En Los Angeles, California, Eaton y Palisades llevan días ardiendo. Los dos fuegos son los más grandes de una serie de siniestros registrados en una temporada de pesadilla, se han ganado ya un espacio en la historia de California, porque son ya el tercero y cuarto más destructivos del Estado.
Sus llamas siguen siendo alimentadas por los potentes vientos de Santa Ana y han dejado más de 20 muertos y arrasaron miles y miles de hectáreas al noroeste y noreste de Los Ángeles. El fuego ha sido en estos últimos días el gran igualador en una ciudad de grandes disparidades, ya que ardieron tanto las casas de los famosos, como las de los más pobres.
A día de hoy, Los Ángeles se embarca en un proceso de recuperación monumental e incierto, mientras que los bomberos aumentan la contención de dos de los incendios forestales más destructivos registrados en California, que muy lentamente están siendo controlados.
Incendios forestales: destrucción y desolación
Los incendios forestales no solo han causado la destrucción generalizada de la zona; cobrándose vidas, destruyendo miles de hogares e infraestructuras y dañando ecosistemas, sino que, además, son un recordatorio de la creciente amenaza que los incendios forestales presentan. Como también se ha visto tras una sucesión de devastadores incendios en Norteamérica, Europa y otros lugares en los últimos años.
Estos son alimentados por una combinación de factores como la sequía, los fuertes vientos y la acumulación de vegetación seca, se han visto intensificados por efectos del cambio climático. Además, se caracterizan por su creciente tamaño, velocidad e intensidad, lo cual ha sido motivo de creciente preocupación en gran parte del hemisferio norte, especialmente en el oeste de Norteamérica.
Los inmensos daños medioambientales, que destruyen ecosistemas y hábitats de vida salvaje, son solo una de las consecuencias de estos. Debido a que el humo de estos incendios puede viajar largas distancias, afecta también a la calidad del aire y a la salud pública. Por otro lado, el enorme coste de los daños causados por los incendios y las medidas de extinción suponen una presión sobre los recursos financieros; incluidos los presupuestos de las agencias forestales.
¿Convivir con el fuego?
La Comisión Económica indica que esta situación pone de relieve la necesidad de mejorar la comprensión de la dinámica de los incendios forestales a múltiples escalas, desde la local a la internacional. Además, da luz a la pregunta de cómo podemos vivir con el fuego en lugar de cómo eliminarlo.
La respuesta a dicha cuestión depende de la confluencia de tres factores, como indica la Comisión. Primero se deben considerar las repercusiones del cambio climático. El aumento de las temperaturas, las condiciones más secas y las olas de calor más frecuentes, conllevan las condiciones ideales para que los incendios forestales prendan y se propaguen rápidamente.
Además, las consecuencias imprevistas de las medidas de extinción de incendios, que involuntariamente han creado un entorno perfecto para que se produzcan incendios más grandes e intensos. Las políticas de extinción de incendios, aplicadas desde principios del siglo XX, han impedido los incendios naturales, los cuales habrían eliminado la maleza y los escombros. En consecuencia, los bosques se han llenado de materiales inflamables.
El último factor es la invasión de zonas silvestres que pone en peligro de incendio a más personas y propiedades. A medida que la población humana sigue creciendo, el aumento del desarrollo residencial en zonas limítrofes con los bosques.
La lucha contra esta amenaza requiere un enfoque múltiple
Es necesario adaptar las prácticas de gestión forestal sostenible a un entorno cambiante, según la Comisión de la ONU. Una herramienta valiosa para reducir el riesgo de incendios forestales pueden ser las quemas prescritas y los fuegos controlados provocados intencionadamente para eliminar la maleza. Además, es crucial crear comunidades resistentes al fuego utilizando materiales de construcción ignífugos y técnicas adecuadas de paisajismo en las zonas de alto riesgo.
Las políticas también deben basarse en datos de alta calidad, para lo cual, con el apoyo de las orientaciones de esta Comisión, la notificación de los daños forestales desempeña un papel fundamental. Todos estos esfuerzos deben ir de la mano de una mayor mitigación del cambio climático para frenar los riesgos de incendios forestales a largo plazo. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la transición a fuentes de energía renovables y la gestión sostenible del agua son esenciales para aumentar la resiliencia de las sociedades y los ecosistemas.



















