Durante unos 70 años, el jaguar, conocido en Argentina como yaguareté, dejó de caminar por los esteros del Iberá. La caza y la pérdida de hábitat lo habían borrado del paisaje, pero la situación ha cambiado. Parques Nacionales confirmó en mayo de 2026 que ya viven más de 50 ejemplares libres en la zona.
El dato convierte a Iberá en algo más que una historia esperanzadora. Es el primer proyecto del mundo que devuelve una población de jaguares a un lugar donde la especie se había extinguido, aunque el trabajo no termina con una cifra. Ahora toca proteger la diversidad genética, los corredores naturales y la convivencia con las personas.
Un regreso que ya se puede medir
La señal más reciente tiene nombre propio. Ombú, un macho de un año y ocho meses nacido en libertad, fue localizado cerca del Portal Laguna Iberá, examinado y equipado con un collar satelital antes de volver al humedal. Pesaba 85 kilos y estaba en buenas condiciones.
¿Qué significa esto en la práctica? Que el animal está creciendo, buscando territorio y desplazándose por un paisaje con presas y refugio. «Hoy ya hablamos de más de 50 ejemplares libres en Iberá», explicó Julián Lentijo, responsable regional de conservación de Parques Nacionales. No es poca cosa.
De 35 a más de 50
En enero de 2025, la cifra oficial era de al menos 35 yaguaretés libres en Corrientes. Algo más de un año después, el recuento supera los 50, un aumento asociado a los nacimientos dentro del propio ecosistema y a nuevas incorporaciones cuidadosamente planificadas.
Estas cuentas pueden cambiar por nuevas camadas, muertes, animales difíciles de detectar o ejemplares que se dispersan. Pero la tendencia es clara. Iberá ha pasado de no tener jaguares a mantener una población reproductora que sigue creciendo.
Cómo empezó la recuperación
El momento decisivo llegó en enero de 2021. Mariua, una hembra rescatada cuando era huérfana en Brasil, salió al Gran Parque Iberá junto con sus dos cachorros nacidos bajo cuidado humano. Eran los primeros de un programa preparado durante años en un área protegida de unas 688.000 hectáreas.
El proyecto había comenzado antes, con la construcción del Centro de Reintroducción del Yaguareté en 2012. Los animales pasaron por recintos de adaptación, aprendieron a cazar con el mínimo contacto humano y fueron seguidos mediante cámaras trampa, radio y GPS. Soltarlos era solo una parte del trabajo.
Nacer libre cambia todo
La recuperación dejó de depender únicamente de nuevas liberaciones cuando empezaron los nacimientos en libertad. En mayo de 2024, Parques Nacionales confirmó una camada de tres crías y señaló que ya se habían registrado seis camadas concebidas en libertad dentro del parque.
Ese detalle marca la diferencia entre animales liberados y una población capaz de sostenerse. Los cachorros aprenden de sus madres, se independizan y ocupan nuevos espacios sin pasar por un recinto. El paisaje empieza a producir sus propios jaguares.
El papel del gran depredador
El yaguareté está en la parte más alta de la cadena alimentaria. Al cazar y modificar el comportamiento de sus presas, puede influir en muchas relaciones del humedal. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente considera que la reintroducción cuidadosa de depredadores puede ayudar a recuperar ecosistemas degradados.
Pero conviene introducir un matiz. El efecto concreto de su regreso sobre la vegetación, las presas y otros procesos de Iberá todavía se está evaluando. La lógica ecológica es sólida, aunque medirla exige años de datos. La naturaleza no funciona como un interruptor.
Un humedal con más piezas
El jaguar no ha vuelto solo. El programa también trabaja con especies como la nutria gigante, el guacamayo rojo, el pecarí de collar, el oso hormiguero gigante y el muitú. En el fondo, busca reconstruir relaciones ecológicas perdidas durante décadas.
No basta con llenar un espacio protegido de animales. Deben alimentarse, reproducirse, dispersarse y volver a cumplir su función. Por eso el éxito se mide tanto en ejemplares como en comportamientos naturales y poblaciones menos dependientes de la intervención humana.
Los corredores deciden el futuro
Un informe de Rewilding Argentina señaló que tres machos jóvenes se habían dispersado por corredores ribereños hacia nuevas zonas, con desplazamientos que alcanzaron incluso Paraguay. Es una buena noticia, pero también recuerda algo básico. Los jaguares no entienden de límites administrativos.
La conectividad evita que una población quede encerrada y pierda diversidad genética. En 2025, Takajay fue trasladado desde El Impenetrable hasta Iberá para aportar genes de Qaramta, un macho silvestre del Chaco. Cada incorporación planificada reduce la dependencia de pocos fundadores.
Turismo y convivencia
El regreso del yaguareté ha reforzado el turismo de naturaleza y su valor cultural en Corrientes. Para las comunidades guaraníes, el felino representa fuerza e identidad, mientras que para visitantes y guías es una presencia extraordinaria. Verlo, sin embargo, no da permiso para acercarse.
En un camino de tierra, al amanecer o al atardecer, la emoción puede llevar a alguien a bajar del vehículo para grabar mejor. Las autoridades piden lo contrario. Hay que reducir la velocidad, mantener la distancia, no ofrecer comida, no molestar al animal y avisar a los guardaparques cuando sea necesario.
El éxito todavía es frágil
En Argentina, el yaguareté está catalogado en Peligro Crítico y las fuentes oficiales recientes estiman que quedan menos de 200 ejemplares, repartidos en poblaciones fragmentadas. A escala global, la UICN lo clasifica como Casi Amenazado y con tendencia decreciente.
La caza furtiva, la degradación del hábitat y la falta de conexión siguen siendo amenazas reales. Por eso una reintroducción no se sostiene solo con collares y cámaras. También necesita vigilancia, carreteras más seguras, coordinación institucional y apoyo local.
La siguiente etapa
Iberá ya no es únicamente un destino que recibe jaguares. Se está convirtiendo en una fuente de animales nacidos en libertad que pueden ayudar a recuperar otros paisajes, como demuestra el traslado de hembras hacia El Impenetrable. Ese paso cambia la escala del proyecto.
La prueba definitiva llegará cuando la población mantenga su diversidad, se reproduzca sin ayuda frecuente y conserve espacio para expandirse sin aumentar los conflictos. El regreso ya ocurrió. Ahora toca hacerlo duradero.
La nota oficial más reciente sobre estos avistamientos y la cifra actual ha sido publicada por la Administración de Parques Nacionales de Argentina.



