Derechos de los animales, por una cosmética sin testar

Para que un producto cosmético ecológico sea “bio” de forma integral no puede haber sido testado en animales ni llevar ingredientes procedentes de algún tipo de mutilaciones del cuerpo del animal.

Según diversas fuentes, no hay ningún organismo que controle que las empresas no testan sus productos sobre los animales. El hecho de que la etiqueta de un producto cosmético o de higiene contenga información sobre que tal artículo no ha sido testado en animales es una decisión de la empresa fabricante del producto en cuestión. Puede ser cierto o no. La empresa puede poner esa información en el etiquetado o no, tanto si es verdad como si es mentira. Esto… siempre hablando de productos convencionales. Según la web de Matarrania, una empresa de cosmética ecológica certificada, “la ley que regula la fabricación de cosméticos (Agencia Española del Medicamento) sólo dice que únicamente se puede indicar en el etiquetado que los productos no se han testado en animales si efectivamente no lo han estado, dejando pues a la empresa fabricante la responsabilidad de decir la verdad”. Ahora bien, nadie controla que los productos no han sido realmente testados. 


PRODUCTOS ECOLÓGICOS
Pero los productos ecológicos certificados no pueden haber estado testados en animales y la legislación es contundente al respecto. Dicho de otra manera: si compras un producto ecológico certificado, puedes estar seguro/a de que no ha sido testado en animales, ya sea un jabón, un perfume o un dentífrico. Ahora bien, si ves que el producto no se ha testado en animales en un etiquetado y el producto no es ecológico… puedes albergar dudas, ya que no hay ningún estamento de control que certifique y controle este asunto. Y, con la excusa de “crear empleo a toda costa”, no sólo se recortan derechos de trabajadores, sino que es de prever que los derechos animales van a ser cada vez más laxos también.

SUFRIMIENTO
Según ADDA, la Asociación en pro de los Derechos de los Animales, “los animales son utilizados en muchos tipos distintos de experimentos, los cuales provocan dolor y sufrimiento. Los animales involucrados sufrirán o morirán como resultado del experimento o serán sacrificados deliberadamente después, a menudo para un examen post mortem. En el laboratorio, el animal puede ser envenenado; privado de comida, agua o sueño; le pueden ser aplicados irritantes de piel y ojos: sujetos a estrés psicológico; expresamente infectados con enfermedades; dañados sus cerebros; paralizados; mutilados quirúrgicamente; irradiados; quemados; gaseados; alimentados a la fuerza y electrocutados. Los investigadores de todo el mundo utilizan animales para probar o desarrollar cualquier cosa: desde productos de limpieza, cosméticos o aditivos alimentarios a farmacéuticos, químicos industriales, agroquímicos, comida de mascotas, aparatos médicos y productos de alcohol y tabaco. Los experimentos militares someten a los animales a los efectos de gases venenosos, enfermedad de descompresión, heridas de explosiones, quemadas y radiaciones para evaluar armas nuevas y existentes y técnicas quirúrgicas ‘en el campo’. Se utilizan animales hasta en investigaciones ‘por curiosidad’. De hecho, casi todos los productos utilizados y consumidos por los humanos cada día en todo el mundo, habrán sido experimentados en animales en algún momento”. No podemos creer que estos experimentos no nos conciernen. Sí que nos conciernen, y mucho, pues se está vejando a seres vivos que sienten. Consumir productos de empresas que confiesan abiertamente que testan sus productos en animales es contribuir al sufrimiento.

REFLEXIONES
De todo esto se deduce una reflexión. ¿Por qué hay que testar los productos en animales? Porque se sospecha que podrían resultar peligrosos para los seres humanos. ¿Y por qué se sospecha? Porque sabemos que contienen productos cuya inocuidad no ha sido demostrada. ¿Por qué se utilizan estos productos?Porque son más baratos, principalmente. Si todo fueran productos biológicos e inofensivos, la necesidad de experimentar sería nula. De hecho, algunas empresas de productos biológicos llevan a cabo pruebas de sus productos con humanos voluntarios. La posibilidad de que alguien se contamine con un aceite de oliva, por ejemplo, que contiene alguna esencia, por ser utilizado en un masaje… es irrisoria. No es tan remota, sin embargo, la probabilidad de que los productos cosméticos y de higiene que la mayor parte de la población consume puedan conllevar exposiciones innecesarias a productos químicos muy peligrosos, como parabenes o ftalatos. Es un pez que se muerde la cola. Utilizar productos problemáticos significa tener que llevar a cabo experimentos interminables. Cuando sería mucho más fácil no incluir ningún ingrediente tóxico en las fórmulas y dejar tranquilos a ratas, conejos, gatos, etc. La cosmética ecológica certificada no sólo no conlleva peligros por plantear fórmulas de productos sin peligros, sino que parte de formas de hacer, de sentir y de pensar completamente distintas a las de la cosmética convencional, que, no lo olvidemos, es hija de un sistema económico predador y absolutamente descabellado, donde los principios morales y éticos brillan por su ausencia.

LAS FIRMAS QUE SÍ TESTAN
Johnson&Johnson, Pantene, Lancôme, Herbal Essence, Vicks, Garnier, Maybelline, Oral B, Max Factor, Helena Rubinstein, Kandoo, Olay, L’Oréal, Cacharel, Redken, Biotherm, Gillette, Vichy, Colgate, Giorgio Armani, Dove, Palmolive, Hugo Boss, Pringles, ACE, Heno de Pravia, Don Limpio, Ariel, Unilever, Duracell, Dodot, Evax, Eukanuba, M&Ms, Tampax. Circulan muchas listas por Internet. Estas son algunas de las empresas acusadas. Algunas de ellas, no sólo son acusadas por testar con animales, sino por otros motivos, ya sean de índole de salud pública o por asuntos sociales, conflictos con sus trabajadores, etc. En cuanto a las empresas que no testan, también abundan los listados en la red. Lo que ocurre es que algunas de esas empresas no testan, pero sí contienen productos nocivos. La mejor manera de estar a salvo de contribuir al envenenamiento del planeta y del sufrimiento animal es, como decíamos, comprobar que, efectivamente, el producto lleve el certificado de ecológico. No es ético que para ir bien perfumado el día en que te encuentras con tu novia tengan que haber sufrido miles de ratones o conejos. No es ético que para que tú estrés tranquilo/a cuando bañas a tu bebé hayan tenido que morir miles de gatos, por ejemplo. No es de recibo que para embellecer tus ojos haya monos o cualquier otra especie que hayan sido privados de libertad. Tienes derecho a estar bella/o, pero no por ello a sacrificar la libertad de los demás, de cualquier otro ser sintiente, como tú. Que lo que tú hagas no contribuya a ningún sufrimiento ajeno. Si necesitas perfumarte, utilizar jabones o cremas de afeitar… hazlo siempre con productos ecológicos en la medida de tus posibilidades…. Y duerme tranquilo.

PRODUCTOS DE ANIMALES
Hay productos cosméticos que incorporan elementos procedentes del sufrimiento animal. Un claro ejemplo es el de la baba de caracol. Se anuncian como productos milagro. Los espots aseguran que eliminan las arrugas, el acné, etc. Dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) afirman que estas afirmaciones son “exageradas”. «Tales beneficios no pueden producirse sólo con la administración de una crema», señala Elia Roo, coordinadora de la Unidad de Estética del Hospital Sur de Alcorcón (Madrid). Y añade: «Puede ser un buen producto hidratante y atenuar las arrugas precisamente por dicha propiedad, pero no las elimina. Tampoco consigue hacer desaparecer las estrías ni las cicatrices completamente; es imposible». La baba de caracol contiene alantonina, una sustancia activa natural empleada desde hace siglos para favorecer la cicatrización, por ejemplo. Pero la baba de caracol no es milagrosa. Ni el veneno de serpiente, que, para algunos dermatólogos a sueldo, “es similar al bótox”. La toxina del veneno no hace milagros. Actúa como cualquier otra crema hidratante, según los expertos. Estos productos se obtienen haciendo sufrir a los animales y, por tanto, su consumo no es lícito. En realidad, no es la baba del caracol lo que crea la sustancia supuestamente regeneradora, sino la secreción del caracol, que se obtiene mediante un proceso que conlleva un cierto sufrimiento para el animal, además de su confinamiento, claro. Si estas secreciones no producen efectos demostrados que vayan más allá de los que consiguen cremas hidratantes que no causan sufrimiento, ¿para qué hacer sufrir a estos graciosos animales? Ojo, también, con cremas procedentes de algunos países orientales que no pasan los controles debidos y que incorporan sustancias procedentes de animales exóticos, algunos en vías de extinción. 

Pedro Burruezo es redactor jefe de The Ecologist
Este reportaje formará parte de un especial monográfico de The Ecologist íntegramente dedicado a la cosmética ecológica certificada que aparecerá en octubre en papel.

 

35.000 VÍCTIMAS ANUALES
LOS ESTUDIOS MÁS COMUNES

Según diferentes fuentes, señalan que, al año, son sacrificados sólo en Europa unos 35.000 animales para realizar pruebas con productos cosméticos. Si estas son las cifras europeas, ¿qué pasará en países como China, por ejemplo, donde la legislación es mucho más laxa? Los estudios de irritación de los ojos (en que las sustancias se gotean en los ojos de conejos conscientes, a menudo inmovilizados); toxicidad oral (en que los animales son forzados a ingerir una sustancia una vez o repetidamente para observar los efectos tóxicos); irritación de la piel (en que una sustancia se untada sobre la espalda rasurada de un grupo de animales, normalmente conejos o conejos de indias)… Todos estos son los estudios más habituales. En Europa, sólo Reino Unido y Holanda tienen completamente prohibidos los experimentos en animales para testar productos cosméticos. En los demás países, hay un poco de todo. Algunos países ocultan sus verdaderas cifras al respecto para dar una imagen de “ecología” que no tienen en absoluto.

FECHA LÍMITE

El 11 de marzo de 2013 es la fecha límite marcada por la directiva de cosméticos de la UE para prohibir de manera definitiva todo tipo de test en animales, el problema es que existen riesgos de que esta fecha sea retrasada por otros 10 años. A este punto queda plantearse: ¿qué puedo hacer como consumidor responsable?
Si el producto es ecológico certificado, podemos estar seguros de que no ha sido testado en animales. Si no es ecológico y lleva el emblema, no tenemos la garantía total. Si es ecológico y además lleva la frase, podemos estar completamente seguros. Otros tipos de escritos como “clínicamente testado”, “dermatológicamente testado”, “microbiológicamente testado” o incluso “cruelty free” no aseguran en ningún momento que ese producto no haya sido testado en animales. Incluso hay empresas que usan “no testado en animales” porque no testan el producto final en el mismo pero sí testan los ingredientes y sustancias individuales porque están legislados. Pero si el producto es ecológico y certificado, entonces no hay nada que temer.

11-III-2013

Elherbolario.com – http://www.vidasana.org/ – ECOticias.com

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