España sin agua

Cuando hablamos de la crisis del agua es habitual pensar que ante la falta de lluvia no se puede hacer nada. Sin embargo, aunque no podemos hacer que llueva, sí podemos reclamar cambios profundos en las políticas ambientales e hidrológicas que nos han traído hasta aquí.

España sin agua. Abrir el grifo y que salga agua: posiblemente uno de los pequeños grandes lujos que no siempre valoramos como deberíamos. Sin embargo, este año muchas personas han tenido que medir ese gesto porque la falta de agua ha golpeado muchos municipios españoles.

Justo cuando termina el tercer año hidrológico más seco desde que hay registros en España, con los embalses rondando apenas el 30 por ciento de su capacidad. Y con un 75% de nuestro territorio en riesgo de desertificación, hemos querido acompañar a hombres y mujeres, del sur y del norte, en sus hogares o pequeños negocios, que en los últimos meses han visto cómo su vida cambiaba por la escasez de agua.

Cuando hablamos de la crisis del agua es habitual pensar que ante la falta de lluvia no se puede hacer nada. Sin embargo, aunque no podemos hacer que llueva, sí podemos reclamar cambios profundos en las políticas ambientales e hidrológicas que nos han traído hasta aquí. No estamos solo ante un problema ‘meteorológico’. Sino, ante un problema de mala gestión. Esta sequía ya estaba anunciada. Y, una vez más, las administraciones no hicieron lo suficiente.

Medidas urgentes

Por eso, desde Greenpeace proponemos y reclamamos varias medidas urgentes para encarar un futuro que, en nuestro país, estará marcado por una menor disponibilidad de agua:

  1. Superar la política hidráulica tradicional, centrada en la ejecución de grandes obras, y abordar una verdadera transición hidrológica justa que responda al actual contexto de cambio climático.
  2. Luchar contra el grave estado de sobreexplotación y contaminación que sufren nuestras aguas y prestar especial atención a las aguas subterráneas, al ser reservas estratégicas y aún muy desconocidas.
  3. Reducir nuestra vulnerabilidad al riesgo de sequía, aminorando la cantidad total de agua consumida, fundamentalmente por el regadío intensivo e industrial, al ser éste el mayor consumidor (80% del total).
  4. Incluir a la ciudadanía en la gestión del recurso agua y de los riesgos hídricos, a través de procesos participativos reales y asambleas ciudadanas.
  5. Implantar regímenes de caudales ecológicos científicamente establecidos.
  6. Cerrar más de un millón de pozos ilegales repartidos por toda la geografía española.
  7. Orientar las políticas agrícolas y ganaderas hacia la sostenibilidad y la reducción del consumo de agua, a través de una transición hidrológica justa.
  8. Establecer una hoja de ruta para potenciar la agricultura ecológica y reducir la cabaña ganadera en intensivo en un 50% para 2030.
  9. Adaptar las políticas forestales a las necesidades del país más árido de Europa.
  10. Aumentar el presupuesto destinado a la gestión forestal —que debe centrarse en la planificación y protección de los recursos hídricos— para avanzar en la adaptación de los bosques mediterráneos al cambio climático y, por tanto, en la protección de suelo y agua (gestión ecohidrológica). España sin agua.
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