El sector de las renovables en Rumanía denuncia ataques sistemáticos a sus parques eólicos: «No son robos comunes, es un sabotaje que pone en riesgo la seguridad energética»

Publicado el: 20 de febrero de 2026 a las 20:36
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Parque eólico en Rumanía tras denuncias de sabotaje contra torres meteorológicas.

Una cadena de actos de vandalismo contra torres meteorológicas y anemómetros en varios condados de Rumanía ha encendido todas las alarmas en el sector renovable del país. La patronal eólica habla de una situación sin precedentes, con daños que superan los tres millones de euros y sospechas de que podría tratarse de una campaña coordinada.

En la práctica, esto significa algo muy sencillo. Cada torre derribada retrasa proyectos eólicos que ya estaban en marcha y que debían aportar más energía limpia al sistema eléctrico rumano en los próximos años.



Una ola de ataques en varios condados

La Asociación Rumana de Energía Eólica ha enviado una carta al Ministerio del Interior y al Ministerio de Energía del país en la que advierte de una situación grave. Según detalla el sector, en los últimos días se han destruido o dañado torres meteorológicas y equipos de medición del viento en los condados de Tulcea, Galați, Constanza, Brăila e Ialomița.

La asociación calcula que las pérdidas ya superan los tres millones de euros y subraya que la repetición de incidentes con un patrón similar en zonas distintas abre la puerta a la hipótesis de una acción concertada. En palabras del propio sector, el fenómeno plantea un serio interrogante sobre la escala y la motivación de quienes están detrás de estos ataques.



De momento, las informaciones disponibles se centran en la denuncia de la industria y en el llamamiento a las autoridades. No se han hecho públicos datos sobre sospechosos ni sobre posibles móviles.

Qué se está atacando exactamente

A primera vista, una torre meteorológica puede parecer un simple poste metálico perdido en mitad del campo. Sin embargo, para un parque eólico es algo mucho más valioso. Son las estaciones que miden de forma continua velocidad y dirección del viento mediante anemómetros y veletas, además de registrar otros parámetros como temperatura y presión.

La propia asociación rumana recuerda que estos equipos se usan para recopilar los datos que permiten evaluar la viabilidad de las inversiones. Cada conjunto torre más sensores supera los doscientos mil euros y su destrucción no solo deja una factura directa. También interrumpe campañas de medición que suelen prolongarse durante meses y, en muchos casos, obliga a empezar de cero. 

Quien trabaja en renovables sabe bien lo que implica perder esos registros. Sin series de viento sólidas, los bancos no financian, los promotores no cierran contratos y el proyecto se queda atascado en el papel. Es como si a mitad de año alguien borrara todas las lecturas del contador de la luz justo antes de hacer las cuentas.

Retrasos en plena carrera renovable

Rumanía cuenta hoy con alrededor de tres mil cien megavatios eólicos instalados. La eólica es ya la tercera fuente de generación del país por potencia, solo por detrás de la hidráulica y la solar.

Además, varios parques iniciados en años anteriores se encuentran en fase final de construcción. Las estimaciones publicadas por la prensa rumana apuntan a unos quinientos megavatios eólicos adicionales que podrían entrar en operación antes de cerrar el año si todo avanza según lo previsto.

Cualquier retraso en las campañas de medición mete ruido en ese calendario. Si los proyectos se posponen, durante más tiempo habrá que seguir tirando de centrales de gas o carbón para cubrir la demanda, con el consiguiente impacto en emisiones y en el bolsillo de los consumidores que miran ya la factura de la luz con lupa.

La asociación destaca además que estos sistemas de monitorización forman parte de la infraestructura energética crítica del país. No son un accesorio. Sin mediciones fiables de viento, la cadena que lleva desde el diseño hasta la operación de un parque eólico se resiente de principio a fin.

Vandalismo contra infraestructuras verdes

Los expertos en seguridad energética llevan tiempo alertando de que infraestructuras clave de la transición verde pueden convertirse en objetivo de ataques físicos o campañas de acoso. Durante el despliegue de las redes móviles de quinta generación, por ejemplo, se registraron numerosos casos de vandalismo contra antenas en varios países europeos, alimentados en parte por bulos y teorías conspirativas. 

En el caso rumano, la patronal eólica evita señalar culpables y se limita a pedir una respuesta rápida y coordinada de las autoridades. El mensaje de fondo es claro. Si un puñado de torres aisladas pueden frenar inversiones de miles de millones en energía limpia, proteger estos activos debería ser una prioridad al mismo nivel que proteger subestaciones, líneas de alta tensión o centros de control.

Para el resto de Europa, el episodio funciona como aviso. La transición energética no solo va de instalar más megavatios renovables. También exige cuidar el tejido de pequeñas infraestructuras discretas que hacen posible que un aerogenerador se levante en el sitio adecuado y funcione durante décadas.

Al final, la pregunta es sencilla. Queremos más eólica para recortar emisiones y reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero, ¿estamos dispuestos a proteger en serio todo lo que hay detrás de cada turbina?

La carta oficial de la Asociación Rumana de Energía Eólica enviada al Gobierno, cuyo contenido ha sido avanzado por el medio especializado Economica.net, ha sido difundida en Economica.net.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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