En 2012, investigadores de la Universidad de California en Davis (UC Davis) prepararon 238 rollos de caucho para cubrir una zona del fondo del lago Tahoe, en Estados Unidos. Querían dejar sin oxígeno a las almejas asiáticas invasoras. El proyecto consiguió una mortalidad cercana al 90 % en el área tratada, según los resultados comunicados por la universidad.
La intervención se concentró en Emerald Bay, donde se cubrieron aproximadamente dos hectáreas y las mantas se retiraron a finales de 2014. La experiencia mostró que era posible reducir estos moluscos sin aplicar pesticidas, aunque quedaron ejemplares vivos y hubo efectos sobre otros animales del fondo.
Una invasión bajo el agua
La almeja asiática (Corbicula fluminea) se detectó por primera vez en la orilla sur del Tahoe en 2002. Después se extendió por distintos sectores del lago, con concentraciones de miles de ejemplares por metro cuadrado en algunas zonas, según el Centro de Investigación Ambiental Tahoe de UC Davis.
Su presencia puede alterar las comunidades de invertebrados y la circulación de nutrientes. Además, sus excreciones favorecen el crecimiento de algas que las corrientes pueden arrastrar hasta las playas, donde se acumulan y descomponen. Para quien se acerca a bañarse, el problema acaba siendo bastante visible.
Una operación con buceadores
Las cifras permiten imaginar el trabajo que había detrás. Cada rollo medía unos 30 metros y pesaba aproximadamente 136 kilos, y el montaje requirió cerca de 16 kilómetros de barras de refuerzo y 16 000 ojales para sujetar el material.
Las láminas también incorporaban válvulas para extraer muestras de agua sin levantarlas. Geoffrey Schladow, entonces director del centro, explicó que buscaban «minimizar el tiempo que los buceadores tienen que pasar bajo el agua». Preparar bien cada pieza formaba parte del experimento.
Cómo funcionaban las mantas
Las barreras limitaban la llegada de agua oxigenada al sedimento, mientras la actividad biológica consumía el oxígeno atrapado debajo. En Emerald Bay se añadió material orgánico para acelerar ese consumo. Así se buscaba mantener unas condiciones que las almejas no pudieran soportar durante mucho tiempo.
La idea ya contaba con pruebas previas. Un estudio publicado en Environmental Management en 2012 describió un ensayo de 2010 que cubrió unos 1950 metros cuadrados durante 120 días. Tras retirar la barrera, la abundancia de almejas había caído más del 98 % y seguía reducida en más del 90 % un año después.
El fondo complicó el experimento
¿Por qué fue más difícil repetir aquel resultado en Emerald Bay? El informe de UC Davis de 2014 describe corrientes capaces de volcar las barreras y un fondo de materiales glaciares porosos e irregulares. El agua rica en oxígeno podía circular por esos huecos y llegar hasta los animales cubiertos.
Aquella población se había elegido por su aislamiento y su extensión relativamente pequeña. Pero las condiciones locales obligaron a comprobar lo que ocurría bajo las mantas, y los muestreos realizados hasta octubre de 2013 situaron la mortalidad alrededor del 90 %. La forma del fondo también decidía el resultado.
Lo que escondía el porcentaje
Una evaluación recogida en el plan de gestión de 2015 calculó una reducción media del 88 % en la densidad de almejas asiáticas tras retirar las barreras. La población pasó de unos 60 a unos siete ejemplares por metro cuadrado. Ese dato mide el cambio de abundancia, una variable distinta de la mortalidad.
El mismo documento registró un descenso de las almejas autóctonas del género Pisidium, de aproximadamente ocho a una por metro cuadrado. La falta de oxígeno también afectaba a especies que se quería conservar. Por eso, valorar el resultado exigía mirar más allá de las invasoras eliminadas.
Además, los ensayos anteriores en Marla Bay y junto a Lakeside Marina mostraron otro límite. A los 22 meses de retirar las barreras, la abundancia de almejas asiáticas volvía a ser comparable a la de las zonas sin tratar. Ese plazo corresponde a aquellas pruebas, no al seguimiento de Emerald Bay.
Qué ocurrió después
La técnica se utilizó de nuevo entre 2017 y 2020 en Sand Harbor, otra zona del Tahoe. Un seguimiento realizado en 2021 encontró menos de cinco almejas por metro cuadrado dentro del área tratada. Aun así, los investigadores consideraron que la extensión de la invasión probablemente superaba lo que podía erradicarse de forma eficaz y económicamente viable con estas barreras.
Su recomendación fue estudiar actuaciones localizadas y seguir vigilando la recuperación de las poblaciones. Estos resultados posteriores fueron publicados por UC Davis en febrero de 2022 en el informe anual de 2021 sobre las almejas asiáticas en Sand Harbor.












