En pleno invierno, un lobo joven identificado como M637, ha cruzado a nado el Lago de Lucerna, en el corazón de Suiza. La travesía fue de unos 1,5 kilómetros en agua cercana a los 5 grados, un baño que la mayoría consideraríamos imposible, pero que en este caso está documentado con precisión milimétrica gracias a un collar GPS en esta especie.
El animal lleva desde finales de octubre de 2025 un emisor satelital dentro del proyecto de seguimiento de grandes carnívoros de la Fundación KORA. A partir de esos registros se ha reconstruido su ruta y se ha confirmado que no rodeó el lago, sino que lo atravesó nadando en la noche del 13 de febrero de 2026, algo inédito en el país.
Los puntos de posición se situaban primero en una orilla, después en medio del lago y noventa minutos más tarde en la ribera opuesta. Un rodeo completo a pie en ese tiempo resultaba inviable, como explicaba el biólogo Flurin Kunz a la radiotelevisión pública SRF al señalar que «los datos no cuadran si el lobo hubiera bordeado el lago».
M637 es un macho de unos tres o cuatro años que ha recorrido ya varios cientos de kilómetros desde el cantón de Vaud, cruzando bajo y sobre autopistas y esquivando núcleos habitados mientras busca un territorio propio y una compañera de la misma especie con la que formar manada.
En enero sus desplazamientos sumaron casi 240 kilómetros en solo once días, con incursiones por el cantón de Berna y el cantón de Lucerna, antes de dirigirse hacia el macizo del Rigi y el entorno de Engelberg.
¿Qué nos dice todo esto sobre el lobo y sobre nuestros paisajes europeos? En el fondo, que incluso en un país muy urbanizado un gran depredador es capaz de enlazar valles y montañas usando corredores ecológicos, pasos de fauna junto a las autopistas y, cuando hace falta, también rutas acuáticas.
Para la conservación, este tipo de datos son clave. Ayudan a identificar qué obstáculos superan los animales y dónde tiene sentido reforzar medidas como los cercados para el ganado, los pasos seguros en carreteras o la información a quienes comparten rutas de senderismo y pistas de esquí con la fauna silvestre.
Al mismo tiempo, el periplo de M637 recuerda que el regreso del lobo a los Alpes forma parte de una expansión más amplia de la especie en Europa, un proceso que reabre debates sobre convivencia, daños al ganado y gestión de los grandes carnívoros. No es una anécdota aislada.
El seguimiento detallado de este ejemplar se enmarca en el proyecto «Wolves and Cattle«, que utiliza la telemetría para responder a preguntas científicas sobre cómo se mueven los lobos en paisajes ganaderos y qué barreras logran superar. El comunicado oficial con la información actualizada sobre M637 ha sido publicado en la página del proyecto M637 de la Fundación KORA.


















