Adiós al petróleo y a la energía atómica

Reservas de recursos en las últimas, un clima devastado – y gran impacto climático: el mundo debe superar su dependencia de los combustibles fósiles. Pero el uso de las energías renovables avanza a paso lento.

El desarrollo y el bienestar material dependen de un factor como de ningún otro: la energía. Sin ella no se habría dado una revolución industrial en Europa; sin energía, no habría economías fuertes; sin energía, no habría globalización.

Hasta el momento, los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) han sido la clave para este auge económico y este desarrollo, pero las reservas se acaban, el clima está cambiando, y el medioambiente muere poco a poco ante la siempre insaciable sed de energía.

La situación podría ser diferente: “Es posible cubrir todas las necesidades de energía de cada país con fuentes renovables”, afirmaba el recientemente fallecido político del SPD Hermann Scheer. “Supone un gran esfuerzo, pero es esencial para poder disponer de una energía ecológicamente neutral y respetuosa, suficiente y barata para todos en el futuro. Este es el reto de este siglo”.

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Scheer luchó sin parar hasta la muerte en Alemania y también a nivel internacional para liberar al mundo de la dependencia en los combustibles fósiles. Poco después de su fallecimiento se publicó su último libro: “El imperativo energético: 100% ya”.

Dependencia peligrosa

Pero el cambio de las fuentes de energía no puede tener lugar en ningún sitio de forma instantánea: las plantas petroleras como la del Golfo de México, donde el hundimiento de la plataforma “Deepwater Horizon” en abril de este año supuso una catástrofe de dimensiones sin precedentes, muestran claramente lo peligrosa que es la dependencia de estos combustibles.

Nunca antes se había taladrado tan profundamente, ni se habían pagado tantos costes para producir petróleo de baja calidad para abastecer el hambre de energía mundial.

Entre tanto, muchos gobiernos ven ya la necesidad de despegarse del hidrocarburo. La UE quiere establecer durante las negociaciones medioambientales una reducción de las emisiones de gases contaminantes de 20% para el año 2020 en comparación con 1990. Incluso de un 30%, si todos los países industrializados cooperan.

El Gobierno alemán ya se encuentra muy avanzado en sus planes nacionales, afirma el Ministro Federal de Medio Ambiente Norbert Röttgen: un 40% de reducción de las emisiones para el año 2020 podría ser posible. Röttgen ve también en las nuevas tecnologías “verdes” una gran oportunidad de competir para Alemania.

Plantas nucleares, a debate

Pero una medida con la que el Gobierno Federal quiere llevar a cabo la transición de fuentes de energía está recibiendo mucha resistencia: el período de vida útil de las plantas nucleares, que a principios de la década fue establecido de 32 años por el Gobierno rojiverde (SPD y los verdes), ha sido ahora extendido de nuevo, en una media de otros 12 años.

Porque, según los argumentos de la actual coalición (CDU y FDP), el cambio a las energías renovables necesita más tiempo para que éstas lleguen a ser competitivas.

Esta decisión ha llevado a manifestaciones públicas masivas en Alemania. Cuando el pasado noviembre se trajeron de vuelta los llamados contenedores Castor de la planta procesadora francesa La Hague, decenas de miles de personas se congregaron en el depósito de Gorleben para manifestarse en contra de la política energética del Gobierno.

Para la mayoría de los alemanes, la energía atómica no es una opción: es demasiado peligrosa, problemática y demasiado cara para los contribuyentes, que son al final del día los que pagan los costes de los depósitos y los eventuales daños que pueda causar.

Tampoco existe un repositorio en Alemania: la acalorada discusión sobre la transformación de Gorleben en un depósito dura ya más de 30 años.

¿Dejados atrás por China?

Las energías renovables como la solar, eólica o hidráulica son para la mayoría de los alemanes mucho más atractivas que la nuclear. La expansión de las energías renovables avanza gracias a programas de apoyo estatales, también para, según el ministro Röttgen, no perder el tren de la “conexión económica”.

Y es que ya existen países que se encuentran trabajando en una total reestructuración de sus economías energéticas: Costa Rica y las Maldivas, por ejemplo, pretenden funcionar dentro de pocas décadas únicamente con energías completamente limpias de CO2.

Y también el gigante económico China hace en casa mucho más de lo que planea establecer en sus negociaciones internacionales sobre el clima. Una buena razón para otros países para acelerar sus desarrollos de las energías renovables. Porque si no, China podría pronto dejarlos económica y tecnológicamente muy atrás.

Autora: Helle Jeppesen / Lydia Aranda Barandiain
Editor: Enrique López

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