El zoológico La Aurora y el Centro de Conservación Marina (CCM) de Guatemala han logrado la reproducción del pejelagarto (Atractosteus tropicus) bajo cuidado humano. Lo anunció el 4 de septiembre de 2026 la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), en México.
El pejelagarto pertenece a un linaje que se separó de sus parientes más cercanos hace unos 105 millones de años. Los investigadores de la UJAT habían formado al equipo guatemalteco.
En Guatemala este pez se conoce como machorra. Vive en ríos y estuarios de la vertiente del Pacífico y caza otros peces, camarones y cangrejos.
Dos centros guatemaltecos detrás del logro
La nota de la UJAT sitúa la reproducción en dos lugares: el zoológico La Aurora, en la capital, y el Centro de Conservación Marina. Ambos trabajaron con técnicas aprendidas en Tabasco.
La universidad atribuye el resultado al equipo que hizo posible el proceso. También lo presenta como prueba del alcance de la experiencia acumulada en su laboratorio.
Lo que aportó Tabasco
El Laboratorio de Acuicultura Tropical de la UJAT, que depende de su División Académica de Ciencias Biológicas, difundió la noticia en sus redes sociales. El laboratorio destacó el trabajo del doctor Wilfrido Miguel Contreras Sánchez. La universidad lo presenta como pionero en la biología reproductiva y el manejo del pejelagarto.

Las técnicas desarrolladas en Tabasco pasaron al equipo profesional guatemalteco. Según la nota de la UJAT, ese equipo cuenta ahora con más capacidades para reproducir y conservar la especie.
La universidad presenta el caso como un ejemplo de transferencia tecnológica. Su texto sostiene que el conocimiento científico puede «trascender las fronteras de las instituciones donde se genera» y servir en otros lugares.
Un antecedente de 2009 en la USAC
El logro tiene antecedentes. En mayo de 2009, una tesis del Centro de Estudios del Mar y Acuicultura de la USAC ya contaba que sus investigadores «han logrado reproducir este pez en cautiverio».
Su autor, Gabriel Antonio Rivas Say, escribió que aquella técnica se aprendió de científicos de la universidad de Tabasco. Es la misma institución que ahora ha formado al equipo del CCM.
Rivas Say trabajó 84 días, entre agosto y noviembre de 2008, en la Estación Experimental de Monterrico. Repartió 240 alevines en seis tanques de un metro cúbico. Después comparó un pienso para trucha, con un 52 % de proteína, y otro para tilapia, con un 48 %.
Con el pienso de trucha sobrevivió el 30 % de los peces, y con el de tilapia, el 17 %. La talla y el peso finales no mostraron diferencias estadísticas entre los dos grupos.
La tesis atribuyó muchas muertes al canibalismo entre crías, sobre todo cuando la comida llevaba menos proteína. Por eso pidió estudiar la densidad de siembra, la alimentación y el uso de generaciones ya domesticadas.
Un pez con armadura de escamas
La ficha del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales describe un pez de cuerpo alargado y robusto que alcanza 125 centímetros. Tiene un hocico largo y cónico, con grandes colmillos en las dos mandíbulas.
Sus escamas son grandes, romboidales y muy duras. Encajan unas con otras mediante un sistema de clavija y zócalo, y forman una cubierta que le da ese aspecto prehistórico.
La especie vive desde el sur de México hasta Costa Rica, en agua dulce o salobre y a menos de 10 metros de profundidad. La tesis de la USAC añadía que soporta una «alta presión de pesca».
A esa presión se suma el clima, porque Guatemala se prepara desde mayo para una sequía extrema por El Niño.
Un linaje que apenas cambia
La cifra de 100 millones de años se refiere al grupo y no a cada animal. Los pejelagartos forman la familia de los lepisosteidos. Sus dos géneros actuales, Atractosteus y Lepisosteus, se separaron hace unos 105 millones de años, en el Cretácico Inferior.
Chase D. Brownstein, Thomas J. Near y otros seis autores publicaron en marzo de 2024 un estudio en la revista Evolution sobre este grupo. Los pejelagartos y los esturiones muestran los cambios más lentos en genes codificantes de todos los vertebrados con mandíbula.
En los pejelagartos, esas partes del ADN cambian entre unas 3 y 1000 veces más despacio que en cualquier otro gran grupo de vertebrados. Los autores sugieren, sin demostrarlo, que podría deberse a una reparación del ADN muy eficaz.
El equipo halló además híbridos silvestres y fértiles entre dos especies cuyo antepasado común vivió hace más de 100 millones de años. Lo describen como «la divergencia más antigua con hibridación natural entre los eucariotas».
Esa lentitud explica que se le llame fósil viviente, aunque estos peces también han seguido evolucionando.
Lo que todavía no se sabe
Ninguna fuente oficial ha publicado aún cuántas crías nacieron ni si alguna ha vuelto a la naturaleza. Tampoco se conocen el número de reproductores, el método de cría ni la fecha del desove.
El experimento de 2008 no sirve para predecirlo, porque se hizo en tanques y con otra generación. Sus supervivencias del 17 % y el 30 % sí reflejan lo delicada que es la fase de alevín.
La UJAT presenta la reproducción como inédita en Guatemala, pero la USAC ya la documentó en 2009. Lo más preciso es hablar del primer logro del CCM y del zoológico La Aurora.
Si algún día se sueltan ejemplares, los resultados tardarán en llegar. Un sonar contó durante cuatro años los peces que volvieron a un humedal reabierto junto al lago Erie. En Yellowstone, la trucha degollada de High Lake se reproduce sola casi veinte años después de su restauración.
La nota oficial sobre la reproducción la publicó la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco el 4 de septiembre de 2026.
Solo un seguimiento de esos peces dirá si el programa ayuda a la especie en libertad.
Foto: David J. Stang / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)











