Los pueblos indígenas crearon este suelo hace siglos y ahora los científicos creen que puede acelerar la recuperación de los bosques destruidos

Publicado el 7 de agosto de 2026 a las 09:49
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Suelo de tierra oscura amazónica creado por pueblos indígenas utilizado en una investigación sobre restauración de bosques.

Un suelo formado durante siglos por pueblos indígenas de la Amazonía podría convertirse en una ayuda inesperada para recuperar terrenos degradados. Un nuevo estudio en condiciones reales de campo ha comprobado que una pequeña cantidad de tierra oscura amazónica impulsó con fuerza el crecimiento de dos especies de árboles nativos durante sus primeros seis meses.

El resultado más llamativo apareció en el ipê rosa, cuyo tallo alcanzó un diámetro hasta un 88 % mayor que el de las plantas cultivadas sin este suelo. Pero la clave no estaría únicamente en los nutrientes. Los investigadores creen que la comunidad de hongos y bacterias que vive en la tierra oscura reorganiza el entorno de las raíces, reduce algunos patógenos y favorece microorganismos beneficiosos.

Un suelo creado durante siglos

La tierra oscura amazónica, conocida también como tierra negra indígena, no es un suelo corriente. Se formó por la actividad humana a partir de carbón vegetal, restos orgánicos y otros materiales acumulados por poblaciones amazónicas, lo que dejó zonas especialmente fértiles dentro de una región donde muchos suelos naturales son ácidos y pobres en nutrientes disponibles.

Su valor tampoco se limita a su color o a la cantidad de materia orgánica. En el fondo, funciona como un pequeño ecosistema vivo, lleno de bacterias, hongos y arqueas capaces de participar en el reciclaje de nutrientes y en la protección de las plantas. Ahí está la parte que más interesa ahora a la ciencia.

Una prueba fuera del laboratorio

El trabajo fue realizado por investigadores del Centro de Energía Nuclear en la Agricultura de la Universidad de São Paulo, Embrapa y el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía. El equipo utilizó 72 plantas de paricá y de ipê rosa, dos árboles nativos con características distintas y con interés para la restauración forestal.

Las semillas germinaron en recipientes con 290 gramos de tierra oscura o, en el grupo de control, con fibra de coco. Después, las plántulas se trasladaron a una antigua zona de cultivo de yuca en el estado de Amazonas, donde crecieron sin fertilizantes ni herbicidas, solo con agua de lluvia y retirada manual de las malas hierbas. Era una prueba mucho más parecida a lo que ocurre en una restauración real, con calor, lluvias y competencia alrededor.


Los árboles crecieron más

Tras 180 días, todas las plantas seguían vivas, pero las diferencias eran claras. El paricá cultivado con tierra oscura creció de media un 20 % más en altura y desarrolló tallos aproximadamente un 15 % más gruesos que el grupo de control.

En el ipê rosa, una especie que suele tener más dificultades para establecerse en terrenos degradados, el efecto fue aún mayor. Las plántulas alcanzaron cerca de un 55 % más de altura y un diámetro de tallo hasta un 88 % superior. No es poca cosa para apenas seis meses de crecimiento.

Aun así, estos porcentajes no significan que la tierra oscura pueda reconstruir por sí sola un bosque maduro. Los datos publicados cubren únicamente la primera etapa de las plantas, aunque el experimento completo se prolongó durante tres años y el equipo continúa analizando esa información. La prueba, por ahora, demuestra un mejor establecimiento inicial.

El aliado estaba bajo tierra

Los análisis de ADN mostraron que la diversidad bacteriana general cambió poco, mientras que la comunidad de hongos sí se transformó de forma más visible, sobre todo alrededor de las raíces del ipê rosa. También disminuyeron varios microorganismos oportunistas o potencialmente patógenos y aumentaron géneros asociados al control biológico y al crecimiento vegetal.

Entre ellos aparecieron hongos como Metarhizium y Tomentella, además de bacterias como Rhizobium y Enterobacter. «La microbiota alrededor de las raíces se reorganiza», explicó Anderson Santos de Freitas, primer autor del trabajo. En la práctica, la tierra oscura parece actuar como un «ingeniero biológico» que ayuda a construir un entorno más favorable para la planta.

Esto importa porque plantar un árbol no siempre basta. En un suelo compactado, empobrecido o con poca actividad biológica, una plántula puede sobrevivir mal incluso cuando recibe agua. Recuperar la vida microscópica del terreno podría dar a las raíces una oportunidad mejor desde el principio.

Los nutrientes también cuentan

El estudio sostiene que la cantidad utilizada era pequeña y que sus nutrientes estaban muy por debajo de los aportados normalmente por un fertilizante comercial. Además, las plantas se igualaron por tamaño antes de llevarlas al campo, por lo que los autores atribuyen buena parte de las diferencias a la reorganización microbiana.

Pero conviene mantener la cautela. Wenceslau Geraldes Teixeira, especialista de Embrapa que no participó en el trabajo, advirtió que los 290 gramos iniciales también pudieron ofrecer una ventaja física y nutricional. La composición de estas tierras, además, cambia mucho entre unas zonas de la Amazonía y otras, así que el resultado no debe entenderse como una receta universal.

Proteger el suelo original

Aquí aparece una advertencia importante. El objetivo no es extraer tierra oscura de la Amazonía para repartirla por viveros o plantaciones, ya que estos depósitos tienen valor arqueológico, cultural y ambiental. La investigación sobre su patrimonio genético y el conocimiento tradicional asociado está regulada en Brasil, mientras que los yacimientos arqueológicos cuentan con protección federal.

La salida más responsable consiste en entender qué microorganismos y procesos producen el efecto, y después reproducirlos sin dañar el suelo original. El laboratorio dirigido por Siu Mui Tsai lleva más de 20 años estudiando estas tierras y ya ha aislado más de 200 microorganismos para analizar sus funciones. Esa colección podría servir como base para futuros bioinsumos destinados a suelos degradados.

Una nueva vía para restaurar bosques

¿Puede esta idea cambiar la restauración de la Amazonía? Todavía hacen falta pruebas con más especies, diferentes tipos de suelo y periodos más largos. También será necesario separar mejor el efecto de los nutrientes del trabajo realizado por hongos y bacterias.

Pero el enfoque abre una vía prometedora. En lugar de limitarse a plantar árboles y esperar, los proyectos podrían trabajar también sobre el microbioma que los sostiene, reduciendo pérdidas y acelerando el establecimiento de especies nativas. A veces, la parte más importante del bosque es precisamente la que no se ve.

El estudio ha sido publicado en BMC Ecology and Evolution.

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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