Sri Lanka se debate entre vendavales y ciclones después del tsunami

Sri Lanka, mar (IPS) – Las suaves olas de la sureña bahía srilankesa de Weligama, que bañan la pequeña aldea pesquera de Kaparratota, pueden resultar engañosas.

El 25 de noviembre del año pasado, la tragedia se ensañó con Kaparratota cuando vientos huracanados procedentes del norte enfurecieron el mar y causaron la muerte a 14 pescadores de esta aldea. Los cadáveres de 11 nunca pudieron recuperarse.

En total, 29 personas murieron en la costa sur de Sri Lanka, y alrededor de 10.000 edificios resultaron dañados. Weligama fue el área más afectada.

Muchos de los que soportaron la tormenta quedaron conmocionados por su ferocidad y porque amainó tan repentinamente como había surgido.

«Nunca supimos que venía una tormenta, nadie nos dijo… De repente el mar simplemente se alzó», relató a IPS el pescador Lamahevage Chandana, quien sobrevivió flotando siete horas en las olas, cuando su botecito fue destrozado.

Según expertos, la tragedia podría haberse evitado si habitantes como Chandana y las autoridades hubieran prestado más atención a los cambiantes patrones meteorológicos en este país insular.

En los últimos tiempos aumentó la frecuencia de los eventos meteorológicos extremos, dijo a IPS el director del Departamento de Geografía de la Universidad de Ruhuna, Mudalihamige Rathnayake.

«Los vientos huracanados que azotan pueblos y aldeas son reportados como ciclones o miniciclones, y no lo son», señaló. «Son creados por el aire más frío que se precipita a llenar el vacío que deja un aumento extremo de la temperatura en un área pequeña», agregó.

Los vientos huracanados son aquellos que alcanzan una velocidad de hasta 117 kilómetros por hora en la escala de Beaufort, y aunque no son tan fuertes como los vientos de los huracanes crean olas excepcionalmente altas y pueden derribar árboles de raíz.

Las estadísticas muestran que ahora hay menos días lluviosos, dado que el monzón causa precipitaciones en un periodo más breve. Esto fue lo que ocurrió entre enero y febrero de 2011, cuando las lluvias que deberían haber caído en un año cayeron en apenas un mes sobre partes de la Provincia Oriental, inundando cientos de aldeas.

El régimen cambiante de lluvias ha obligado a los técnicos a desarrollar variedades de arroz de rápida maduración, dijo a IPS el presidente del Instituto de Investigaciones Arroceras de Sri Lanka, Nimal Dissanayake.

«Las hemos desarrollado, pero necesitamos una mejor comprensión de los patrones de lluvias para recomendarlas», agregó.

Rathnayake llevó a cabo un estudio sobre el grado de conciencia que existía entre la población del sur del país sobre los cambios meteorológicos y se decepcionó con los resultados.

«Prácticamente no hay ningún conocimiento del cambio climático o sobre el tiempo cambiante. A nadie le interesa realmente saber cómo afrontar los desastres naturales», dijo.

A Rathnayake le sorprendió la falta de conocimiento y el desinterés, dado que la costa sur de Sri Lanka fue devastada por el tsunami asiático del 26 de diciembre de 2004.

A lo largo de la costa hay carteles que señalizan terrenos más altos y seguros adonde correr en caso de maremoto.

«Todos saben que tienen que correr si se produce un tsunami, pero no saben cómo actuar si hay un ciclón o un vendaval que estalla en poco tiempo. Nadie ni siquiera piensa que una sequía prolongada puede haber sido causada por el cambio climático», sostuvo Rathnayake.

Apenas 20 por ciento de los 1.520 kilómetros de costa de Sri Lanka son propensos a la erosión, pero la mayor parte de esa ribera vulnerable está en el sur y el oeste densamente poblados, que son los más afectados por los monzones.

En las provincias del occidente y el sur vive alrededor de 40 por ciento de la población. Económicamente, ambas aportan 47 por ciento del producto interno bruto, y el oeste es el centro financiero y administrativo de la isla.

Buena parte de la costa propensa a la erosión está protegida por una muralla de rocas, solución que ahora el Departamento de Conservación Costera considera contraproducente.

Las barreras construidas con rocas limitan la actividad económica y transfieren la erosión de una parte de la costa a otra, dijo a IPS el director general del Departamento, Anil Premarathne.

Esa oficina alienta «soluciones más blandas», como ampliar las playas, rellenarlas con arena, cultivar manglares y adoptar reglas estrictas de ordenamiento territorial. Pero como la costa está densamente poblada, Premarathne cree que es difícil incluso debatir estas opciones.

«En Sri Lanka necesitamos medidas estrictas para ordenar el territorio. Pero a menos que haya playas sin casas ni empresas cercanas –cosa que prácticamente no ocurre en el sur y el occidente–, esto no es fácil de implementar», señaló.

«Como la erosión se manifiesta a lo largo de muchos años, incluso décadas, no hay mucha preocupación. La gente no parece notar que ocurre ni está preocupada», añadió.

Ya hay algunas áreas urbanas costeras en riesgo por el aumento del nivel del mar.

Distritos ribereños como Gampaha, justo al norte de Colombo, obtienen por lo menos 40 por ciento del agua que consumen bombeándola del subsuelo, lo que aumenta el riesgo de salinización.

«La salinidad se incrementará en las áreas costeras si aumenta el nivel del mar. También hemos visto que la altura de las olas tiende a ser mayor durante los monzones», dijo Premarathne.

La Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático en Sri Lanka prioriza las medidas de adaptación, la creación de asentamientos humanos más saludables y la minimización de los impactos sobre la seguridad alimentaria para el periodo comprendido entre 2011 y 2016.

Como no es realista pensar en frenar el cambio climático, la Estrategia Nacional se centra en entender lo que hay que hacer y prepararse con medidas económicas y ambientales.

Pero la mayoría de la ciudadanía no se toma en serio el cambio climático.

«Estos incidentes ocurren… simplemente tenemos que vivir con ellos», dijo Chandana, muy tranquilo, incluso luego de su casi mortal experiencia.

A Rathnayake le preocupa esa indiferencia. «Estas cosas están más allá de nuestro control, pero podemos estar mejor preparados para enfrentarlas y salvar vidas», dijo.

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