Una DANA es una zona de bajas presiones en las capas altas de la atmósfera, aislada de la circulación general. Así la define la Agencia Estatal de Meteorología en su blog oficial. Las siglas significan depresión aislada en niveles altos. Suele quedarse casi parada o moverse de forma anómala, y eso explica buena parte de su peligro.
Hay un matiz que conviene tener claro desde el principio. Una DANA no trae siempre lluvias torrenciales. AEMET explica que hacen falta tres ingredientes: aire inestable, humedad abundante y algún mecanismo que obligue a ese aire a subir, como el relieve o la convergencia de vientos. Si falta alguno, la DANA puede pasar casi sin dejar agua.
Dana o gota fría: por qué AEMET prefiere la primera
«Gota fría» viene del alemán kaltlufttropfen, gota de aire frío. Durante años fue la expresión habitual en España. El problema, según explica AEMET en ese mismo artículo, es que se empezó a usar para cualquier episodio de lluvias abundantes, tuviera o no detrás una DANA. Acabó significando cualquier tormenta gorda de otoño.
Por eso los meteorólogos prefieren hablar de dana, que nombra un fenómeno concreto. El acrónimo, además, guarda un pequeño homenaje: coincide con el apellido del meteorólogo Francisco García Dana. En la práctica, cuando un parte del tiempo dice dana, describe la situación en altura. Cuando un vecino dice gota fría, casi siempre habla de la lluvia que cae.
Cómo se forma y por qué puede quedarse quieta varios días
Para entenderlo sirve imaginar la atmósfera en dos pisos.
En el de arriba, a varios kilómetros de altura, el aire frío del norte circula normalmente en una corriente que rodea el planeta. A veces esa corriente se ondula tanto que una parte se estrangula y se desprende. Queda entonces una bolsa de aire muy frío aislada, sin la corriente que la empujaba. Por eso suele quedarse estacionaria o moverse de forma anómala: nada la arrastra.
En el piso de abajo, cerca del suelo, puede haber aire templado y cargado de humedad. Cuando esa bolsa fría se coloca encima, el contraste hace que el aire caliente tienda a subir con fuerza. Al ascender se enfría, el vapor se condensa y se forman nubes de tormenta muy altas.
Aquí entra el Mediterráneo. El blog de AEMET cita el calentamiento del agua del mar como factor que favorece la convección, es decir, esas corrientes verticales de aire que levantan las tormentas, y que aporta humedad. Sobre el calentamiento del Mediterráneo y el cambio climático hay investigación abierta, pero el propio blog advierte de que un episodio aislado no demuestra ningún cambio en el clima. Lo que sí está claro es la mecánica: aire muy frío arriba, aire húmedo abajo y un relieve o un frente que empuje hacia arriba.
Si la DANA permanece casi inmóvil durante días, los sistemas de nubes se regeneran una y otra vez sobre la misma zona y la lluvia acumulada crece. Ahí está la diferencia con un chubasco corriente, que llega, descarga y se va.
Lo que registró AEMET en Valencia el 29 de octubre de 2024
El caso que todo el mundo tiene en la cabeza es el de la provincia de Valencia. AEMET elaboró un informe oficial del episodio, con información disponible a 8 de noviembre de 2024, con las cifras medidas por su red.
La estación automática próxima a Turís recogió 185 litros por metro cuadrado en una sola hora. Es el triple del valor de 60 litros en una hora que AEMET usa para definir la torrencialidad, y supera en 26 litros el máximo anterior de su red, registrado en Vinaròs el 19 de octubre de 2018. En seis horas cayeron allí 621 litros y en doce horas, 720. Las tres son marcas máximas de la red de estaciones de AEMET. El informe sitúa además los acumulados del día entre 200 y 300 litros en una amplia zona de la provincia, con más de 700 en Turís.
La agencia escribe que «todo apunta» a que fue la mayor riada provocada por una DANA en España en el siglo XXI. El informe recoge la pérdida de más de doscientas vidas humanas y decenas de desaparecidos, la gran mayoría en la Comunitat Valenciana. Es el dato provisional de noviembre de 2024. Desde entonces los balances han ido cambiando y la investigación judicial sigue abierta.

Avisos amarillo, naranja y rojo: qué dijo AEMET y cuándo
AEMET avisa por colores según el peligro previsto. El amarillo pide atención, el naranja indica un riesgo importante y el rojo, un peligro extraordinario. Antes de los colores, la agencia puede emitir notas informativas y avisos especiales cuando ve venir un episodio fuera de lo común.
En el caso de Valencia, el informe de AEMET recoge esta secuencia:
- 25 y 26 de octubre de 2024: primera nota informativa del episodio y su renovación.
- 27 y 28 de octubre: aviso especial.
- 29 de octubre, 6:36: aviso naranja en el litoral sur de Valencia.
- 29 de octubre, 7:36: aviso rojo observado en esa misma zona, por 90 litros por metro cuadrado en una hora.
- 29 de octubre, 9:41: aviso rojo en el interior de la provincia.
- 29 de octubre, 16:24: nuevo aviso rojo en el litoral sur.
Los avisos de AEMET son una cosa y las alertas a la población son otra. El ES-Alert es el sistema que envía mensajes directamente a los móviles de una zona, y lo activan las autoridades de protección civil, no la agencia meteorológica. Sobre su uso aquel día hay una causa judicial en marcha, y las responsabilidades las tiene que determinar el juzgado.
Qué pasa después
Una dana no termina cuando para de llover. Los ríos y barrancos siguen creciendo horas después, a veces lejos de donde cayó la tormenta. Y parte de esa agua acaba también en las presas: el agua que llega a los embalses tras una dana hace subir las reservas de una cuenca.

Tampoco hay un calendario fijo. Los dos récords de intensidad que cita el informe, Vinaròs en 2018 y Turís en 2024, se registraron en octubre, tras veranos marcados por las olas de calor que suelen preceder a las tormentas, pero una dana puede formarse en otras estaciones. La forma más fiable de saber si una afecta a su zona es seguir los avisos oficiales de AEMET y las indicaciones de protección civil de su comunidad, y tomarse en serio el color rojo cuando aparece.













