El Ayuntamiento de Cachoeira do Arari, en la isla brasileña de Marajó, declaró el 24 de abril de 2026 patrimonio cultural el Museo del Marajó y la obra de su fundador, el jesuita Giovanni Gallo. Medio siglo antes, según contó el propio Gallo, la venta de 12.000 pirañas disecadas pagó puentes y una pista de aterrizaje.
La protección llega con la Ley municipal 207/2026, firmada por el alcalde Jaime da Silva Barbosa. Ese mismo día salió la Ley 206/2026, que protege el bordado marajoara y los grafismos indígenas del archipiélago.
Una aldea levantada sobre el agua
Gallo nació en Turín el 27 de abril de 1927. En 1973 asumió la parroquia de Santa Cruz do Arari, en el estado de Pará.
Lo recoge un proyecto de tesis de Karla de Oliveira y Luiz Carlos Borges, publicado en 2016. El sacerdote se instaló en la Vila de Jenipapo, a orillas del río Arari.
Como otros pueblos de Marajó, Jenipapo se alza sobre palafitas para aguantar las crecidas. Paulo de Carvalho dirigió el museo entre 2007 y 2009 y lo explicó en un texto del propio museo. Allí los puentes «son las calles suspendidas sobre las aguas del lago Arari».
Según sus escritos, Gallo organizó cursos de cocina y de costura y animó a hacer artesanía. También levantó un puesto médico y un centro comunitario.
Pirañas de las redes rumbo a Italia
El llamado «Proyecto Piraña» usaba los peces que los pescadores sacaban muertos en sus redes. Carvalho presentó su texto en 2008 en un foro de museos de Pará. Según él, el proyecto embalsamó y exportó a Europa miles de pirañas.
Gallo dio más detalles en su libro «O Homem que Implodiu», de 1996. Allí cuenta que montó un laboratorio y enseñó a las mujeres a embalsamar los peces. Gracias a sus contactos, envió 12.000 ejemplares a Italia.
Según su relato, con lo que ganó pagó a las trabajadoras. Luego construyó 350 metros de puentes con pilotes de madera dura, un embarcadero comunitario y un cementerio para la época de aguas altas.
Después preparó una pista de 800 metros para avionetas, que Carvalho sitúa en la sede del municipio. Aún le quedó, escribe Gallo, «un resto para empezar nuestro museo».
Un museo para tocar con las manos
La colección arrancó con trozos de cerámica y piezas arqueológicas que donaban los vecinos. En 2007, la arqueóloga Denise Schaan contó más de 100 artefactos de cerámica marajoara. Las piezas datan de entre los siglos V y XIII.

En 1983 la sede se mudó a la vecina Cachoeira do Arari. Allí, según Carvalho, Gallo vio que la gente quería «ver con las manos» y tocarlo todo.
De esa idea salieron los «computadores caipiras». Son artilugios de ruedas, manivelas, cordones y plaquitas que muestran datos al moverlos. Gallo los llamaba «un museo en la punta de los dedos». Murió en Belém el 7 de marzo de 2003.
Un cierre en 2018 y una reforma millonaria
Tras la muerte del fundador, el museo siguió con pocos recursos. En 2018 los bomberos lo cerraron por daños en la estructura, según la Secretaría de Cultura de Pará (Secult).
El Gobierno de Pará se comprometió en 2019 a reformarlo y lo reabrió el 3 de febrero de 2022. La obra duró un año y dio trabajo a más de 50 personas de la zona. Costó 3.876.302,95 reales.
El museo tiene ahora 3062 metros cuadrados útiles y conserva el gran salón original. Una plaza une el pabellón con la tumba y la casa del padre Gallo.
Secult becó a vecinos para catalogar los fondos y contrató a cinco personas para gestionarlo. La secretaria de Cultura, Ursula Vidal, habló de los modos de vida de «esta región regida por las aguas».
Una ley para proteger la obra
Las dos leyes son obra del secretario municipal Adriano Figueiredo Leite y del historiador Diego Bragança de Moura. El Ayuntamiento dice que protegen el museo frente al abandono o la pérdida.
También abren la puerta a fondos públicos de conservación. Para el consistorio, la obra de Gallo va más allá del edificio por su aportación intelectual, artística y social.
No es el único caso en Pará. En el río Tocantins, los pescadores piden proteger el Pedregal do Lourenço, que un plan quiere dinamitar a lo largo de 40 kilómetros.
Talleres y cine en 2026
El museo sigue abierto a la comunidad. Para la Primavera de los Museos, Secult programó del 22 al 26 de septiembre un taller infantil y cine con debate sobre accesibilidad.
Hubo además una charla con escolares sobre las mujeres en la historia local. El último día, el museo recibió a un grupo de personas con discapacidad.
En junio de 2025, la Agencia Pará ya informó de que la nueva sala de cine del museo estaba casi lista.
Lo que todavía no se sabe
Las cifras del Proyecto Piraña salen casi por completo de los libros de Gallo. Oliveira y Borges escriben en condicional por dos motivos. Algunos informantes discuten esas obras, y faltan datos que las prueben aparte de lo que publicó el sacerdote.
Las fechas tampoco cuadran. El texto del museo sitúa su creación en 1972 y Secult menciona 1977. El estudio habla del 16 de diciembre de 1981, cuando nació la asociación «O Nosso Museu».
Ninguna fuente oficial dice cuántos de aquellos 350 metros de puentes siguen en pie en Jenipapo.
La fuente oficial principal es la Ley municipal 207/2026. El Ayuntamiento de Cachoeira do Arari la publicó tras su firma, el 24 de abril de 2026.
Marajó está en la desembocadura del Amazonas. En esa cuenca aún aparecen especies nuevas, como un pez naranja de menos de 3 cm hallado en Amapá. Y en la misma Amazonia, la Alianza Ceibo ganó el Premio Gulbenkian 2026.
Foto: Túllio F / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0










