El gran proyecto gasístico Greater Tortue Ahmeyim, situado entre Mauritania y Senegal, ya no es solo una noticia energética. Un nuevo estudio científico advierte de que esta infraestructura submarina, considerada la más profunda de África, está cambiando el reparto de presiones sobre el ecosistema marino y golpea de lleno a la pesca artesanal de la zona.
La conclusión principal es sencilla de entender, aunque el problema sea enorme. Donde antes pescaban muchas familias, ahora conviven gasoductos, buques, zonas de exclusión, ruido submarino y riesgo de contaminantes. ¿Qué significa esto en la práctica? Que algunos pescadores tienen que ir más lejos, gastar más combustible y volver con menos capturas. Y eso se nota.
Un proyecto enorme
Greater Tortue Ahmeyim (GTA) se encuentra en la frontera marítima entre Senegal y Mauritania. BP opera el proyecto junto a Kosmos Energy, Petrosen y la Société Mauritanienne des Hydrocarbures. Kosmos comunicó que el gas empezó a fluir desde los pozos el 31 de diciembre de 2024 y que el primer cargamento de gas natural licuado se cargó en abril de 2025.
No hablamos de una instalación cualquiera. El estudio publicado en «Frontiers in Ocean Sustainability» sitúa los pozos a unos 120 kilómetros de la costa y a 2850 metros de profundidad. Además, las instalaciones quedan conectadas por más de 300 kilómetros de tuberías y cables submarinos.
En el fondo, lo que está en juego no es solo el gas. También es el uso de una franja marina muy productiva, donde la pesca sostiene ingresos, alimento y trabajo diario. Para muchas familias costeras, el mar no es una estadística. Es la despensa y el sueldo.
Una zona sensible
La región forma parte del gran ecosistema marino de la Corriente de Canarias. Allí hay cañones, montes submarinos, estuarios, manglares y arrecifes de coral de agua fría. Uno de esos arrecifes se encuentra cerca del corredor del gasoducto del proyecto GTA.
El área también funciona como ruta migratoria para mamíferos marinos, aves y reptiles, incluidas tortugas verdes. Esto obliga a mirar el proyecto con más cuidado, porque una obra industrial en alta mar no afecta solo al punto exacto donde se instala. El ruido, la luz, los barcos y los posibles vertidos se mueven por un espacio mucho más amplio.
El equipo analizó cuatro fases del proyecto (exploración, construcción, explotación y futuro desmantelamiento). En todas aparecen presiones distintas, aunque dos destacan sobre el resto. El ruido submarino y los compuestos contaminantes son los grandes focos de preocupación ambiental.
La pesca pierde espacio
La pesca artesanal aparece como el sector más afectado en el área GTA. La razón es muy concreta. Cada instalación tiene una zona de exclusión de 500 metros por motivos de seguridad, lo que impide faenar alrededor de puntos que antes podían ser importantes para los pescadores.
El estudio señala que el hub flotante de gas natural licuado está situado en una zona muy productiva para la pesca artesanal llamada arrecife de Diattara. Al prohibirse la pesca alrededor de las instalaciones, los pescadores deben desplazarse más lejos de lo habitual. Eso significa más gasóleo, más tiempo en el mar y menos margen al volver a puerto.
El golpe no se queda en los barcos. Las mujeres dedicadas al procesado del pescado también vieron caer sus ingresos, según recoge la investigación. Cuando hay menos pescado o llega más caro, toda la cadena local se resiente. No es poca cosa.
Lo que contaron los vecinos
El trabajo no se basa solo en mapas o modelos. Los investigadores revisaron literatura científica, informes ambientales y entrevistas con actores clave, incluidos pescadores locales y empleados de British Petroleum. Así pudieron cruzar lo que se esperaba con lo que ya se estaba observando en la zona.
«Durante nuestras diferentes entrevistas con las poblaciones locales, principalmente pescadores, estos identificaron numerosos cambios en el ecosistema relacionados con esta explotación gasífera», explicó Mamadou N. Seck, investigador que encabeza el trabajo, según la nota del IEO-CSIC.
Aquí aparece una alerta social importante. El estudio sostiene que el proyecto, al ser en parte responsable de la escasez de productos pesqueros, ha contribuido al desempleo y podría empujar a las personas más afectadas hacia la migración clandestina a Europa. Es una advertencia seria, y conviene leerla como tal.
Ruido bajo el agua
El ruido submarino es una de las presiones más claras. Durante la exploración, las ondas sísmicas afectan especialmente a los mamíferos marinos. En la construcción, el ruido procede de la perforación de pozos, la colocación de tuberías, el anclaje de estructuras y el movimiento de barcos y helicópteros.
Para un lector de tierra adentro puede sonar raro. Pero en el mar, el sonido viaja muy bien. Para ballenas, delfines, tortugas o peces, ese ruido puede alterar la comunicación, la búsqueda de alimento o las rutas de movimiento. Es como intentar orientarse en una ciudad con obras permanentes, bocinas y tráfico constante.
Durante la fase de explotación, el estudio identifica los compuestos contaminantes como la presión con mayor impacto. Pueden proceder de aguas grises, pérdidas accidentales de hidrocarburos y actividades vinculadas a pozos, FPSO y hub flotante. Reptiles y aves marinas aparecen entre los grupos más afectados.
La otra cara del proyecto
El análisis también introduce un matiz importante. Las estructuras del proyecto pueden actuar como arrecifes artificiales y concentrar peces alrededor de las instalaciones. En teoría, esa zona protegida de la pesca podría reducir la presión local sobre algunas especies.
Pero ese posible efecto positivo no borra el problema para las comunidades. Si el pescado se concentra donde no se puede faenar, el beneficio ecológico no se traduce automáticamente en alimento o ingresos. Además, tras el cierre de la explotación, parte de las instalaciones podría seguir en el mar y representar un riesgo para la pesca y la navegación.
Por eso el debate no es tan simple como gas sí o gas no. La pregunta real es cómo se reparte el espacio marino, quién asume los costes y qué protección reciben quienes viven de la pesca pequeña.
Qué piden los científicos
Los autores recomiendan mejorar la gestión con datos meteorológicos en tiempo real, mantenimiento regular de pozos y tuberías, capacidad rápida de respuesta ante fugas y más coordinación entre Senegal y Mauritania. No son detalles menores. En el mar, llegar tarde casi siempre sale caro.
Para la pesca artesanal, el estudio plantea ampliar la zona de amortiguación y negociar caladeros compartidos a ambos lados de la frontera. También pide diálogo entre gobiernos, operador del GTA y sectores afectados, además de dedicar parte de los ingresos a una gestión basada en el ecosistema que atienda lo ambiental, lo económico y lo social.
El estudio científico se publicó en Frontiers in Ocean Sustainability.









