Papa Francisco I: ecológico pero no mucho

Publicado el: 12 de julio de 2016 a las 09:07
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Papa Francisco I: ecológico pero no mucho

“Mucha gente en el mundo se pregunta cómo se entiende que un personaje público que comenzó su mandato al frente de una enorme cantidad de fieles, con una encíclica llamada “Laudato si” orientada concienciar acerca del cuidado del Medio Ambiente y de la diversidad (entre otros puntos), acabe dando su apoyo tácito al maltrato animal”.

¿Un papa ecológico?



Así se titulaba el artículo publicado hace un año en estas mismas páginas, donde explicábamos la posición que estaba tomando el Vaticano por medio de su líder, el Papa Francisco I, quién también es la autoridad máxima del país (el Estado de la Ciudad del Vaticano) con referencia al medio ambientalismo y que al mismo tiempo era una llamada a la responsabilidad de su cuidado de forma integral.

Recordemos que una encíclica es una carta solemne que el Papa usa como medio de informar a los fieles acerca de ciertos temas y donde además de transmitir su posición personal y la oficial de la Iglesia al respecto, les invita a la reflexión y les transmite una serie de consejos y sugerencias.



La mencionada encíclica que vio la luz en junio del año pasado y que traducida del latín significa “Loado Seas”, era la segunda del actual Papa y en ella se reflejaba su honda preocupación por temas tan candentes como el Calentamiento Global, la responsabilidad de todos ante la realidad de la crisis del Medio Ambiente que padecemos y la “deuda climática”.

Solicitaba directamente el reconocimiento de cristianos y no cristianos de la existencia del problema, explicaba que no se le puede achacar las culpas de lo sucedido a ningún Dios y pedía la implicación de todos los seres humanos a la hora de ayudar a revertir la situación actual.

En el ámbito de la biodiversidad hablaba específicamente de que el Calentamiento Global afecta tanto a las plantas como a los animales (en especial los que se hallan en peligro de extinción) y que se debían usar todos los medios posibles para contrarrestar los efectos del mismo y proteger a todos los seres.

El momento de la discordia

En junio de este año, en una reunión con acróbatas, payasos, trabajadores de carnaval, artistas callejeros, músicos, cirqueros y magos, en la sala Pablo VI y como parte de una peregrinación de dos días a Roma para el Año de la Merced, Francisco agradeció a los artistas por traer belleza y alegría a un mundo a menudo oscuro y triste.

Habló de que estos espectáculos siembran semillas que hacen que las personas se vuelvan buenas, los llamó «artesanos» de maravillas, de la belleza y la celebración y alabó su capacidad para levantar el ánimo de la gente y ofrecer a las comunidades un «sano entretenimiento».

Pero en medio del festejo, no se le ocurrió nada mejor que acariciar a un tigre (de esos mismos que están en peligro de extinción) y a una pantera bebé que también acudieron a la audiencia papal. El cachorro de seis meses era entretenido por su domador con un biberón, pero se notaba su nerviosismo,

Tanto que cuando el pontífice se le acercó e intentó tocarlo por detrás, el tigre se asustó y le provocó un sobresalto al Papa. Superado el incidente, Francisco con su habitual sonrisa y desenvoltura le dijo al animal que era un ser muy potente y le acarició, mientras era ovacionado por los presentes.

Finalmente les dio las gracias a todos por ofrecer espectáculos de entrada gratuita a los pobres, a las personas sin hogar, a los presos y a los niños desfavorecidos durante el Año de la Merced y llamó a sus fieles a eliminar de sus vidas las actitudes perjudiciales que marginan a estos artistas.

¿Qué se entiende de la actitud papal?

En primer lugar que está de acuerdo con que existan circos con animales salvajes, de lo contrario se hubiera ocupado de que éstos no estuvieran presentes, por más ilusión que le hiciera acariciar un tigre o una panterita.

En segundo lugar se sobreentiende que no está de acuerdo con las campañas que se están llevando a cabo para concienciar a la gente de que no concurra a este tipo de espectáculos, donde animales que deberían estar libres son obligados (mediante diversas formas de maltrato, nunca con palabras bonitas y sugerentes) a realizar actos que van en contra de su naturaleza.

Esto se infiere de sus palabras acerca de la “marginalidad”, aunque hay que ser justos y entender que ese término también engloba las actitudes que muchas personas suelen adoptar respecto a los artistas y músicos callejeros, los malabaristas, etc.

Por otro lado no hay que olvidar que en más de una ocasión el Papa se ha quejado del “desmedido interés” que muchas personas sienten por los animales, aunque luego matizó que “todos nos encontraremos con nuestras mascotas en el cielo”.

¿Coherencia?

Por más que le demos vuelta al asunto no nos parece coherente que un personaje público que por su posición e innegable carisma tiene la posibilidad de influir en el pensamiento y comportamiento de millones de personas, asuma una actitud tan ambigua ante una manifiesta forma de maltrato animal.

O se defiende la naturaleza y se pide que se la cuide, incluido el respeto y la protección de los seres que por culpa de los humanos se encuentran en peligro de extinción (y la cautividad es una de las formas que más contribuyen a ello) o se alaban los circos con animales y se es cómplice de la doma de especies salvajes, acariciándolos en público.

Una actitud tan equívoca no ayuda en nada a que los seres humanos tengan la necesaria conciencia animalista para respetar y defender a quienes no tienen voz, ni aporta un ápice de la imprescindible educación, que es la clave para superar estos aberrantes comportamientos (in)humanos.

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