La recogida se realizó mediante una red suspendida en el árbol que cualquier peatón con un mínimo de curiosidad podía contemplar.
¿Cómo surgió esta idea?
De mi curiosidad sobre el potencial que tiene una encina para producir bellotas. Esto me llevó a escoger una en el centro de la ciudad de Barcelona, concretamente una encina de los jardines de la Plaza Villa de Madrid. Después tuve que pedir permiso al ayuntamiento para poder hacer la recolección, lo que no fue sencillo. Esta encina de la Plaza Villa de Madrid reunía varias condiciones favorables: está situada en unos jardines que de noche se cierran y es un lugar donde pasa mucha gente porque une la Rambla con el Portal del Ángel. La recogida se realizó mediante una red suspendida en el árbol que cualquier peatón con un mínimo de curiosidad podía contemplar.

¿Por qué se llama encina de Bigas Luna?
Él creía que cada persona tenía que buscar su árbol, un árbol con el que sintiera una identificación fuerte, que de alguna manera fuera el espejo de la esencia de uno mismo, de la personalidad profunda. La idea que hay detrás es que buscando el árbol que te represente te podrás conocer mejor. Durante su vida primero se sintió representado por una pita y, cuando hizo 60 años, experimentó un cambio que lo llevó a identificarse con un algarrobo. La encina de Bigas Luna ya es cosa nuestra.
Un día, en una conversación con su hija, cuando ya no estaba entre nosotros, hablamos de la capacidad de multiplicación que Bigas tenía en muchos sentidos. Aparte de su actividad cinematográfica y artística, había sido capaz de convertir un sencillo huerto en una pequeña explotación muy rentable, que incluso le daba para vender parte de la producción por Internet.
Teniendo muy presente esta virtud suya, surgió la idea de escoger un árbol que llevara su nombre y de alguna manera le recordara. La verdad es que su muerte no tuvo mucha repercusión mediática y eso nos hacía estar un poco dolidos. Pensamos que un reconocimiento no pasaba por poner su nombre a una plaza, como se suele hacer convencionalmente, sino que había que hacerlo de manera singular.
Y así fue …
El 14 de marzo de 2014 pasó a llamarse oficialmente la encina de Bigas Luna y ya está en el listado de los árboles de la memoria que recuerdan hechos, acontecimientos o personas de la ciudad. Lo único que queda es ponerle algún tipo de placa conmemorativa. En abril del año que viene hará tres años de su muerte y sería el momento oportuno.
Con ello no sólo se rinde un homenaje, sino que se divulga esta visión sobre los árboles de Bigas Luna que quizás muchos que conocen su obra cinematográfica probablemente ignoran.
Efectivamente. La verdad es que, aparte del tema de los árboles, tenía una visión religiosa del contacto del hombre con la naturaleza a través de hechos ceremoniales sencillos pero a la vez muy significativos como, por ejemplo, hacer pan para los hijos. Esto que podría parecer un capricho burgués, él era capaz de convertirlo en un instrumento de comunicación real. Lo filmaba y lo fotografiaba y lo incorporó a una exposición que se hizo en el IVAM de Valencia llamado Ingestum.
¿Cuál es en este momento la situación del proyecto?
En estos momentos hay 2.000 plantones de encinas que salen de las bellotas que recogimos y que hemos hecho germinar en el vivero municipal ‘Tres Pins’. Bueno, en realidad llegamos a contar 12.495, pero nos quedamos con 2.000.

¿Cuál es el reto ahora?
En principio consideré la idea de plantar los plantones en Collserola o en cualquier otro lugar, pero luego pensé que si quería que estos árboles tuvieran una vida más garantizada habría que custodiarlos. Son un bien común, como he dicho, por lo tanto ni se compran ni se venden. Lo que se ofrece es la posibilidad de custodiarlos y plantarlos donde la gente quiera y georeferenciar los mismos para poder hacer un seguimiento en el futuro. El reto es plantar 2.000 árboles este otoño todo el país. De esta manera habrá un vínculo de unión que será posible a través de la página web ‘elgrancapital’ donde se puede encontrar un servicio de información, de asesoramiento y de instrucciones y un manual pequeño. Es una acción que se desarrolla con el micromecenazgo y se ofrecen diversas posibilidades de aportación económica que están explicadas en Verkami. Todo ello hasta el 15 de octubre.
¿Qué pasará después?
El 17 de octubre haremos la asamblea general de accionistas en la Fundación Joan Miró de Barcelona. Durante este acto se hará entrega del título de accionista y de los plantones a las personas que hayan contribuido. Estarán invitados todos aquellos que se hayan inscrito como accionistas. Luego el proceso continuará durante el otoño, como he indicado antes. Iremos haciendo más convocatorias para llevar a cabo algunas acciones colectivas de plantación en diversos lugares.
Los futuros árboles ya no serán de Bigas Luna: se formarán nuevos vínculos personales …
Seguro. Todo el mundo sabrá que estos árboles derivan de la encina de Bigas Luna, pero cada uno vinculará su árbol o árboles a quien quiera, a las personas de su familia, amigos, etc. Hay otras posibilidades: por ejemplo una empresa que se ha implicado utilizará los árboles para compensar sus emisiones de carbono.
Nosotros explicamos en el manual como será el árbol en el futuro y qué crecimiento potencial tendrá. Al georeferenciar los mismos y poder seguir el desarrollo, hacemos que la comunidad de personas que han participado en el proyecto también tenga continuidad. Y en el futuro, lógicamente, iremos teniendo buenas y malas noticias a partir de la evolución de cada ejemplar. Algunas prosperarán y otras morirán.

Quisiera detenerme en una cuestión de lenguaje que imagino que es intencional: el proyecto se llama El Gran Capital y usted habla de los accionistas. ¿Lo puede explicar?
El Gran Capital se refiere al capital natural que está formado por los recursos naturales, estos bienes comunes de que ha dispuesto la especie humana desde siempre. Un capital que a veces contemplamos con falta de respeto, o directamente ignoramos. A partir de ahí pensé que este proceso de recogida de bellotas tendría una gran fuerza educativa por facilitar la comprobación de la cantidad de vida potencial que podía surgir de un solo árbol. En cuanto al concepto de accionista, no hay que entenderlo de manera convencional, sino como la persona que pasa a la acción. Normalmente un accionista pone dinero para obtener unos réditos sin hacer nada. Efectivamente, es un cambio semántico intencional. Hay un intento de regenerar el lenguaje en sus conceptos más básicos y esenciales.
Aparte de la concordancia de elementos de la personalidad de Bigas Luna con la encina, que ya ha explicado, ¿qué destacaría usted de las encinas?
La encina es el árbol ibérico por excelencia, el más numeroso que hay en la península, con diferencia, seguido del pino. Podemos estar hablando de 1.000 millones de árboles. El segundo hecho es que nosotros cuando vemos las encinas no nos damos cuenta de que son un refugio extraordinario de vida y que en el pasado constituyeron el principal recurso energético y alimentario para los humanos en esta región del mundo. Cuando no había todavía la agricultura y éramos recolectores, las bellotas tenían una importancia enorme porque constituían la base de la alimentación. Se trituraban y se convertían en una harina básica para hacer panes de diferentes calidades mezcladas con otros cereales. A partir de los romanos todo esto fue desapareciendo.

¿Con esta iniciativa como se siente? ¿Como un activista? ¿Como un artista?
Plantar árboles es una actividad profesional importante. Hay miles de viveros que lo hacen y nosotros estamos hablando de una acción exigua porque 2.000 ejemplares es muy poco, pero le estamos dando un sentido nuevo, entre el activismo, el arte, y la educación. Habido acciones similares en otros momentos y en otros lugares, sin ir más lejos en la feria Documenta de Kassel hace varios años un artista plantó 7.000 robles y esta acción se replicó en diferentes lugares. Esto es artivismo.
¿Vida y arte tienen a veces límites difusos, no?
La simplicidad de la vida hace que cualquier acción que esté relacionada pueda ser vista una obra de arte. Y a veces sin tener la intención pasan cosas como lo que sucedió en 2004: Bigas Luna plantó un huerto en un patio de la Fundación Miró y había gente que preguntaba si era una obra más del museo. ¡Es magnífico! Quien logra hacer esto no es necesariamente un artista; es una persona capaz de buscar la vertiente artística y espiritual que tiene el hecho vital. Y lo que puede obtener, como en este caso, es desvelar la conciencia de un número determinado de personas.
¿Predomina un concepto equivocado de la vida?
El pensamiento ecológico es un humanismo de nuestro tiempo y tiene en cuenta a las futuras generaciones. Justamente los árboles tienen este simbolismo transgeneracional y representan la veneración por la vida. La vida no es una serie de estantes en un supermercado donde podemos coger lo que nos convenga en función del dinero que tenemos, sino que implica compartir nuestra presencia en este planeta con los otros seres vivos.
¿La iniciativa del Gran Capital se podrá repetir o replicar en otras ocasiones?
Esto vendrá condicionado por la respuesta que se produzca ahora. Claro que podemos repetir una recolección, pero lo haremos en todo caso de una manera nueva. Podríamos pensar, por ejemplo, que cada uno se llevara las semillas a casa, caso de no tener un vivero disponible. Pero lo importante es que se pueda mantener la intencionalidad pedagógica. De hecho, existen otras iniciativas que van por este camino, como la que se hace en un pueblo de Mallorca, donde cada año se plantan árboles en función de los ciudadanos que han ido a vivir. Es como un bautizo civil para crear sentido de comunidad y de cohesión social. La gracia de todo este tipo de iniciativas más que la invención es la reformulación de prácticas que ya existen.













