva de fluidos y el reacomodamiento del subsuelo. Mientras la producción bate récords históricos.
El fracking provoca más de 600 sismos en Vaca Muerta y dispara la tensión social en Neuquén
Vecinos denuncian grietas, científicos confirman correlación sísmica. Y la industria defiende la explotación que sostiene la economía argentina.
Un informe fechado en enero del presente año y realizado por NCS Multistage detectó un número inusualmente alto de fracturas hidráulicas en la provincia de Neuquén. Al ritmo actual, en 2026 se podría batir un nuevo récord.
La actividad se concentra en Vaca Muerta, una vasta formación de esquisto que se habilitó para la fracturación hidráulica en 2013. La región produce actualmente cientos de miles de barriles de petróleo de forma diaria y continuada.
La extracción de gas y petróleo por fracking —fractura de rocas subterráneas a gran escala mediante inyección de agua, arena y aditivos— genera creciente inquietud en la Patagonia argentina.
Académicos y ambientalistas de la provincia de Neuquén —la de mayores reservas de hidrocarburos— cuestionan las consecuencias de la explotación de esos yacimientos mediante este proceso, mientras los vecinos viven sobresaltados por los sismos en la zona, que atribuyen a las operaciones de fracking que comenzaron en 2015.
En enero, un informe de la consultora independiente NCS Multistage reveló que 2026 comenzó con una cantidad excepcional de fracturas en la zona. A ese ritmo, se prevé que este año marcará un récord en esta actividad.
Récord de fracturas hidráulicas y producción de shale oil
Luciano Fucello, autor del informe y profesor de Ingeniería en Petróleo del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, admite que existe una correlación entre la producción hidrocarburífera y los temblores denunciados por los vecinos de Sauzal Bonito y Añelo, en el interior neuquino.
Junto con Plaza Huincul y Cutral Co, esos pueblos conforman una “comarca petrolera” que, a fines de 2025, producía más de 570.000 barriles diarios de shale oil y 64 millones de metros cúbicos de shale gas.
Ambos son hidrocarburos no convencionales, es decir, requieren fracturación hidráulica a gran escala para su producción por estar adheridos a una roca madre.
En 2013, una reforma legislativa habilitó el fracking en Vaca Muerta, formación de 30.000 km2 que hoy representa —junto al complejo agroexportador (granos y aceites)— la principal fuente de divisas del país.
Pero coincidiendo con su expansión, también aumentó el registro de sismos en territorios cercanos a las operaciones —donde antes no solían percibirse— que han causado grietas en las viviendas y dejado casas inhabitables.
El Observatorio de Sismicidad Inducida, creado por expertos locales, contabiliza en su web 442 temblores desde fines de 2018, cuando se intensificaron las actividades. Javier Grosso, geógrafo y uno de sus impulsores, asegura que la cifra actualizada supera los 600.
Casas agrietadas y vecinos que denuncian temblores inéditos
Solo en 2025, el Observatorio registró 102 temblores en Añelo, cercanías de Sauzal Bonito y Rincón de los Sauces, adonde se está expandiendo la actividad. Un “récord absoluto” que Grosso atribuye al aumento de las operaciones de fractura.
“Está intervenido todo el subsuelo, que empieza a mostrar una sensibilidad que antes no tenía”, advierte en diálogo telefónico.
En un análisis publicado en la revista Nature, Grosso y colegas constataron “desplazamientos verticales” desde 2017. Tras períodos de intensa actividad industrial, incluyendo un sismo de 4,9 grados en marzo de 2019.
La fractura de rocas “produce una onda sísmica que se desplaza por el subsuelo”, explica. “El temblor es la respuesta a la inyección y extracción del fluido, el reacomodamiento de placas que responden a estas presiones gigantescas”. Cuando la onda alcanza zonas pobladas, los vecinos sienten ruidos y cimbronazos que en ocasiones derriban muebles y electrodomésticos, causando incluso daños estructurales.
El debate científico sobre la sismicidad inducida
El Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, que reúne a corporaciones públicas y privadas del sector, no respondió a los requerimientos de información para este artículo.
En declaraciones a BBC News (enero), sostuvo que la única forma de determinar el origen de los temblores es establecer una “línea base” que identifique la movilidad de toda la cuenca, algo aún pendiente por razones de infraestructura.
“Vaca Muerta es el lugar con mayor instrumental para calcular sismos de toda Latinoamérica”, contradice Grosso. “El Instituto Nacional de Prevención Sísmica cuenta con nueve sismógrafos, y las empresas, entre 21 y 25”.
“Para nosotros, la palabra de los habitantes sirve tanto como los registros instrumentales”, insiste. “Tenemos pobladores que están en la zona desde hace 60 años y nos dicen que ‘Esto no pasó nunca».
Por su parte, Fucello recuerda que “en pandemia, cuando se detuvo la actividad, pararon los sismos. Y cuando regresó, volvieron”. Pero advierte que si las casas tienen buenos cimientos, “no corren riesgo”. Fucello reconoce la alta productividad del fracking —con pozos que producen hasta el triple que los convencionales—, aunque advierte que la actividad exige reinversión constante.
Agua, arena y residuos: el coste oculto del boom energético
La industria despierta otras inquietudes. Mientras un pozo convencional puede requerir 6.500 m³ de agua, uno shale necesita hasta 60.000 m3. Gran parte de ese volumen es irrecuperable. Y el que retorna suele reinyectarse en pozos abandonados.
El consumo de arena para el fracking también es elevado. “El año pasado se usaron cinco millones de toneladas para fracturar Vaca Muerta”, revela Fucello. “Este año van a ser seis millones”, precisa. “Los yacimientos convencionales [que se extraen mediante métodos tradicionales] consumen cien veces menos”, compara.
El fracking genera, además, grandes cantidades de residuos sólidos contaminados, advierte a SciDev.Net Santiago Cané, abogado especializado en impactos de esta industria en la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente.
En 2024, un análisis geoespacial del Instituto Geográfico Nacional de Argentina alertó sobre el “potencial de contaminación crítica” en la cuenca del río Negro, debido a la alta densidad de pozos, muchos ubicados cerca de cuerpos de agua, áreas agrícolas y zonas urbanas.
América Latina reabre la batalla política por el fracking
En América Latina, aunque ningún país lo ha prohibido, los estados brasileños de Paraná y Santa Catarina no lo permiten; en Colombia, seis proyectos de ley para eliminarlo fueron rechazados por el Congreso.
Y en México, la presidenta Claudia Sheinbaum está dispuesta a impulsarlo para reducir la dependencia del gas natural de Estados Unidos. Esta situación ha reavivado el debate regional acerca del fracking.
Investigadores locales del Observatorio de Sismicidad Inducida reportan más de 600 temblores desde 2018. Muchos residentes vinculan el aumento de eventos sísmicos a la expansión de las operaciones de extracción.
La fracturación hidráulica o fracking requiere grandes volúmenes de agua y arena, mucho más que los pozos convencionales. Los expertos también advierten sobre los residuos contaminantes y los posibles riesgos ambientales que amenazan a ríos y zonas urbanas. Publicado en Scidev.net – Pablo Corso. Seguir leyendo en ECO AMERICA





















