Un estudio realizado por la Universidad de Granada, basado en encuestas realizadas en 3 importantes ciudades, analiza la percepción ciudadana acerca de las aves urbanas: el gorrión común y el ánade real se miran con ‘buenos ojos’, mientras que las palomas son las que generan más quejas.
La gente percibe el canto del gorrión como algo positivo y la basura que generan las palomas como algo negativo. No todos tienen el mismo concepto en cuanto a compartir los espacios con las aves urbanas, por lo que un estudio ha hecho una valoración de esta situación.
Entre las que reciben mejores valoraciones por parte de los vecinos de las tres ciudades encuestadas: Madrid, Valencia y Granada están los ánades reales y los gorriones comunes, y las más conflictivas son las palomas, tanto la torcaz como la doméstica.
Esta investigación fue posible gracias a la colaboración de varias entidades como la Universidad de Granada con expertos de la British Columbia y la Universidad de Berkeley, y tenía como objetivo averiguar el grado de molestias o beneficios que la ciudadanía percibe que les aporta la convivencia con aves urbanas.
El estudio también se centró en identificar cuáles eran las características de los barrios y qué relación había entre los ciudadanos y sus vecinos voladores. Y se concluyó que los espacios verdes, como los grandes parques, suelen asociarse con una percepción mucho más positiva de todas las aves urbanas, además del gran beneficio que implica el contacto con la naturaleza.
Aves urbanas: ¿cómo las perciben los vecinos de las ciudades?
Una investigación sobre la relación entre la ciudadanía y las aves urbanas identifica al gorrión común y al ánade real como las más aceptadas y beneficiosas, y a la paloma doméstica y la torcaz como las más conflictivas por las molestias, la suciedad y los daños que ocasionan.
Científicos de la Universidad de Granada han estudiado la diversidad de aves de varias ciudades españolas (Granada, Madrid y Valencia) en colaboración con expertos internacionales de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.) y de la de British Columbia (Canadá).
El objetivo ha sido entender mejor cómo las interacciones con animales en las zonas urbanas influyen en la percepción de la naturaleza y en el bienestar de la ciudadanía.
Las aves, explica la autora principal del trabajo, Lucía Izquierdo Extremera, «pueden hacer nuestra vida más llevadera a través del mero placer de observar su vuelo o sus vistosos colores» o de oír sus cantos.
Estas experiencias con las aves urbanas, señala, contribuyen al bienestar de las personas y, en el ámbito científico, se conocen como servicios ecosistémicos culturales, un conjunto de beneficios no materiales que la naturaleza aporta a la población.
Sin embargo, los animales también pueden generar molestias a través de ruidos, suciedad o daños materiales. Estos perjuicios, conocidos como diservicios ecosistémicos, dan lugar a conflictos entre vecinos y fauna.
Ciudades en constante crecimiento
«En un planeta en el que las ciudades están en constante crecimiento, es vital comprender el equilibrio entre los elementos positivos y negativos proporcionados por los animales con los que convivimos de manera más estrecha», apunta Juan Diego Ibáñez Álamo, profesor de Zoología de la Universidad de Granada y coordinador del estudio.
A través de encuestas a la población, los científicos han documentado los beneficios y perjuicios que señalan los vecinos y han identificado así las especies de aves urbanas mejor valoradas y, por otro lado, las más perjudiciales para la ciudadanía española.
Entre las proveedoras de beneficios culturales destacan el gorrión común y el ánade real, mientras que la paloma doméstica y la torcaz se perciben como las más conflictivas por las molestias, la suciedad y los daños a propiedades que pueden ocasionar.
Hacen falta más espacios verdes en las ciudades
En cuanto a la influencia de la configuración de los espacios verdes urbanos, los resultados indican que vivir en un barrio con un modelo de desarrollo separador, con grandes parques bien delimitados de la zona construida, favorece una valoración más positiva de las aves urbanas. En cambio, los vecinos de barrios con pequeñas zonas verdes entremezcladas con las viviendas destacan, en mayor medida, los perjuicios asociados a la fauna.
Por ello, los autores del trabajo subrayan la necesidad de avanzar hacia un diseño urbano que favorezca un mejor equilibrio con la fauna, a lo que contribuiría la implantación de grandes espacios verdes. El estudio también acredita que la conexión de los humanos con la naturaleza desempeña un papel clave en estas interacciones.









