Los OMG´s necesitan más pesticidas químicos

Charles Benbrook, antiguo secretario de la Academia de las Ciencias para Asuntos Agrícolas de Estados Unidos, se basa en cuatro años de datos oficiales del Ministerio de Agricultura norteamericano y llega a las conclusiones inversas. A largo plazo, los OMG’s no solucionan el control de las plagas, sino que pueden empeorarlo. Este artículo se publicó en un número atrasado de The Ecologist, pero su contenido es más vigente que nunca.

Los herbicidas del maíz representan alrededor del 40% del tonelaje de herbicidas, insecticidas y fungicidas usados anualmente por los agricultores estadounidenses (ERS, 1997). La soja es el segundo mercado, con aproximadamente 30.000 toneladas utilizadas anualmente. Reducir el uso de pesticidas, minimizar los daños al medio ambiente y los riesgos para la salud pública en las regiones de producción de maíz y de soja depende ampliamente, pues, de la innovación en materia de control de las adventicias de estos dos principales cultivos.

SOJA RR Y HERBICIDAS
Se pueden extraer cuatro conclusiones de los cuatro años de datos (1997-2000) sobre el uso de herbicidas en la soja (ERS, 1999; Duffy, 1999; Benbrook, 2001a):

-La cantidad media de herbicida usado en la soja RR es de 2 a 10 veces superior a la cantidad de herbicida usado cuando el control de las adventicias está asegurado por herbicidas a base de Imidazolinona y de Sulfonylureas a pequeñas dosis, lo que representa un 30% de la superficie de soja RR.
-Se usa una cantidad de herbicidas/ha ligeramente inferior para la soja Roundup Ready (RR) en comparación con la soja convencional.
-Se usan, de media, menos ingredientes activos/ha en la soja RR.
-El uso de herbicida en superficie en soja RR aumenta gradualmente debido a las modificaciones de las especies adventicias, a la constitución de reservas de semillas adventicias relacionadas con la dispersión de semillas a fin de temporada y al aumento de la resistencia al glifosato en ciertas especies de adventicias (Hartzler, 1999; HRAC, 2001)
-Si la soja RR no ha reducido el uso de herbicida, ha sido un éxito comercial notable para el fabricante de los insumos. El agricultor lo ha adoptado porque simplifica mucho el control de las adventicias de la soja y le da cierta libertad en la gestión de las adventicias (Gianessi y Carpenter, 2000; ERS, 1999).
Algunos agricultores prefieren la soja RR ha aportado porque es una alternativa a los herbicidas a pequeñas dosis. Más del 65% de la soja cultivada en Estados Unidos en 2001 fue RR.

EL CASO DEL MAÍZ
Por su parte, el uso de herbicidas en el maíz ha crecido de forma notablemente regular. Desde 1971, la cantidad de materias activas distintas utilizadas en promedio para una hectárea de maíz ha aumentado desde 1,09 hasta 1,75 en 1982 y 1,98 en 1991 (NASS, diversos años). Esta tendencia ha seguido durante los años 1990 hasta alcanzar 2,7 materias activas en el 2000.
Además, los herbicidas dominantes del maíz han cambiado muy poco durante este periodo, tanto si se les mide en porcentaje de hectáreas tratadas como en tonelaje. Cada año, se usa la Atrazina en aproximadamente un 30% de la superficie de maíz y representa aproximadamente un 35% del tonelaje (Benbrook, 2001b). Los herbicidas Acetanilida como el Alacloro (ampliamente reemplazado por el Acetacloro en 1994-1995 en Estados Unidos) y el Metacloro (reemplazado por S-Metacloro en 1998-2000) representan igualmente un 30% de la superficie tratada y más de un 40% del tonelaje.
La cantidad media de herbicida usado en el maíz ha pasado por un máximo de aproximadamente 3,4 kg/ha en 1982 y ha oscilado entre 2,9 y 3,1 kg desde 1991 hasta 1997. La primera reducción significativa se ha producido en 1998 cuando la cantidad ha pasado de 2,96 a 2,78 kg/ha, según los datos USDA/NASS.
El maíz Roundup Ready fue comercializado en 1997. No hay ninguna fuente pública precisa de datos sobre la superficie plantada de maíz RR. Se la puede estimar, a groso modo, a partir de las cifras de utilización de pesticidas del Ministerio de Agricultura (USDA). Suponiendo que el uso del glifosato para el cultivo sin labranza era el mismo que en 1999-2000, aproximadamente un 4% de la superficie se hallaba plantada con variedades RR.
Monsanto preconiza varios programas de control de las adventicias del maíz RR que van desde un sistema exclusivamente glifosato hasta sistemas mixtos, que combinan un herbicida persistente de preemergencia o de siembra, seguido por el Roundup en post-emergencia o un programa enteramente de post-emergencia, con aplicación de un herbicida persistente post-emergencia más el Roundup (Monsanto, 2000a y 2000b). El programa enteramente Roundup exige de media dos tratamientos de glifosato. En 1999, el tratamiento promedio era de 0,79 kg/ha, o sea 1,58 kg/ha de Roundup de promedio por ha de maíz RR.
El 70% de la superficie de maíz RR se hacía en sistema mixto. El agricultor aplica antes o en el momento de la siembra una mezcla promedio de 0,9 kg/ha de un producto persistente anti-cotiledones como la Atrazina, más 1,36 kg/ha de un herbicida Acetanilida para el control de las gramíneas (ver las dosis recomendadas en las etiquetas de Roundup o en las de herbicidas que contienen una mezcla de Atrazina y de Acetanilida).

AUMENTO DE HERBICIDAS
El uso total de herbicidas en el marco del sistema mixto es en promedio de 3,1 kg, de los cuales el Roundup representa el 0,84 kg del total. Los datos de la USDA indican que la cantidad media de herbicida usado en el maíz RR ha aumentado de aproximadamente unos 2,81 kg en 1999 hasta 3,1 kg en 2000 (Benbrook, 2001b). La cantidad usada en el maíz convencional era de 2,53 kg en 1999 y de 2,24 kg/ha en 2000. Consecuentemente, la cantidad media de herbicida/ha usado en el maíz RR es aproximadamente superior en un 30% a la que se utiliza en el maíz convencional.
Cuatro años de experiencia y de datos muestran que el sistema de gestión RR de las adventicias exige un aumento modesto o moderado de la cantidad de herbicida usado. Además, las dosis tienen tendencia a crecer por el hecho de la proporción creciente de especies tolerantes a un herbicida de contacto como el glifosato en las poblaciones de adventicias, del acrecentamiento de la tolerancia y/o de la resistencia de ciertas especies y de una mayor presión de las adventicias, que tienden a producir sus semillas más tardíamente en los cultivos de plantas RR.

VARIEDADES Bt
Las tecnologías transgénicas Bt imitan los sistemas químicos de gestión de los devastadores basados en la química. Simplemente, la toxina es producida y proporcionada por la misma planta. Los impactos de las variedades Bt sobre el uso de insecticidas son complejos y variables.
En el caso del maíz Bt, los datos de la USDA muestran que los tratamientos insecticidas, que apuntan directamente a la piral europea (Ostrinia nubilabis), han pasado de un 4 a un 5% de la superficie desde 1995 hasta 2000. Además, se utilizan otros varios insecticidas para controlar a la vez a la piral y a la crysomela de las raíces del maíz (Diabotrica virgifera). Una parte de la superficie así tratada debe ser pues contabilizada en la superficie de maíz tratada contra la piral (EPA, Benefits Assessment, 2000). Un 7,3% de la superficie de maíz fue tratada contra la piral en el año 2000, contra aproximadamente 6,75% en 1995. El uso de insecticida que apuntaba a todas las plagas ha permanecido estable en un 30% de la superficie de maíz (EDF y UCS, 2001a) durante el año 1990.
Por su parte, el algodón Bt ha reducido fuertemente el uso de insecticidas en varios estados. Cerca de la mitad de los tratamientos/ha apuntan parcial o únicamente a las plagas del brote o de la flor (RBT) que son también el objetivo del algodón Bt. En promedio, una hectárea de algodón recibía 2,21 tratamientos/ha con insecticidas destinados a los RBF en 1992. El número de tratamientos/ha culminó en 1995 a 3 y cayó a 0,77 en el 2000 (EDF y UCS, 2001 ha).
La cantidad de insecticida utilizado contra el complejo RBF cayó en aproximadamente 0,56 kg/ha al principio de los años 1990 hasta 0,315 kg/ha en el 2000. Dos factores permiten explicar esta importante disminución. Por una parte, el programa de erradicación del antónomo del algodón (Anthonomus grandis) y, por otro lado, el algodón Bt, particularmente en el oeste de Estados Unidos.
Pero las tendencias del uso de los insecticidas del algodón deben ser estudiadas cuidadosamente para identificar precisamente las relaciones de causa-efecto. La disminución más neta del uso de los insecticidas contra el complejo RBF recayó en el Metyl Paration, el Profenofos y el Thiodicarb. Los dos primeros son organofosforados muy tóxicos que han provocado problemas de resistencia y han acarreado medidas de restricción. La mayor parte de la disminución de su uso se produjo al final de la temporada 1996, antes del uso del algodón Bt.
En los estados en los que la adopción fue masiva, como Arizona, el número de tratamientos RBF cayó considerablemente de 3 en 1994 hasta apenas 0,1 en el 2000 (EDF, UCS, 2001a). Sólo 1,8 toneladas de insecticida RBB fueron utilizadas en Arizona en 2000, contra 446 toneladas en 1995. Una gran parte de esta disminución puede ser atribuida al algodón-Bt, que fue plantado en más del 75% de la superficie de algodón (cf. Revised EPA Benefits Assessment).
Pero en Alabama, otro estado en el que la adopción del algodón fue masiva (62% de la superficie), los tratamientos RBF casi se han duplicado entre 1997 y 2000. Esta duplicación se ha acompañado del recurso creciente a sustancias muy tóxicas de amplio espectro de acción.
Los plantadores de algodón del Mississipi aplicaban desde ocho hasta nueve tratamientos por ha contra el complejo RBF en la primera mitad de los años 90; el muy tóxico organofosforado Metyl Paration representaba más del 40% del tonelaje y de los tratamientos por ha del algodón. El algodón Bt ha permitido a los plantadores del Mississipi reducir sus tratamientos/ha RBF de 9,36 en 1995 hasta menos de 0,6 en el 2000. La cantidad/ha ha caído de 3,1 kg hasta 0,225 kg en el 2000.
Pero, ojo, porque, en ciertos estados en los cuales la adopción del algodón Bt fue mínima, el número de tratamientos/ha también disminuyó de manera importante. En Texas (solamente un 7% del algodón es Bt), el algodón era tratado 1,3 veces con insecticidas RBB en 1995 y 0,65 veces en 2000 (una reducción de un 50%).

EN PERSPECTIVA
Las lecciones de cinco décadas de control de plagas con insecticidas pueden permitir prever el impacto a más largo plazo de cultivos de OMG’s en el uso de pesticidas.
Tres familias químicas han constituido lo esencial de los insecticidas del algodón de los años 60 hasta los años 80: los organoclorados (DDT, Aldrín/Dieldrín, Toxafeno, Clordano/Heptacloro); los organofosforados (Paratión, Malatión, Clorpyrifos entre otros); y los Carbamatos (Aldicarb, Carboruran, Carbaryl, Oxamyl). A mediados de los años 80, el uso de los Piretroides de síntesis se extiende (Permetrín, Cypermetrina, Esfenvalerato).
A mediados de los años 60, las resistencias provocaron la reducción del uso de los organoclorados (OC). Al final de los años 70, cae la utilización de esta familia química. Constituye actualmente una fracción mínima de la cantidad total de insecticida utilizado. El fin de los OC coincide con la introducción de los organofosforados (OP) y de los Carbamatos. Los OP y los Carbamatos son usados en menor cantidad (0,337 kg/ha hasta 0,9 kg) contra 1,125 hasta 1,7 kg por ha para los OC. A pesar de ello, las cantidades utilizadas de OP y de Carbamatos permanecen importantes, con impactos medioambientales mayores debido al número de tratamientos.
El tonelaje de OP y de Carbamatos se ha doblado desde la mitad de los años 60 hasta la mitad de los años 70. La resistencia de los insectos, producida por este uso excesivo, provocó el hundimiento brutal del uso de los OP y de los Carbamatos entre 1976 y 1998. ¡El aumento importante del uso de los OP en el 2000 se debe al uso de aproximadamente 11.000 toneladas (!) de Malatión en el marco del programa de erradicación del antónomo del algodón del Ministerio de Agricultura.
El “ciclo pesticida” empezó de nuevo al final de los años 70 cuando las resistencias redujeron la eficacia de los OP/Carbamatos, lo que por suerte coincidió con la introducción de los Piretroides de síntesis. Estos insecticidas se usan en muy bajas dosis (de 25 a 34 gramos por tratamiento y por hectárea). Así, la cantidad total de este producto de síntesis parece baja aunque esta familia química represente ahora tantos tratamientos/ha como los OP (sin contar las 11.000 toneladas de Malatión en el 2000).
La introducción de Piretroides sintéticos en los años 80 proporcionó a los plantadores de algodón una familia química nueva de la cual tenían urgente necesidad para utilizarla en alternancia con los OP y los Carbamatos. Se puede decir lo mismo del algodón Bt en 1996. Los ciclos de los OP, de los Carbamatos y de los Piretroides de síntesis han durado cada uno alrededor de un decenio. A pesar de las medidas de gestión de la resistencia de los insectos en vigor para las plantas Bt, no hay razón para pensar que la resistencia de los insectos sobrevendrá menos rápida en las regiones dónde los cultivos Bt ocupan una superficie importante (para una revista de los nuevos conocimientos, que pone en tela de juicio la confianza que se podía tener en estas medidas de gestión de la resistencia en el caso de los cultivos-Bt cf. EDF y UGS, 2001b). Un artículo fundador de “Proceedings of the National Academy of Sciences» titulado A total system approach to Sustainable Pest Management (Lewis et al., 1997) lo explica: “La transgenia y las tecnologías de este mismo tipo son herramientas potentes de un gran valor para la gestión de las plagas. Pero si su despliegue debe ser duradero, hay que utilizarlas en conjunción con una apreciación de las interacciones multitróficas y de manera que se anticipe a las contrareacciones en el interior del sistema. Si no, su eficacia será neutralizada por la aparición de resistencias como en el caso de los pesticidas” (Lewis et al., 1997).

FRACASO DEL CONTROL DE PLAGAS
Para estos autores, “el fracaso del control de las plagas está ligado al desconocimiento de la necesidad –y de las posibilidades– de administrar lo mejor posible las interacciones naturales entre la planta y su medio y al hecho de que cualquier intervención basada en toxinas provoca una contra-reacción que neutraliza su eficacia” (Lewis y al., 1997). Extraen una lección clave de las cinco últimas décadas de gestión de plagas: “La utilización de herramientas terapéuticas, sean biológicas, químicas o físicas, como medios esenciales de control de las plagas más que como suplementos ocasionales a los reguladores naturales para contenerlos en unos limites aceptables, viola principios unificadores fundamentales y no son duraderos” (Lewis et al., 1997).
Preocupaciones semejantes fueron formuladas después de la introducción de las plantas OGM (por Ej., cf la parte biotech de Benbrook et al., 1996). Las plantas tolerantes a los herbicidas y las plantas transgénicas-Bt, refuerzan la tentación del agricultor de acordar una confianza cada vez mayor a los pesticidas. Estas dos tecnologías simplifican los sistemas de gestión de las plagas y, consecuentemente, son más susceptibles de “contramedidas” puestas en evidencia por Lewis y al. (1997). Además, dichas tecnologías están fundadas en un único o en varios ingredientes activos o toxinas, lo que incrementa la probabilidad de que aparezcan resistencias.
Las dos tecnologías permiten a los agricultores y a los expertos en gestión de plagas seguir ignorando los problemas fundamentales que aseguran el fracaso del control actual de las plagas por los tratamientos. La puesta a punto y la comercialización de estas tecnologías fue muy costosa y sus beneficios serán verosímilmente de corta duración.
“¿Las plantas genéticamente modificadas reducen el uso de pesticidas?» Finalmente, esto es lo que menos importa. La cuestión importante sería saber si las biotecnologías en el sentido amplio podrán ponernos en el camino de sistemas de control biointensivo de plagas fundado en la prevención y usando métodos suaves (low-impact) para administrar los procesos y las interacciones del control biológico natural (Benbrook et al., 1996) y poner fin, de verdad, al ciclo infernal de los pesticidas. Por ahora, parece que no.

Charles Benbrook fue secretario de la Academia de las Ciencias para Asuntos Agrícolas de Estados Unidos. Hoy, es un conocido ambientalista americano

LA NATURALEZA RESISTE
MALAS NOTICIAS A LARGO PLAZO
-Los organismos atacados (sean vegetales o animales, contra los que se supone que se lucha) por las toxinas incorporadas genéticamente a las plantas se hacen resistentes a esas toxinas MG. Por lo que, con el tiempo, se hacen necesarias mayores cantidades de plaguicidas en los cultivos.
-Vegetales modificados genéticamente para ser resistentes a un herbicida transfieren, por polinización, esa resistencia a las llamadas “malas hierbas”. De esta manera, las plantas silvestres aledañas a los cultivos MG pueden hacerse más resistentes a los plaguicidas, por lo que, con los años, es necesario aumentar la cantidad o la toxicidad de éstos. En general, se están dedicando grandes cantidades en inversión para crear OMG’s que sean resistentes a todo tipo de plaguicidas y que éstos puedan ser usados indiscriminadamente. Sin hablar de las consecuencias en la salud humana, parece claro que, en modo alguno, se pretende aminorar el uso de estos productos tóxicos, sino aumentarlo. Las mismas empresas que investigan en OMG’s, como Monsanto o Syngenta, son las que expenden estos productos químicos nocivos.

http://www.vidasana.org/ – ECOticias.com

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