Incendios forestales + desertificación + sequía

Hace 20 años, en 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, un día señalado para fomentar la conciencia pública sobre este problema. ¿Alguien sabe que está haciendo el gobierno español al respecto?

En la región mediterránea, este día internacional de la lucha contra la desertificación llega cuando comienzan los calores, y con ellos la época del año de mayor riesgo de incendios forestales. Un problema que podemos expresar en dos indicadores: en la última década (2003-2012) se han producido una media de 16. 000 siniestros (fuegos) al año que han afectado a una superficie de más de 125.000 Ha.

En España, sabemos que los incendios forestales son responsables también de esta desertificación, y que se suman a la degradación del suelo causadas por la aridez, la intensificación del uso de la tierra y la mala gestión del agua. A este contexto habría que sumar la “africanización del clima” debida al cambio climático. Y aunque el cambio climático no es responsable directo del fenómeno de las sequías (algo natural en el mundo mediterráneo), sí aumenta el grado de recurrencia e intensidad de las mismas, según afirma el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas. Pero nada indica que se estén poniendo en marcha planes para cambiar el rumbo de las cosas. El 37% de nuestro territorio está ya afectado por la desertificación. Y el cambio climático está agravando esta situación.

A nivel mundial, y para este año 2014, Naciones Unidas se ha puesto como objetivo dar a conocer el gran valor de los “servicios ecosistémicos”, nuevo concepto acuñado en los últimos años para hablar del potencial que la conservación y mejora de la biodiversidad tiene para mejorar la resiliencia ecológica y reducir la vulnerabilidad de la población. Los ecosistemas que gozan de salud son más resistentes a los peligros que presentan las alteraciones del clima. Según Naciones Unidas, esta política es una buena estrategia para hacer frente a los efectos del cambio climático, especialmente en las tierras áridas.

Mantener y mejorar la salud de los bosques y otros ecosistemas es fundamental para abordar este problema, algo que tiene que ver con políticas a medio y largo plazo. Pero en los próximos meses tenemos una prioridad, un objetivo principal, un partido clave contra el peor enemigo de nuestros montes y de nuestros suelos. El año 2013 lo ganamos, fue un año excepcionalmente bueno, con “tan solo” 58.985 Ha afectadas por incendios forestales frente a las más de 125.000 de media del último decenio. A ver que tal se nos da este año. Que ruede la pelota…

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