Dos linces y un lobo atropellados en menos de diez días

Una de las iniciativas que se ha demostrado más eficiente es la construcción de pasos elevados o ecoductos que funcionan como una extensión del medio natural por encima de las carreteras. Estas infraestructuras son preferibles a los pasos subterráneos para el paso de animales, ya que evitan la posibilidad de que la fauna identifique los túneles como trampas y no pase por ellos.

Al inicio de este mes de agosto ha comenzado cobrándose tres víctimas en la carretera. La primera, una loba, fue encontrada el 3 de agosto en el kilómetro 80 de la A-1 cerca del municipio de Piñuécar-Gandullas, en Madrid. A este atropello se han unido en escasos dos días otros dos linces ibéricos que fueron arrollados en Granada y Huelva. Los datos no mejoran las estadísticas del último bienio, puesto que a lo largo de un año y medio las carreteras españolas se han cobrado la vida de 13 linces ibéricos, y 3 lobos en el caso de las madrileñas. Ambas especies se encuentran protegidas: la Directiva Hábitats salvaguarda la vida del lobo y el lince está declarado como especie en peligro de extinción.

PACMA pide el desarrollo de medidas como pasos elevados renaturalizados y de estudios ambientales previos a la construcción de carreteras que fragmentan espacios naturales para evitar siniestros que pongan en riesgo la vida de persona y animales.

Los mamíferos no son los únicos afectados por la construcción de carreteras en entornos naturales, sino que también afecta a la avifauna. Una investigación realizada por la Universidad de Griffith de Australia muestra que, en las zonas naturales no afectadas por vías de tráfico, la densidad de aves es mucho mayor y que, cuantos más carriles tienen las vías, mayor es la confusión de estos animales, que emplean los cortes en la vegetación para marcar las zonas para el desarrollo de su vida.

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Una de las iniciativas que se ha demostrado más eficiente es la construcción de pasos elevados o ecoductos que funcionan como una extensión del medio natural por encima de las carreteras. Estas infraestructuras son preferibles a los pasos subterráneos para el paso de animales, ya que evitan la posibilidad de que la fauna identifique los túneles como trampas y no pase por ellos.

Una investigación realizada por la consultoría medioambiental Land Use, bajo petición del gobierno Británico, “Green Bridges – a literature review”, demuestra que la puesta en marcha de estos “puentes verdes” reducen significativamente el impacto medioambiental de las carreteras instaladas en entornos naturales y mejoran la habitabilidad de las especies residentes en esas áreas.

España está a la cola de este tipo de propuestas en las que países como Canadá, Alemania o Países Bajos son pioneros. En este último hay un total de 600 puentes de fauna, tanto superiores como inferiores, de los que el más representativo se sitúa en Woeste Hoeve, en la A50.

Este tipo de construcciones se conforman como una línea más de la extensión natural de los parajes. El sendero curvado y redondeado recrea la sensación de un valle más seguro para la migración de la vida silvestre.

En el Parque Natural de Banff (Canadá) se han distribuido un total de 35 pasos subterráneos y seis puentes elevados que les han permitido monitorizar a más de 200.000 animales que cruzan por ellos desde 1996, incluyendo osos, alces y pumas.

Otros ejemplos de este tipo de construcciones se encuentran en EEUU, Francia o Alemania. En España también se dan algunos ejemplos, aunque, en base a los datos de siniestros con animales se hacen necesarios muchos más. En la A-66, entre Benavente y León, se ha construido un ecoducto por el que cruzan corzos, zorros o jabalíes.

Además de este ejemplo, a lo largo de M 501, en Madrid, hay habilitados dos pasos elevados y otros subterráneos para el tránsito animal, con los cuales se ha observado un descenso notable de la siniestralidad por atropello de especies animales, como aseguraba Antonio Beteta en su etapa como Consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid.

Las facilidades que ofrecen estos pasos, más allá de la protección de los animales, los convierten en un recurso muy importante para los estudios medioambientales, ya que permiten el monitoreo en vivo de especies y contribuyen a un mejor conocimiento de la fauna, el medioambiente y los avances en la ciencia. Asimismo, la construcción de este tipo de edificaciones beneficia a las personas, puesto que se ha comprobado la disminución de la siniestralidad en aquellas áreas donde se sitúan estos ecoductos. Por ejemplo, según muestra el estudio “Green Bridges”, un paso elevado implantado en Suecia, junto a la instalación de vallas de carretera, redujo los accidentes causados por el atropello de ciervos en un 70%.

Desde PACMA pedimos a las autoridades la puesta en marcha de planes de trabajo para la construcción de este tipo de edoductos que, junto a otras iniciativas como las barreras antiatropello, los conectores de paisaje o vallados perimetrales, protejan la vida de animales y personas.

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