Las graves consecuencias de la desertificación y la gestión de los montes españoles

Con motivo del Día de la Lucha contra la Desertificación que se celebra este martes y cuyo lema en 2014 es La Tierra pertenece al futuro, Protejámosla del Cambio Climático, el colegio profesional alerta de la «necesidad inmediata» de implantar políticas de gestión sostenible de la tierra y prácticas de integración en la respuesta colectiva al cambio climático.

El decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Carlos del Álamo, ha advertido de las consecuencias de la desertificación, un fenómeno que afecta al 40 por ciento de la superficie nacional y ha reclamado una mejor gestión de los montes, como herramienta para frenarlo.

Con motivo del Día de la Lucha contra la Desertificación que se celebra este martes y cuyo lema en 2014 es ‘La Tierra pertenece al futuro, Protejámosla del Cambio Climático’, el colegio profesional alerta de la «necesidad inmediata» de implantar políticas de gestión sostenible de la tierra y prácticas de integración en la respuesta colectiva al cambio climático.

Así, explica que, según la definición de desertificación de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), la degradación de los suelos de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas es el resultado de distintos factores, como las variaciones climáticas y las actividades del hombre.

Para Del Álamo, «lo terrible» del proceso de desertificación son sus consecuencias, entre las que ha destacado la pérdida de capacidad de cultivo de los suelos y de la supervivencia del monte; la pérdida casi irreversible de la biodiversidad de la zona, pérdida de empleos, emigración inevitable debido a la pobreza que implica y, en áreas muy extensas de países poco desarrollados, un aumento alarmante de la malnutrición.

En este contexto, ha reivindicado y puesto de ejemplo la figura del ingeniero de montes Ricardo Codorniú y Stárico, que hace más de cien años, en 1896, luchó contra la desertificación para detener el avance «imparable» de dunas hacia Guardamar del Segura, mediante la restauración de la pinada de la zona.

Por ello, el Colegio ha insistido que está en la mano de todos luchar de forma efectiva contra la desertificación. «Es una batalla que no podemos perder y contamos con las herramientas adecuadas para que el balance final, si trabajamos desde ahora, pueda ser feliz», ha manifestado el decano colegial.

Entre las medidas para lograrlo ha reclamado la gestión sostenible de la tierra, porque, según ha insistido, aumenta la capacidad de los ecosistemas de sobreponerse a impactos ambientales adversos, mientras que mejora la condición de vida de las personas, y contribuye a la no aparición de incendios forestales, otra de las grandes causas de la desertificación.

Además, ha defendido las «numerosas acciones» en corrección hidrológico-forestal en España que desarrollan desde hace más de un siglo los ingenieros de montes y que contribuyen a evitar la erosión del terreno. Como ejemplo, ha puesto la reforestación de Sierra España, en Murcia, una acción que inició Codorniú en 1889, y con la que se controló la erosión, se creó suelo y «se devolvió la vida a un paisaje descarnado y desértico».

En este contexto, ha explicado que el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, ha manifestado que las zonas susceptibles de desertificación son las áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, es decir, aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65.

La evapotranspiración potencial es la cantidad de agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación y en el supuesto de no existir limitación en el suministro de agua (por lluvia o riego), para obtener un crecimiento vegetal óptimo. Expresa la demanda de agua por la atmósfera y las plantas en un lugar determinado.

En concreto, apunta que «prácticamente» un 40 por ciento del territorio español está ya afectado por el proceso y más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas en situación de riesgo.

«Se debe creer en la necesidad de recuperar la cubierta vegetal y no permitir el deterioro de la existente. Esa gestión es una herramienta clave para evitar la desertificación», ha sentenciado Carlos del Álamo.

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