Felix Finkbeiner tenía 9 años cuando plantó un árbol frente a su colegio, en Alemania, en 2007. De aquel gesto nació Plant-for-the-Planet, la fundación que impulsa la campaña por un billón de árboles. El 23 de octubre de 2026, el contador de su web oficial marcaba 36.474.242 árboles plantados en sus propios proyectos.
Ese mismo día sumaba además 110.129.254 árboles financiados a través de su plataforma de donaciones. Casi dos décadas después, la fundación pone el foco en otra pregunta: cuántos llegan a formar un bosque.
Un trabajo de clase sobre el clima
Todo empezó con una presentación escolar sobre la crisis climática. Mientras la preparaba, Felix conoció la historia de Wangari Maathai, la keniana premio Nobel de la Paz. Junto a otras mujeres, ella había plantado más de 30 millones de árboles en su país.
En enero de 2007 el niño propuso que los niños de cada país plantaran un millón de árboles. Según la biografía oficial de Felix Finkbeiner, pocas semanas después plantó el primero delante de su escuela. La prensa local se fijó en él y otros colegios se sumaron.
La fundación alcanzó su primer millón de árboles plantados en mayo de 2010. Hoy cuenta 104.804 Embajadores por la Justicia Climática, niños y jóvenes formados en sus academias de 76 países.
De la ONU a la campaña del billón
En febrero de 2011, con 13 años, Felix habló ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Fue la primera vez que pidió recuperar un billón de árboles, es decir, un millón de millones.
En diciembre de ese año, Naciones Unidas cedió a la organización su campaña de los mil millones de árboles. Plant-for-the-Planet la convirtió en la Campaña del Billón de Árboles. En marzo de 2018 la relanzó junto al príncipe Alberto II de Mónaco.
Finkbeiner es licenciado en Relaciones Internacionales. En 2018 recibió la Cruz Federal al Mérito de manos del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Dirige dos equipos de la fundación: Restauración y Conservación, y Políticas Públicas.
Desde ese segundo puesto sigue dos herramientas de protección de los bosques tropicales. Una es el fondo internacional Tropical Forests Forever Facility. La otra, el reglamento europeo contra la deforestación.
Selva maya, sabana en Ghana y bosques en España
La fundación restaura y protege bosques en tres países. El proyecto más grande está en la península de Yucatán, en México, donde trabaja desde mayo de 2015. Allí ayuda a patrullar dos reservas y prepara un corredor para el jaguar.

En Yucatán, el contador de Plant-for-the-Planet México va por 17.899.148 árboles. Ghana vino en julio de 2021. Allí replanta una sabana arbolada junto a los vecinos, con cultivos entre los árboles, y lleva 264.239.
La rama española existe desde 2013 y empezó con talleres para niños. En diciembre de 2021 puso su primer árbol en Andalucía. Ahora trabaja en Granada, Doñana, Madrid y Barcelona y suma algo más de 500.000 árboles. También ha firmado una alianza con el sector corchero para poner en valor el alcornoque.
La Comunidad de Madrid, por su parte, impulsa la restauración forestal de la Sierra Oeste tras el incendio. Su plan da prioridad a la regeneración natural.
Cinco tabletas de chocolate por árbol
Una de sus fuentes de dinero nació en mayo de 2012, cuando vendió la primera tableta de The Change Chocolate. El lema de entonces era sencillo: «cada 5 tabletas vendidas financian la plantación de 1 árbol».
La fábrica suiza HALBA elabora el chocolate con cacao y azúcar de comercio justo. La página del producto contabiliza 52.905.091 tabletas vendidas, 12.083.130 árboles financiados y 11.876.388 árboles plantados.
Esa diferencia de unos 200.000 árboles muestra algo que la propia fundación explica en sus preguntas frecuentes. Plantar depende de las estaciones, de las lluvias y del terreno. Por eso el dinero llega antes que el árbol.
Plantar es solo el principio
La fundación dice que, siempre que puede, deja que el bosque vuelva solo. Cuando hace falta plantar, elige especies autóctonas adaptadas al suelo y al clima de cada sitio. Mezcla varias para que el bosque aguante mejor la sequía.
También admite que parte de los plantones se pierde. «No todos los árboles plantados sobreviven», reconoce en su web. Por eso mide la supervivencia, el crecimiento y la cubierta forestal. Para vigilar sus parcelas lanzó en marzo de 2022 TreeMapper, una app gratuita. FireAlert llegó en junio de 2023. Avisa de posibles fuegos con datos de satélites de la NASA, y sus usuarios vigilan ya 1700 millones de hectáreas, el doble de Brasil.
Brooke Williams y sus coautores fueron por ese camino en un trabajo publicado en Nature en octubre de 2024. Usaron mapas del rebrote natural de selva entre 2000 y 2016 y buscaron tierras taladas donde el bosque podría volver solo. Les salieron 215 millones de hectáreas, una superficie «mayor que todo México».
Las patrullas en Yucatán responden a otra idea de la fundación: un bosque maduro que no se tala ni se quema ya guarda carbono hoy. Pasa también con los bosques maduros de Aigüestortes y sus reservas de carbono.
Lo que todavía no se sabe
Las cifras de árboles las publica la propia fundación y no siempre coinciden entre páginas. La de España, por ejemplo, aparece como 501.633 y como 503.361 en la misma web. Los 110 millones de la plataforma incluyen además proyectos de otras organizaciones.
Su web tampoco ofrece un balance global de cuántos de los 36,4 millones de árboles siguen vivos. Un bosque plantado tarda décadas en parecerse al original. En Inglaterra, un bosque plantado hace 25 años aún tiene un suelo distinto al del bosque antiguo vecino.
Los datos proceden de la web oficial de Plant-for-the-Planet, consultada el 23 de octubre de 2026, y de dos estudios de Nature.
La fundación tampoco vende los árboles como la solución al cambio climático. «Plantar árboles por sí solo no basta», advierte en sus preguntas frecuentes. Allí pide también reducir emisiones y dejar los combustibles fósiles. Un estudio de Nature de noviembre de 2023 lo dice igual: los bosques «no pueden sustituir la reducción de emisiones».
Foto: Plant-for-the-Planet











