Mientras Europa se empeña en comprar petróleo caro, en Japón rescatan la idea de la energía infinita limpia y ya se ha probado en España

Publicado el: 13 de abril de 2026 a las 08:02
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Ola gigante del océano que representa el potencial de la energía undimotriz desarrollada por Japón con tecnología GWEC.

El mar lleva siglos moviéndose delante de nosotros, pero convertir ese movimiento en electricidad útil sigue siendo un reto. Y eso se nota cuando el crudo otra vez por encima de los 100 dólares el barril empuja a países muy dependientes de las importaciones, como Japón.

Un investigador japonés ha retomado una idea que llevaba décadas sobre la mesa y la ha llevado un paso más allá: usar un volante giratorio dentro de una boya para que la energía de las olas sea menos imprevisible. Su análisis, publicado en el Journal of Fluid Mechanics, plantea un camino para que la undimotriz se adapte al oleaje en tiempo real.



Un volante que se adapta a un mar cambiante

La energía de las olas tiene un problema simple de explicar, pero difícil de resolver: las olas no son iguales por la mañana que por la tarde. Cambian altura, ritmo y dirección, y muchos convertidores solo rinden bien en una frecuencia concreta.

La propuesta se llama GWEC (Gyroscopic Wave Energy Converter) y gira en torno a un volante de inercia dentro de una plataforma flotante. En vez de “seguir” la ola, transforma el movimiento en una rotación perpendicular que acciona un generador.



El punto clave es el control. El modelo plantea ajustar la velocidad del volante y parámetros del generador en cada momento, para que el sistema se “sintonice” con lo que hace el mar, no con una condición ideal de laboratorio.

Por qué Japón mira al océano cuando sube el petróleo

La publicación llega en un momento incómodo: Japón importa alrededor del 95% de su petróleo desde Oriente Medio. Cuando el mercado se pone tenso, la factura energética se encarece y la seguridad de suministro se vuelve un tema político.

Además, los océanos cubren el 71% del planeta y concentran una enorme cantidad de energía en movimiento. La pregunta es inevitable: si el recurso está ahí, ¿por qué cuesta tanto capturarlo?

La respuesta tiene que ver con la eficiencia y con la supervivencia en el mundo real. Un dispositivo que solo funciona bien “cuando todo va perfecto” no sirve en alta mar. Y ahí es donde el enfoque de Iida intenta marcar diferencia.

El límite del 50% y lo que permite la física

En la teoría clásica, muchos sistemas undimotrices se optimizan para un punto de resonancia. En ese punto pueden alcanzar su máximo, que está limitado por la física: absorber la mitad de la energía disponible de la ola incidente, un 50%.

El estudio explica el motivo con un argumento geométrico: una ola que llega a un cuerpo simétrico se “reparte” entre componentes simétricas y asimétricas, y un sistema con un único tipo de movimiento solo captura la parte asimétrica.

Lo relevante del GWEC es que, según el análisis, puede mantener ese límite teórico del 50% en una banda amplia de frecuencias si se ajustan bien los parámetros. En otras palabras, no se trata de un pico de rendimiento, sino de sostenerlo en más condiciones.

De la ecuación al mar abierto

Hasta aquí, todo es teoría bien armada y comprobaciones en laboratorio. Pero el propio autor reconoce los límites: el análisis vale para olas pequeñas, donde la física se comporta de forma lineal. Cuando el mar se embravece, la cosa cambia.

También falta poner números a algo muy práctico: las pérdidas mecánicas y el coste de mantener un volante girando en un entorno salino, con golpes, corrosión y mantenimiento constante. Ese tipo de detalles decide si una idea se queda en paper o llega a puerto.

El siguiente paso anunciado son pruebas con modelos físicos en el canal de olas de la Universidad de Osaka. Ahí se verá si el control “en tiempo real” aguanta la variabilidad que cualquiera ha visto desde un espigón en invierno.

Qué significa esto para las renovables

La energía undimotriz no compite solo con el carbón o el gas. Compite con la solar y la eólica, que han bajado de precio y se han desplegado a gran escala, y además se han integrado con baterías y redes inteligentes.

A cambio, las olas tienen una ventaja: en algunas zonas pueden ser más constantes que el viento y menos dependientes de la luz. Si este tipo de tecnologías logra estabilizar su rendimiento, podría sumar una pieza nueva al puzle de las renovables.

No es la solución mágica, pero sí una línea de investigación que merece atención. Sobre todo cuando el mundo vuelve a mirar al océano y a pensar en la dependencia energética.

El estudio ha sido publicado en el Journal of Fluid Mechanics.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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