Finlandia afronta otro día gélido en el que el frío no solo se nota al abrir la ventana, también en la factura de la luz. El precio medio spot de la electricidad ronda hoy los 25,9 céntimos de euro por kilovatio hora, frente a unos 21,9 céntimos el día anterior, y el cuarto de hora más caro llega a unos 36,9 céntimos a primera hora de la mañana. Las horas más baratas, de madrugada, se mueven en torno a 12,5 céntimos.
La razón no es un misterio para los operadores del sistema eléctrico finlandés. La combinación de vientos casi en calma, palas de aerogeneradores cubiertas de hielo y una demanda de calefacción disparada ha dejado a la energía eólica aportando solo unos pocos cientos de megavatios durante toda la jornada, muy lejos de lo habitual en un invierno ventoso.
Un día excepcionalmente caro para quien paga la luz “al contado”
Para los hogares y empresas con contratos indexados al mercado, unos pocos días como este pueden cambiar el tono del mes. Poner la lavadora, el lavavajillas o cargar el coche eléctrico justo en ese pico de primera hora puede costar el doble que hacerlo de madrugada. Y eso se nota.
Mirado con algo de perspectiva, el salto impresiona más. El precio medio de enero se sitúa cerca de 14 céntimos por kilovatio hora, mientras que en diciembre rondaba los 4,5 céntimos. Es decir, este jueves sobresale como una “mancha” muy cara en un invierno que, en general, estaba siendo relativamente benigno para la factura de la luz finlandesa.
Cuando la eólica se congela
Finlandia se apoya cada vez más en el viento para producir electricidad, y en 2024 la eólica llegó a cubrir alrededor de una cuarta parte de la demanda anual, convirtiéndose en una de las principales fuentes del mix eléctrico del país.
Pero esta semana la realidad ha sido mucho menos idílica. La humedad del aire se ha congelado sobre las palas y muchos parques han tenido que parar por seguridad. Según la operadora de la red Fingrid, incluso las turbinas técnicamente disponibles apenas generan energía porque casi no sopla viento útil, por lo que la producción eólica se mantiene en niveles muy bajos y se espera que así continúe durante esta ola de frío.
Es una escena muy gráfica de lo que significa depender de recursos renovables ligados al tiempo atmosférico. La mayoría de los días, el viento abarata la electricidad. En contadas jornadas heladas y sin ráfagas, la factura se dispara.
Suecia como salvavidas eléctrico
Cuando el viento falla y las calefacciones eléctricas trabajan a pleno rendimiento, Finlandia mira al otro lado del Báltico. La red nórdica funciona, en la práctica, como una batería compartida. Si la eólica nacional aporta muy poco, Fingrid importa tanta electricidad de Suecia como permiten las líneas de interconexión.
En su evaluación de adecuación para el invierno, la compañía estima que en un día muy frío y en calma Finlandia puede necesitar en torno a quince mil megavatios de potencia. En ese escenario, las centrales del país podrían cubrir aproximadamente doce mil megavatios y el resto, unos tres mil megavatios, tendría que llegar desde países vecinos como Suecia y Estonia.
Este tipo de respaldo es clave cuando los parques eólicos están casi parados y la demanda de calefacción sigue subiendo. A nivel europeo, lo soperadores de red recuerdan que, aunque el sistema está bien preparado para el invierno, regiones como Finlandia pueden afrontar más tensión precisamente en situaciones de frío extremo y poca producción renovable, por lo que la flexibilidad de la demanda se vuelve imprescindible.
Por qué ahora no se espera batir otro récord de consumo
A principios de enero Finlandia ya vivió un pico histórico de consumo eléctrico, con una demanda que superó holgadamente los quince mil megavatios en las horas más frías, mientras los precios se mantenían relativamente moderados gracias a una oferta abundante. Eso permitió que muchas redes de calefacción urbana encendieran calderas eléctricas, lo que empujó aún más el consumo.
Esta vez el contexto es diferente. Con precios tan altos, las grandes industrias y muchos hogares ajustan su comportamiento. Retrasan consumos no esenciales fuera de las horas punta, bajan uno o dos grados la calefacción eléctrica o apagan equipos que no son estrictamente necesarios. No es la panacea, pero reduce el riesgo de tensiones graves en la red.
Lecciones para un sistema eléctrico que depende del clima
Lo que pasa hoy en Finlandia va más allá de una anécdota local. Es una demostración en directo de cómo será la vida en sistemas eléctricos cada vez más descarbonizados, donde el viento y el sol aportan una parte creciente de la energía, pero no pueden garantizar por sí solos el suministro en cada minuto.
En el fondo, el mensaje para cualquier país que avance hacia más renovables es claro. Hace falta reforzar las interconexiones, invertir en almacenamiento y, sobre todo, facilitar que hogares y empresas puedan responder al precio de forma sencilla, automatizando consumos como la carga de vehículos eléctricos o el calentamiento de agua cuando la electricidad es más barata y abundante.
Mientras tanto, para quien viva con tarifas indexadas, la recomendación práctica es muy terrenal. Mirar la curva de precios antes de encender los grandes electrodomésticos o programar la carga nocturna no solo ayuda al sistema eléctrico. También alivia, un poco, ese frío que llega cada mes en forma de factura.
La evaluación oficial sobre la adecuación de la electricidad en Finlandia para el invierno ha sido publicada por Fingrid.
















