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Una zanja de 30 metros bajo la catedral de notre-Dame revela 2.000 años de historia: encuentran una moneda romana del siglo IV acuñada por Constantino

Una moneda de Constantino emerge bajo Notre-Dame y revela casi 2.000 años de historia ocultos bajo la plaza de París.

Una zanja de 30 metros bajo la catedral de notre-Dame revela 2.000 años de historia: encuentran una moneda romana del siglo IV acuñada por Constantino

Una moneda romana del siglo IV con el rostro del emperador Constantino ha aparecido bajo la plaza situada frente a Notre-Dame de París. La pieza forma parte de cientos de objetos y estructuras que están revelando, capa a capa, cómo cambió la Île de la Cité desde la antigua Lutecia hasta la ciudad medieval.

No se trata de una excavación dentro de la catedral, sino de una intervención preventiva en su parvis, la plaza exterior por la que hoy pasan miles de visitantes. El valor principal de la moneda no está en el metal, sino en la fecha que aporta y en el contexto que la rodea. Bajo apenas cuatro metros de tierra se acumulan casi veinte siglos de historia.

Una obra urbana abrió la puerta

Las excavaciones comenzaron en enero de 2026, después de retirar la losa de hormigón que cubría parte de la plaza. La intervención, de unos 30 metros de longitud y hasta cuatro metros de profundidad, está prevista para ocho meses y cuenta con la dirección científica de la arqueóloga Camille Colonna.

Los trabajos fueron prescritos por la Dirección Regional de Asuntos Culturales de Île-de-France antes de remodelar los alrededores de Notre-Dame. En la práctica, los arqueólogos deben documentar lo que puede quedar afectado por las obras antes de que entren las máquinas. No es una búsqueda de tesoros.

La moneda que devuelve un rostro

La moneda apareció como un pequeño disco oscuro, muy castigado por la corrosión. Las imágenes obtenidas con rayos X permitieron reconocer el rostro de Constantino, emperador romano de comienzos del siglo IV, y situar la pieza hace unos 1.700 años.

¿Qué significa esto para los investigadores? Las monedas ayudan a acotar la fecha de una capa del terreno y permiten relacionarla con muros, calles u otros objetos encontrados alrededor. Aun así, el contexto completo manda, porque una sola pieza no explica por sí misma toda la historia del lugar.

París estaba allí antes de Notre-Dame

Cuando comenzó la construcción de Notre-Dame en el siglo XII, la plaza actual no era un espacio abierto como el que conocemos. Estaba ocupada por casas medievales, sótanos y una calle que atravesaba la zona, restos que el equipo ha vuelto a localizar bajo el suelo moderno.

Más abajo aparecieron fosas para guardar grano de época merovingia y carolingia, utilizadas entre los siglos VI y X. Debajo de ellas se extiende un sector romano más antiguo, fechado en buena parte entre los siglos IV y V. Una ciudad sobre otra, y eso se nota.

Las letrinas guardaron lo cotidiano

Algunos de los objetos mejor conservados proceden de antiguas letrinas medievales que también funcionaron como basureros. Allí han aparecido jarras y vasos casi enteros, además de platos rotos, huesos de animales y otros restos vinculados a la comida y a la vida doméstica.

Puede sonar poco atractivo, pero estos pozos son una mina de información. Los residuos blandos amortiguaron golpes y protegieron recipientes que, en otros suelos, habrían terminado hechos añicos. La arqueóloga Valentine Breloux reconoce que es «raro encontrar cerámicas completas».

Unos signos aún sin descifrar

La sorpresa llegó al limpiar varios fragmentos de cerámica medieval. En su interior aparecieron señales rojizas, repetidas en distintas piezas y pintadas de una forma que todavía no ha podido descifrarse.

Los especialistas no han determinado qué representan ni para qué servían. Por ahora, atribuirles un significado sería especular. El misterio existe, pero la respuesta aún no.

Piedras romanas reutilizadas

El equipo también ha recuperado un umbral romano que tuvo una segunda vida. Procedía de un edificio mucho mayor, pero fue trasladado, colocado boca abajo y utilizado como pavimento de una vía.

Este detalle muestra que la ciudad antigua no desapareció de un día para otro. Sus habitantes desmontaban edificios y adaptaban materiales a nuevas necesidades, una práctica que hoy llamaríamos reutilización. La economía de recursos también deja huella.

Lo que ocurre después del hallazgo

Cada objeto sale de la excavación con un número y una posición exacta. Después viaja al centro arqueológico de la ciudad, donde se limpia, fotografía, clasifica y estudia junto con las capas, los planos y las estructuras de las que procede.

Ese trabajo puede cambiar las primeras interpretaciones. Una jarra ayuda a conocer hábitos cotidianos, una moneda ofrece una referencia temporal y los huesos de animales hablan de alimentación. La información aparece al unir las piezas, no al contemplarlas por separado.

La búsqueda de un París aún más antiguo

Los niveles romanos son especialmente valiosos porque siguen siendo menos conocidos que muchas etapas medievales. El equipo espera profundizar hasta encontrar indicios anteriores, quizá relacionados con las poblaciones galas que ocuparon la región antes del dominio romano.

Pero conviene mantener la prudencia. La ciudad de París ha recuperado monedas y enterramientos galos en distintas intervenciones, aunque todavía no dispone de una prueba clara de un asentamiento galo en la propia Île de la Cité. El suelo tendrá la última palabra.

La arqueología también habla del clima

La excavación existe porque París quiere transformar los alrededores de Notre-Dame en un espacio más verde y soportable durante el verano. El proyecto prevé plantar 160 árboles nuevos, sumar 1.800 metros cuadrados de vegetación y hacer circular una fina lámina de agua de cinco milímetros para refrescar la plaza en los días de más calor.

En unos años, las personas que hoy esperan bajo el sol podrán hacerlo a la sombra, mientras el antiguo aparcamiento subterráneo se convierte en un espacio de acogida y refugio climático. En el fondo, una obra pensada para aliviar ese calor pegajoso que ya conocemos ha abierto una ventana inesperada al pasado.

El proyecto muestra que patrimonio y adaptación climática no tienen por qué avanzar por caminos separados.

La información oficial más reciente sobre esta intervención ha sido publicada por la Ville de Paris.

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