Vast Renewables Limited, una de las grandes apuestas australianas por la energía solar de concentración, se ha hundido en plena transición ecológica. La empresa está en administración voluntaria desde noviembre de 2025 con unos 79 millones de dólares australianos en deudas y sus administradores de KPMG Australia proponen un acuerdo de empresa en dificultades o DOCA que vendería los activos, crearía un fondo común y traspasaría la tecnología a la agencia pública Australian Renewable Energy Agency (ARENA). Los acreedores sin garantía recuperarían entre 3,2 y 4,2 céntimos por dólar, algo más que en una liquidación directa.
El caso importa porque Vast es la responsable de VS1, una planta de energía solar de concentración de 30 megavatios con almacenamiento térmico prevista en las afueras de Port Augusta. El proyecto aspira a entregar electricidad renovable después de la puesta de sol gracias a tanques de sales fundidas, justo cuando el consumo sigue alto. ARENA ha aprobado hasta 180 millones de dólares australianos de financiación condicionada y VS1 se integra en el Port Augusta Green Energy Hub junto a una planta piloto de metanol verde desarrollada con la alemana Mabanaft GmbH & Co. KG.
Antes del desplome, VS1 se presentaba como motor de empleo con cientos de puestos en la obra y decenas en la fase de operación. Hoy, la administración voluntaria ha supuesto el cierre progresivo de la fábrica principal en el barrio de Goodna, en Brisbane, la salida de alrededor de cincuenta trabajadores y un futuro en suspenso para la planta, que solo se reactivará si un comprador rescata los activos.
En Jemalong, Nueva Gales del Sur, otra planta experimental del grupo quedó a medio desmantelar tras un incendio y vecinos y servicios de emergencia la describen como un foco de riesgo de incendios y contaminación, «no solo un paisaje feo, sino un peligro real para las granjas cercanas».
¿Qué nos dice todo esto de la transición ecológica? En buena medida, que las tecnologías renovables más avanzadas combinan grandes promesas con costes y riesgos elevados y que incluso con cerca de 300 millones de apoyo público entre subvenciones y financiación blanda Vast no llegó a consolidar un modelo de negocio estable, algo que sus propios informes reconocen al admitir que dependía «en gran medida de la financiación pública» para seguir desarrollando sus soluciones.
La tarea para la política climática es seguir impulsando soluciones que recorten emisiones y ofrezcan almacenamiento renovable, aprendiendo de estos tropiezos y atando mejor la ejecución de los proyectos para que la factura no acabe siendo, de nuevo, plantas a medio hacer y comunidades que sienten que se quedan con el problema.
El informe complementario de los administradores con los detalles del acuerdo propuesto y del proceso concursal se ha publicado en el portal de acreedores de KPMG Australia


















