Los incendios forestales son una de las mayores amenazas ambientales en España y una red de universidades ha decidido plantarles cara desde la educación y la acción social. En solo cinco años, más de 10.000 estudiantes, docentes y colectivos locales han participado en proyectos reales de prevención, restauración y concienciación frente al fuego. La iniciativa Plantando Cara al Fuego demuestra que el conocimiento científico, aplicado al territorio, puede convertirse en una herramienta decisiva para reducir el impacto de los incendios forestales y fortalecer la resiliencia rural.
En los últimos años, numerosas universidades han puesto en marcha programas formativos específicos sobre gestión forestal, prevención de incendios y restauración de áreas quemadas.
A través de grados, másteres, cursos de verano y talleres prácticos, miles de estudiantes reciben formación especializada en el análisis del comportamiento del fuego, el uso de nuevas tecnologías de detección temprana y las estrategias de ordenación del territorio. Esta capacitación no solo tiene un enfoque técnico, sino también social y ambiental.
En los últimos años, numerosas universidades han puesto en marcha programas formativos específicos sobre gestión forestal, prevención de incendios y restauración de áreas quemadas.
La universidad se implica frente a los incendios forestales
Una red de universidades españolas, entre las que se encuentra la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), ha movilizado en cinco años a más de 10.000 estudiantes, docentes, instituciones y colectivos locales para luchar contra los incendios forestales mediante proyectos educativos y de participación social.
Es la principal conclusión de un estudio recientemente publicado en la revista ‘Cuadernos de Investigación Geográfica’, que recopila las acciones desarrolladas entre 2020 y 2025 dentro de la iniciativa nacional Plantando Cara al Fuego (PCF).
El trabajo analiza 35 proyectos de Aprendizaje-Servicio (ApS) realizados en diez comunidades autónomas y liderados por universidades como la de Santiago de Compostela, Castilla-La Mancha, Granada o la Universidad de León (ULe) —a través del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental y de la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal— para mejorar la prevención, restauración y educación ambiental frente a los incendios forestales.
Según el estudio, los incendios en la cuenca mediterránea son cada vez menos numerosos pero más destructivos, con fenómenos de «sexta generación» que superan la capacidad de extinción y modifican incluso las condiciones meteorológicas locales.
Más de 10.000 personas frente a los incendios forestales
A esta tendencia se suman factores como la despoblación rural, el cambio climático, la acumulación de combustible, la homogeneización del paisaje o la desinformación ciudadana sobre el uso del fuego.
La iniciativa PCF nació en 2016 en Galicia y desde entonces ha crecido hasta convertirse en un programa estatal que combina formación académica con actuaciones reales sobre el territorio.
Su metodología, basada en el Aprendizaje-Servicio, permite que el alumnado aplique conocimientos científicos y técnicos en colaboración con administraciones públicas, escuelas, asociaciones de propietarios, ONG ambientales o servicios de prevención.
Los 35 proyectos analizados se clasifican en cinco categorías: prevención, restauración, formación, multidisciplinar y divulgación. Entre todos ellos han permitido intervenir sobre más de 120 hectáreas mediante labores de gestión de combustible, restauración de zonas quemadas y creación de paisajes más resilientes al fuego.
El artículo destaca especialmente el impacto educativo: 270 estudiantes universitarios actuaron como tutores y formadores, guiando actividades para más de 10.100 participantes de colegios, institutos, ciclos formativos y colectivos rurales.
La iniciativa PCF nació en 2016 en Galicia y desde entonces ha crecido hasta convertirse en un programa estatal que combina formación académica con actuaciones reales sobre el territorio.
Falta reforzar la prevención de incendios forestales
Según el análisis, más de la mitad de las iniciativas (54%) fueron multidisciplinares y combinaron educación, restauración y comunicación; un 27% se centró exclusivamente en formación y solo un 5% en prevención, pese a que esta es —advierte el estudio— «la herramienta más eficaz y reclamada por los expertos para reducir la incidencia y severidad de los incendios».
Entre las acciones más extendidas figuran talleres escolares, rutas interpretativas, prácticas de restauración en zonas quemadas, charlas sobre piroecología, creación de aplicaciones móviles, retransmisiones de radio participativa, plantación de especies nativas o análisis de suelos y aguas afectados por el fuego.
En Castilla y León, proyectos como ‘Plantémonos’, en los que participa la Universidad de León (ULe), han permitido sensibilizar a miles de escolares sobre las causas y consecuencias de los incendios, así como sobre comportamientos preventivos en el medio natural.
El estudio subraya que el ApS es una herramienta «altamente eficaz» para mejorar la transferencia del conocimiento científico a la sociedad y fortalecer la implicación ciudadana en la defensa del medio natural.
Pero detecta varios retos: la falta de continuidad anual de muchos proyectos, la necesidad de indicadores a largo plazo que midan cambios en el territorio y en el comportamiento social, y el escaso reconocimiento académico de este tipo de iniciativas.
Los autores reclaman también mayor financiación para cubrir materiales, transporte y recursos técnicos, esenciales especialmente en las acciones de campo.
A pesar de estas limitaciones, la investigación recoge que Plantando Cara al Fuego ha logrado generar «una red de colaboración sin precedentes» entre universidades, administraciones, centros educativos y entidades locales, y propone consolidar esta metodología como estrategia clave para afrontar los desafíos ambientales derivados del aumento de incendios forestales.
La movilización universitaria demuestra que la educación superior puede ser una herramienta decisiva frente a uno de los mayores desafíos ambientales del país. Formar a miles de jóvenes comprometidos y capacitados es una inversión estratégica para proteger los bosques, el territorio y el futuro común. Seguir leyendo en MEDIO AMBIENTE





















