Imagina un ferry saliendo del puerto y, en lugar del olor a diésel y del humo oscuro, solo sale vapor de agua del escape. Esa es la idea que persigue un nuevo proyecto británico que quiere fabricar combustible a partir del propio mar y usarlo en motores que no emiten CO₂ en su tubo de escape.
El plan lo desarrollan investigadores de Brunel University London junto a la empresa de energía limpia Genuine H2. Su objetivo es demostrar un sistema completo que tome agua de mar, la convierta en hidrógeno a bordo, lo almacene de forma segura y lo queme en un motor preparado para sustituir al diésel en barcos de trabajo, ferris y buques pesqueros.
Según estos equipos, se trata del primer demostrador marítimo “todo en uno” de hidrógeno del Reino Unido. Si funciona como esperan, podría abrir la puerta a un transporte marítimo mucho menos dependiente de los combustibles fósiles.
Del agua salada al combustible que mueve el barco
La base es una tecnología de electrólisis que usa electrodos avanzados para separar el hidrógeno directamente del agua de mar usando electricidad renovable. A diferencia de otros enfoques, este sistema prescinde de la desalinización previa, un proceso que consume mucha energía y encarece el combustible. Además, la arquitectura de los electrodos está diseñada para evitar dos viejos enemigos de la electrólisis marina, la corrosión de los materiales y la generación de cloro.
El hidrógeno que se obtiene no se guarda en grandes depósitos a alta presión ni en tanques criogénicos. La empresa asegura que utiliza una nanopelícula ultrafina que “atrapa” el gas en forma sólida a temperatura ambiente y a presión normal. En la práctica, esto significa menos peso y volumen, algo muy valioso en cubiertas donde cada metro cuenta.
Ese combustible sólido se alimenta después a un motor de combustión interna pesado, modificado para funcionar solo con hidrógeno. La idea es aprovechar el conocimiento que ya tienen astilleros y mecánicos sobre este tipo de motores, pero cambiando el combustible. Como producto de la combustión, el sistema emite vapor de agua en lugar de dióxido de carbono, aunque el balance climático real dependerá de que la electricidad usada para generar el hidrógeno sea renovable en todo momento.
Un respiro para puertos y rutas costeras
El sector marítimo es pequeño si lo comparamos con el coche privado, pero su huella no es menor. Distintas estimaciones sitúan las emisiones del transporte marítimo internacional en torno a un tres por ciento de los gases de efecto invernadero mundiales, algo más de mil millones de toneladas de CO₂ al año.
Para las ciudades portuarias, eso no son solo cifras. Son humos pegajosos sobre el muelle, ruido constante de motores en ralentí y ese olor a gasoil que cualquiera reconoce si ha subido a un ferry en verano.
Por eso organismos como la International Maritime Organization y la Unión Europea empujan a las navieras hacia combustibles de bajas emisiones, desde el amoníaco o el metanol “verdes” hasta sistemas híbridos con baterías. El hidrógeno lleva años sobre la mesa, pero su almacenamiento a bordo ha sido un quebradero de cabeza por costes, seguridad y espacio disponible. El valor del proyecto GH2DEM está en que intenta resolver varias piezas a la vez, desde la producción a bordo hasta el motor.
Quién lo financia y en qué punto está
El demostrador cuenta con 1,44 millones de libras procedentes del Departamento de Transporte británico y de la agencia de innovación Innovate UK, dentro de la iniciativa UK SHORE para impulsar tecnologías marítimas limpias. En total, este programa moviliza unos treinta millones de libras para soluciones de descarbonización en el mar.
De momento, las pruebas se realizan en tierra con un motor pesado instalado en el campus y alimentado íntegramente por el electrolizador y el sistema de almacenamiento de Genuine H2. El plan de trabajo contempla mantener este demostrador operativo hasta marzo de 2026. Solo si los resultados son sólidos se dará el salto a pruebas en embarcaciones reales.
El propio responsable del motor, el profesor Xinyan Wang, resume la filosofía con una frase clara. Según explica, el equipo quiere “tomar agua de mar, convertirla en hidrógeno con electricidad renovable, guardarla a bordo como sólido y usarla en el motor en vez de diésel”.
Más allá de los barcos, pero con cautela
Aunque el foco del dinero público está en el transporte marítimo, la empresa presenta su tecnología como una plataforma modular que podría alimentar camiones, autobuses, generadores de respaldo o pequeñas instalaciones aisladas que hoy dependen de grupos diésel. En teoría, bastaría con adaptar el módulo de producción y almacenamiento de hidrógeno y conectarlo a motores ya conocidos.
Aun así, los propios investigadores admiten que es una solución en fase temprana. Falta comprobar cómo se comportan los electrodos y las nanopelículas tras años de vibraciones, sal, cambios de temperatura y mantenimiento en condiciones reales. También queda por medir con detalle la eficiencia de todo el ciclo, desde el aerogenerador o el panel solar que aporta la electricidad hasta la hélice del barco.
En otras palabras, su promesa es grande, pero todavía es una promesa. Si el sistema aguanta las pruebas y demuestra que puede reducir en buena parte el consumo de diésel sin trasladar las emisiones a otro punto de la cadena, podría convertirse en una de las piezas prácticas para limpiar el aire en puertos y rutas costeras, donde las baterías por sí solas no siempre llegan.
La nota de prensa oficial del proyecto GH2DEM ha sido publicada en Brunel University London.

















