Microislas, macrodiversidad…

En España hay repartidas unas 1.450 islas, islotes roques, peñas y peñones, que no superan las 1.000 hectáreas de superficie. La cifra tan redonda no se ajusta con exactitud al número real, ya que lo que en algunos lugares son considerados plenamente islas en otros no pasan de rocas o promontorios rocosos ligeramente apartados de la costa.

Lo que sí es cierto es que muchas veces pasan inadvertidas, sobre todo si no tienen el cartel de parque nacional u otra categoría de protección de relieve, y ningún anuncio o folleto las utiliza como reclamo turístico. Otras son perfectamente conocidas por los visitantes y aparecen retratadas en multitud de fotografías de viaje.

A pocos de esos viajeros, o incluso paisanos, que se topan con alguna de las más de 1.400 micro-islas les da por observar la rica biodiversidad que atesoran dentro y fuera de sus aguas estos pequeños trozos de tierra sumergida.

La gran mayoría están protegidos bajo alguna figura oficial y/o se encuentran declarados lugares de importancia comunitaria (LIC) o zonas de especial protección para la aves (ZEPA) y, por tanto, forman parte de la Red Natura 2000.

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Motivos hay para preservar, puesto que son claros ejemplos de una biodiversidad que tiene que ser debidamente conservada, pero que aún no lo está. Al menos así nos lo dicen desde la Unión Europea. La última revisión de la lista de espacios marinos propuesta por el Gobierno español y las comunidades autónomas para formar parte de la Red Natura 2000, realizada en junio de este año, ha recibido el calificativo de “incompleta“.

En el caso de las zonas de las ZEPA, se han propuesto hasta el momento 33 lugares, que abarcan una extensión de 1.034 kilómetros cuadrados. En cuanto a LIC, España ha presentado una lista de 97 lugares y 7.926 kilómetros cuadrados. En ambos casos, Francia, con menos kilómetros de costa, nos supera.

El Gobierno español es consciente del retraso anunciado desde Bruselas, y así se reconoce en el preámbulo de un proyecto, Indemares, que intenta corregir este desfase: “En el ámbito marino, la Red Natura se encuentra en un estado de desarrollo embrionario. Los altos costes y la complejidad para realizar inventarios en zonas alejadas de la costa y a grandes profundidades dificultan la disponibilidad de la información científica sobre hábitats y especies que debe guiar la identificación de los espacios a incluir”. El proyecto LIFE + Indemares, coordinado por la Fundación Biodiversidad, busca identificar esos espacios, y para ello dispone de tres años (hasta el 31 de diciembre de 2013) y de 15,4 millones de euros de presupuesto, cofinanciado por la Comisión Europea en un 50%.

Oceana es una de las nueve entidades (ONG, Administración y organismos científicos) que participan en Indemares, aunque su director de investigación y proyectos, Ricardo Aguilar, entiende que “hasta ahora solo se han elegido diez zonas como objeto de estudio, lo que nos parece claramente insuficiente, incluso como punto de partida, por lo que esperamos que se acepten algunas más”. Tanto Oceana como WWF, con la colaboración del Instituto Español de Oceanografía y de varios centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, llevan años elaborando trabajos e inventarios con las áreas marinas a proteger.

El listado de islas que aparecen en dichos inventarios es muy amplio, máxime si se incluye el reciente de áreas importantes para la conservación de las aves elaborado por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).

En la actualidad existen 25 reservas marinas de este tipo: en cinco de ellas, la gestión la realiza la Secretaría General del Mar del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM); en otras cinco la comparte con las comunidades autónomas, y en las restantes 15 son estas últimas las únicas gestoras. Aunque el objetivo principal es salvaguardar las poblaciones de interés pesquero (la iniciativa de protección siempre surge de pescadores artesanales), también estas forman parte de la biodiversidad marina y ayudan a mantener un ecosistema más equilibrado. “Después de más de 20 años trabajando en Columbretes podemos decir que si escogemos una especie singular, como la langosta roja, la densidad de la misma dentro de la reserva es siete veces mayor que fuera”. Lo afirma Silvia Revenga, jefa de servicio de áreas marinas del MARM, quien añade que “gracias a las investigación, en estas zonas hemos detectado también cómo el cambio climático favorece el desarrollo de especies invasoras o el blanqueo de coral”.

Revenga insiste en que “al proteger el recurso pesquero protegemos todo, y en algunos casos devolvemos el ecosistema marino a un estadio casi primigenio, previo a cualquier alteración humana”. Además de Alborán y Columbretes, Hormigas (Murcia), Tabarca (Alicante), Graciosa (sur de Lanzarote), Medas (Girona), Malgrats (Baleares) y Aketxe (Vizcaya), entre otras islas e islotes, gozan de esa protección pesquera, pero con proyección mucho más integral.

De momento solo el 0,75% de la superficie marina española está protegida, avanza Ricardo Aguilar: “Baleares, con el 3%, se sale un poco de esa media, pero es que las recomendaciones de los principales organismos internacionales hablan de llegar al 10% en 2012“. Las ONG se quejan de que en muchas ocasiones se protege la porción terrestre y algo de la marina, pero no el resto de los fondos adyacentes.

Pero para conseguir una efectiva protección antes hay eliminar las amenazas. En el reciente inventario de áreas marinas importantes para las aves de SEO/BirLife se recopilan una muestra de la actuales y las potenciales: animales domésticos que depredan especies autóctonas, caza ilegal de pollos de aves marinas, urbanismo y contaminación lumínica, pesca intensiva, navegación y actividades deportivas (buceo, surf, vela) e instalación de parques eólicos marinos.

Vía El Paísiniciativasambientales.novaxove.com.

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