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miércoles, febrero 8, 2023

La mortalidad de la Posidonia aumenta un 3% por cada grado que sube la temperatura en el Mediterráneo, según el CSIC

Una de las autoras del trabajo, que acaba de ser publicado en Global Change Biology, la investigadora del CSIC Núria Marbà, explicó que «el calentamiento del mar Mediterráneo no provoca cambios apreciables en la aparición de nuevas plantas, pero sí una pérdida neta de plantas y la regresión de la pradera».

   Asimismo, concretó que «la mortalidad aumenta tanto al superarse el umbral de temperatura de 28 grados centígrados, por encima del cual se dispara la mortalidad de las praderas de posidonia, como al aumentar la duración de los periodos de temperaturas anómalamente cálidas».

   De esta forma, los investigadores midieron durante cinco años la temperatura del agua de mar a 17 metros de profundidad y cada año se registraron tanto la tasa de mortalidad como los nacimientos de la planta. Así, durante el periodo de estudio, la temperatura máxima anual del agua fue, en promedio, un grado superior a la que se había registrado durante la década de los años 90 en la zona costera estudiada. Las praderas más afectadas fueron las más profundas, que continuaron experimentando pérdidas en los años siguientes a los de las olas de calor.

   Los modelos climáticos existentes, según los escenarios de emisiones proyectados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, predicen para finales del siglo XXI un aumento de la temperatura del mar Mediterráneo de 4 grados. Esto supondría, según el coautor del estudio y también investigador del CSIC Carlos Duarte, que «la tasa de pérdida de praderas de posidonia oceánica a finales de este siglo podría triplicar la tasa actual». «El impacto podría ser aún mayor si aumentasen la frecuencia y magnitud de las olas de calor durante el siglo XXI», apostilló.

   Por último, Núria Marbà señaló que «el calentamiento global supone una nueva amenaza para estas praderas, que se debe combatir reduciendo los estreses locales y mitigando el cambio climático, lo que requiere de acciones globales» e insistió en que «estos hábitats protegidos constituyen sumideros de CO2 fundamentales, protegen la línea costera de la erosión y son un importante reservorio de biodiversidad».

ECOticias.com – ep

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