Las carpas invasoras que aparecieron junto al río Murray en 1964 siguen dominando muchos ríos del sureste de Australia. Un estudio publicado en 2024 en Biological Invasions por científicos del Gobierno de Nueva Gales del Sur calcula que, en un punto de muestreo típico, suponen el 57 % del peso de los peces. El dato sale de más de 1400 puntos de muestreo en la cuenca Murray-Darling.
Sesenta y dos años después, el Gobierno australiano admite que las trampas y la pesca eléctrica no bastan. Ahora estudia soltar un virus que mata carpas, aunque antes necesita más investigación y permisos bajo cuatro leyes federales.
La piscifactoría de Boolarra
Victoria hizo las primeras sueltas de carpa común (Cyprinus carpio) en 1859, y Nueva Gales del Sur, cerca de Sídney, en 1865. Durante décadas, sin embargo, la especie siguió siendo rara en el interior.
Todo cambió a principios de los sesenta, según un informe de 2005 del Departamento de Industrias Primarias de Nueva Gales del Sur. Una piscifactoría de Boolarra, en Gippsland (Victoria), crió una estirpe importada y la vendió a agricultores para sus balsas. Cuando Victoria aprobó la norma para frenar esas ventas, las carpas ya ocupaban buena parte del estado.
En 1964 y 1965 aparecieron ejemplares en el lago Hawthorn, junto a Mildura. Desde allí pasaron al Murray y al Darling, y las inundaciones de mediados de los setenta hicieron el resto.
Treinta años de pesca eléctrica
La cifra más repetida atribuye a las carpas el 90 % de la biomasa, es decir, del peso de peces capturado. El equipo de Hayden Schilling, del servicio de pesca, comprobó que venía sobre todo de unos pocos muestreos de los noventa.
Analizó entonces treinta años de pesca eléctrica, de 1994 a 2023, en ríos por debajo de 700 metros de altitud. Obtuvo una mediana del 57 % por punto de muestreo. De cada 10 kilos de pescado de un tramo típico, unos 5,7 son carpa.
Según el río, el valor va del 46 % al 80 %. El Macquarie, el Lachlan y el Namoi dan siempre las proporciones más altas.
Casi un tercio de los puntos superaba el 90 % de carpas a mediados de los noventa. Hoy es uno de cada cinco. Los autores califican de «potencialmente engañosa» esa cifra sin contexto.
Otro 20 % de los puntos tiene menos de un 10 % de carpas. Para los autores, eso prueba que quedan zonas con peces nativos en un estado razonable.
Barro, branquias y agua turbia
Según la ficha oficial de Nueva Gales del Sur, las carpas aspiran del fondo larvas y moluscos con barro y agua. Al comer arrancan plantas y levantan sedimentos, el agua se enturbia y las plantas sumergidas de hoja blanda crecen peor.

Los peces nativos que cazan con la vista también lo notan. Aun así, el departamento cree que la mala gestión de las cuencas probablemente pesa más en la calidad del agua.
La perca dorada, el bacalao del Murray y la perca plateada ya habían caído antes. Los cambios en los caudales y la pérdida de hábitat dañaron a esos peces y favorecieron a la carpa.
La especie aguanta mejor que la mayoría de los peces nativos el poco oxígeno y el agua turbia. Una hembra de 6 kilos puede poner hasta 1,5 millones de huevos, y los adultos no tienen depredadores naturales.
Japón vive algo parecido con los peces americanos que soltó en sus lagos en 1925 para la pesca deportiva. Fuera de Australia, las carpas se han relacionado con menos aves en lagunas de gran valor ecológico.
El herpesvirus CyHV-3
El Departamento de Agricultura federal admite que los métodos actuales «no bastan por ahora para reducir el número de carpas». Vaciar de invasores un lago cerrado es posible, como hizo Alaska con los lucios de Stormy Lake. En una red de ríos como la del Murray-Darling, no.
La alternativa es el herpesvirus de ciprínidos 3 (CyHV-3), que mata carpas en otros países. Entre 2016 y 2022, once centros y más de 40 investigadores lo estudiaron en el Plan Nacional de Control de la Carpa. Sus pruebas de laboratorio apuntan a una caída de entre el 40 % y el 60 % de las carpas.
Siete líneas de trabajo
El departamento advierte: «Debemos estar seguros de que no dañará a los peces nativos ni a los ecosistemas de Australia». En 2023 los ministros de Agricultura pidieron más estudios, hoy reunidos en el Programa de Control Biológico de la Carpa.
En el Instituto Agrícola Elizabeth Macarthur comprueban si el virus afecta a cuatro especies de peces más. El Instituto Goyder mira qué pasaría en los ríos, y el CSIRO calcula con modelos cómo se movería el virus.
El 2 de julio de 2026 arrancó el grupo asesor que prepararía una posible suelta. Entre sus temas figuran la retirada de cadáveres, la calidad del agua y la salud pública.
El departamento insiste en que ese trabajo «no presupone ni anticipa» una decisión. Decidirán todos los ministros de Agricultura del país, tras un análisis de costes y beneficios previsto para finales de 2026.
Humedales casi sin muestrear
El estudio de 2024 apenas muestreó humedales, que es donde las carpas crían y donde podrían pesar más. Además, solo cubre Nueva Gales del Sur.
Foto: Victorian Fisheries Authority













