Los expertos advierten del riesgo de las placas solares: «Mientras unos ahorran miles de euros, otros se sienten engañados»

Publicado el: 21 de febrero de 2026 a las 09:49
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Vivienda unifamiliar con placas solares en el tejado dentro del programa de ayudas al autoconsumo en Lituania.

¿De verdad las placas solares salen siempre a cuenta? En Lituania la respuesta ya no es tan sencilla. El país vive un auténtico boom de autoconsumo solar residencial gracias a ayudas públicas y a un sistema de compensación de la energía muy ventajoso, pero cada vez hay más voces que se preguntan quién gana, quién paga y si el reparto es justo.

Hoy hay ya más de 170 000 usuarios que generan su propia electricidad y la vierten a la red, y el plan del Gobierno es llegar a unos 200 000 consumidores productores en 2028. Para conseguirlo, la estrategia pasa por ampliar el número de beneficiarios reduciendo la intensidad de la ayuda por proyecto y, al mismo tiempo, ajustar los cargos por “almacenamiento” de la energía solar en la red a partir de 2026.



Cuando la factura se desploma

Arūnas, vecino de una pequeña ciudad cercana a Vilna, instaló hace unos años una planta solar sobre el tejado de su casa. Sin apoyo público, la instalación habría rondado los 12 000 euros. Con la ayuda, la factura bajó a unos 9 000. Con los precios actuales de la electricidad y las condiciones del llamado “pasaugojimas” (el servicio que permite volcar excedentes a la red y recuperarlos más tarde), calcula que recuperará la inversión en unos cuatro o cinco años.

En su caso, el cambio en la factura de la luz es evidente. Si no tuviera placas, pagaría en torno a 3300 euros anuales. Con la instalación solar, su gasto se mueve entre 700 y 800 euros al año. El resto son euros que se quedan en su bolsillo, sobre todo en verano, cuando apenas paga algo más que la cuota fija.



Pero incluso así no se siente del todo independiente. Para poder usar la red como “batería virtual” tiene que entregar una parte de la electricidad que produce. Cuando montó la planta cedía alrededor del 12 por ciento. Hoy es el 35 por ciento y en 2026 subirá al 37 por ciento en el modelo porcentual más popular entre los hogares. Es decir, de cada 100 kWh que inyecta, solo podrá recuperar 63. Aun así, si tuviera que decidir otra vez, no duda. Con los precios actuales de las instalaciones, está convencido de que una familia con un consumo alto podría amortizarla en uno o dos años.

La clave está precisamente ahí, en el consumo. Arūnas utiliza unos 11 000 kWh al año porque casi todo en su casa es eléctrico, desde el pozo de agua al sistema de calefacción. Para él, cada kWh solar sustituye a un kWh caro de la red. Una persona con un piso pequeño y 3000 o 4000 kWh anuales no juega el mismo partido.

Los que se quedan fuera del sol

Tomas (nombre cambiado), que vive en Vilna, lo ve desde el otro lado. Su consumo es más bien bajo y, después de hacer números, la inversión no le salía a cuenta. Lo que le molesta no es solo la amortización lenta, sino la sensación de que las ayudas benefician sobre todo a quienes tienen ahorros y tejado propio.

Muchos de sus amigos ya tienen placa en su casa o han comprado una parte de un parque solar remoto. Todos, además, han recibido apoyo público. Tomas se pregunta por qué él o su madre pensionista deberían contribuir, vía impuestos, a que otros paguen menos por la luz. Esa brecha entre quienes pueden invertir y quienes no empieza a asomar también en otros países europeos.

Una ayuda muy generosa… pero selectiva

Para entender la polémica conviene mirar los números. La Agencia de Gestión de Proyectos Medioambientales Agencia de Gestión de Proyectos Medioambientales (Aplinkos projektų valdymo agentūra, APVA) concede hoy una subvención de 255,07 euros por cada kW de nueva potencia instalada en viviendas, con un máximo de 10 kW por punto de consumo. En la práctica, eso cubre en torno al 30 por ciento del coste de una planta típica de 10 kW, que ronda los 4500 euros según las empresas instaladoras.

El responsable de clientes particulares de la compañía solar Saulės grąža, Edgaras Bulovičius, resume la ecuación de forma muy clara. Una instalación estándar se amortiza hoy en unos dos o tres años y, en algunos casos, incluso en año y medio. A partir de ahí, durante 25 o 30 años, el hogar disfruta de electricidad mucho más barata.

Bulovičius admite, sin embargo, que esa rapidez al recuperar la inversión es posible “en gran medida” gracias a la subvención pública. Sin ayuda, el mercado seguiría creciendo, pero a un ritmo mucho más lento.

¿Quién paga realmente la fiesta solar?

El experto en energía y presidente de la Confederación de Energía de Fuentes Renovables, Martynas Nagevičius, no discute que la fotovoltaica distribuida tenga beneficios para el país. Menos importaciones de gas y más generación local suelen traducirse en precios mayoristas más bajos. El problema, matiza, es cómo se reparte esa ventaja.

En sus palabras, «la ayuda en sí misma no es mala si el beneficio para la sociedad es mayor que el coste». El punto débil aparece cuando casi todo el ahorro real se queda en manos de quienes pueden financiar la instalación, mientras que los hogares sin placas apenas notan una rebaja en la factura.

Además, el actual sistema de compensación horario no invita a consumir cuando la electricidad es más barata y a ahorrar cuando es más cara. El consumidor productor se limita a “hacer caja” de kWh a lo largo del año, sin mirar el precio de mercado. Eso puede distorsionar las señales de precio y acabar generando costes adicionales que se reparten entre el resto de usuarios.

La respuesta del Gobierno y del regulador

Desde el Ministerio de Energía de Lituania Ministerio de Energía de Lituania insisten en que las ayudas a las placas domésticas no se financian con un recargo específico en la factura del resto de consumidores, sino principalmente con fondos de la Unión Europea. Al mismo tiempo, reconocen que cuantos más hogares se conectan como productores, más suben los costes de red y de equilibrio del sistema.

Por eso el Gobierno ha aprobado un nuevo esquema “equilibrado” que mantiene el modelo de contabilidad en kWh (el clásico net‑metering), pero introduce a partir de 2026 un recargo específico para cubrir las pérdidas de los comercializadores y repartir mejor los costes entre todos los usuarios. El regulador nacional de la energía, la Comisión Reguladora de la Energía de Lituania (Valstybinė energetikos reguliavimo taryba, VERT), ha aprobado al mismo tiempo nuevas tarifas de “almacenamiento” para los consumidores productores conectados a baja tensión. En el modelo porcentual, la parte de energía que se cede al sistema sube del 35 al 37 por ciento, y en el modelo por kWh el recargo pasa de 6,7 a 7,3 céntimos de euro por kWh.

Según los cálculos del propio regulador, la futura deducción adicional podría aumentar las facturas de los hogares con placas en unos 5 o 6 euros al mes, mientras que los clientes que no generan su propia electricidad pagarían alrededor de 56 céntimos más. Un coste pequeño en apariencia, pero suficiente para reavivar el debate sobre quién debe financiar la transición energética.

Lo que se juega más allá de Lituania

El caso lituano funciona como un aviso para otros países que están impulsando con fuerza el autoconsumo, incluida España. Las placas solares pueden reducir de manera drástica la factura de muchas familias y acelerar los objetivos climáticos, pero el diseño de ayudas, peajes y compensaciones decide si el modelo se percibe como justo o como un privilegio para quien llega primero.

Para los hogares, la lección práctica es clara. Antes de lanzarse a instalar, conviene revisar cuánta electricidad se consume realmente al año, qué apoyo público hay disponible, cómo funcionan los cargos de red y qué cambios normativos hay en el horizonte. Para las administraciones, el reto es que el sol no solo brille en los tejados de quien puede permitírselo, sino también en la percepción de equidad de todos los ciudadanos.

El comunicado oficial sobre la nueva “esquema equilibrada de desarrollo de los consumidores productores” ha sido publicado en la web del Ministerio de Energía de Lituania.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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