Descubren un mar de agua dulce bajo atrapado el océano desde la última glaciación que abre la puerta a nuevas reservas de agua

Publicado el: 27 de abril de 2026 a las 12:34
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Isla Decepción en la Antártida con lagos en cráter volcánico conectados a un acuífero subterráneo ligado al océano.

A simple vista, algunos lagos de la isla Decepción parecen lo que siempre hemos imaginado en la Antártida: agua encerrada en cráteres, hielo cerca y un paisaje volcánico que impresiona. Pero debajo de ese suelo oscuro ocurre algo bastante más dinámico, y ahora por fin tenemos una explicación completa.

Un equipo internacional con participación del IGME-CSIC, liderado por el investigador Jorge Jódar, ha descrito cómo funciona el sistema de agua subterránea que alimenta varios lagos de agua dulce en esta isla volcánica. La conclusión clave es sorprendente y muy útil a la vez: aunque esos lagos están en cráteres cerrados y cerca del mar, están conectados con el océano bajo tierra y llegan a “notar” el ritmo de las mareas.



Una isla volcánica que filtra agua como una esponja

La isla Decepción combina volcanismo activo, glaciares, lagos y un suelo permanentemente helado llamado permafrost. Es un lugar extremo, pero también uno de esos sitios donde la naturaleza “enseña” con claridad cómo se mueve el agua cuando el terreno y el clima lo ponen difícil.

La clave está en los materiales del suelo. El estudio explica que los depósitos volcánicos (piroclásticos) son muy permeables, lo que facilita que el agua de la lluvia y, sobre todo, la del deshielo estival se infiltre con rapidez. De hecho, la recarga anual del acuífero se estima en un 41 por ciento de la precipitación, una cifra muy alta para un entorno polar.



Dos acuíferos conectados y un lago que “sube y baja”

Cuando se habla de acuíferos, conviene imaginarlo de forma sencilla. Es, en gran parte, agua que circula por el subsuelo (entre poros y huecos del terreno), en vez de hacerlo por ríos visibles.

En la isla Decepción, los investigadores describen dos acuíferos interconectados. Uno es superficial y estacional, ligado a la “capa activa” del permafrost, que se descongela en parte durante el verano. El otro es más profundo, permanente y muy transmisivo, y ahí llega el giro: ese acuífero profundo está conectado directamente con el mar.

¿Y qué se nota en la práctica? Que el nivel de algunos lagos puede fluctuar acompasado con las mareas, pese a encontrarse en cráteres volcánicos que parecen aislados. No es magia, es hidrogeología. Y eso se nota.

Por qué el agua sigue siendo dulce aunque haya conexión con el mar

La pregunta sale sola. Si hay conexión con el océano, ¿no debería entrar agua salada y “estropear” el lago? En buena parte, lo interesante del modelo propuesto es que explica justo lo contrario.

Según el CSIC y el IGME-CSIC, la descarga subterránea de agua dulce desde el interior de la isla actúa como un control natural. Ese flujo continuo regula el nivel de los lagos y ayuda a que se mantengan dulces pese a estar muy cerca de la costa y situados en cráteres cerrados. Dicho de otra manera, el agua dulce empuja y limita la intrusión de agua marina en estos sistemas.

Este matiz es importante porque cambia una idea simplificada que a veces se tiene de los ambientes polares. No todo es hielo inmóvil y agua “congelada en el tiempo”. Aquí hay circulación, intercambio y equilibrio. Y el equilibrio depende de cuánto deshielo y cuánta precipitación entren cada año.

La pista isotópica que ayuda a leer el clima del pasado

El trabajo no se queda solo en medir niveles o en dibujar rutas del agua. También aporta una herramienta que puede parecer técnica, pero tiene una utilidad muy clara.

El equipo ha estimado por primera vez una relación entre la composición isotópica de la precipitación y la altitud en esta región (una “línea” o gradiente isotópico altitudinal, con medidas como δ¹⁸O). Esta firma ayuda a identificar mejor de dónde viene el agua que recarga los acuíferos, si procede de nieve o lluvia y a qué alturas se formó esa precipitación.

Esto importa por dos motivos. Primero, mejora la interpretación de registros climáticos almacenados en el hielo. Segundo, refuerza los modelos climáticos e hidrológicos en zonas polares, que necesitan cada vez más precisión para anticipar cambios.

Un hallazgo con “lector de futuro” para el permafrost

La Antártida no es homogénea. Hay zonas donde el permafrost y la capa activa cambian mucho entre estaciones, y ahí el calentamiento global puede acelerar transformaciones que ya están en marcha.

Tanto el CSIC como el IGME-CSIC subrayan que comprender este sistema de aguas subterráneas es clave para interpretar la evolución de los lagos, la respuesta del terreno al calentamiento y la interacción entre agua dulce y marina en un ambiente extremo. En el fondo, es una pieza nueva para prever qué puede pasar si el permafrost se degrada y el “grifo” del deshielo estival cambia su intensidad o su duración.

Además, el estudio se desarrolló durante las campañas antárticas de 2024 y 2025, lo que refuerza la idea de que no hablamos de una intuición rápida, sino de trabajo de campo reciente en un entorno complicado. Y ese tipo de datos, en ciencia polar, valen oro.

El comunicado oficial se ha publicado en IGME-CSIC.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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