El zoológico de Chester ha liberado 32 tritones del Montseny nacidos bajo cuidado humano en un enclave montañoso secreto de Cataluña. Este anfibio de unos 10 centímetros solo vive en el macizo del Montseny y se encuentra en peligro crítico de extinción, con una población silvestre estimada en alrededor de 1.500 ejemplares.
La ubicación exacta no se hará pública. El silencio busca evitar molestias, reducir el riesgo de que una enfermedad llegue a sus pequeños torrentes y proteger a los animales frente al tráfico ilegal de fauna, justo cuando cada individuo puede marcar una diferencia.
Una liberación vigilada
Los 32 tritones llevan marcadores que pueden detectarse con luz ultravioleta. Estas señales permitirán reconocer a los animales durante futuros muestreos y comprobar cómo se desplazan, sobreviven y se integran en el nuevo entorno.
«Son extremadamente vulnerables», advirtió el doctor Gerardo García, director de Animales y Plantas del zoológico de Chester. Las carreteras fragmentan su hábitat, la especie es muy sensible a la calidad del agua y el comercio ilegal añade otra amenaza a una situación ya delicada.
En Chester permanecen más de 100 ejemplares que todavía deben madurar antes de futuras liberaciones. Además, 12 parejas reproductoras viven en instalaciones especialmente diseñadas, mientras los cuidadores realizan controles diarios de salud, agua y reproducción. La diversidad genética de la especie, pese a sus cifras tan bajas, se mantiene en un estado sorprendentemente bueno.
Un anfibio que no existe en ningún otro lugar
El tritón del Montseny es el único vertebrado endémico de Cataluña. Es completamente acuático, respira a través de la piel y de la mucosa bucal y necesita aguas frías, corrientes y bien oxigenadas, normalmente protegidas por bosques de ribera.
Las primeras poblaciones se localizaron en 1979 y durante años se confundieron con el tritón pirenaico. No fue hasta 2005 cuando los análisis morfológicos y genéticos confirmaron que se trataba de una especie distinta.
Un estudio publicado en 2024 también permitió distinguir dos subespecies. Los ejemplares criados en Chester pertenecen al linaje oriental, Calotriton arnoldi arnoldi, que se gestiona por separado del occidental para evitar mezclas y conservar sus características genéticas.
Una casa natural diminuta
Las poblaciones naturales conocidas ocupan únicamente siete torrentes y menos de 3,5 kilómetros de hábitat acuático. Es una casa minúscula para toda una especie, dividida además en dos núcleos aislados a ambos lados de la cuenca alta del río Tordera.
¿Qué ocurre cuando un animal depende de tan pocos metros de agua? Cualquier episodio de sequía, alteración química, extracción excesiva de los acuíferos o infección puede afectar a una parte importante de su población en muy poco tiempo.
Las vías de comunicación también actúan como barreras, mientras que una gestión forestal inadecuada puede reducir la sombra y alterar las condiciones del torrente. Ese calor pegajoso que ya conocemos en verano es, para este anfibio, mucho más que una molestia.
Criarlos exige paciencia
Las hembras colocan sus huevos en pequeñas grietas dentro de aguas rápidas, una adaptación que los protege pero complica su localización en los centros de cría. Ellie Bland, cuidadora de ectotermos en Chester, revisa a diario el agua, los recintos y los huevos, además de alimentar con pipeta a estos cazadores visuales de gusanos e insectos acuáticos.
Los adultos tardan alrededor de cinco años en alcanzar la madurez sexual. Por eso, cada nueva generación requiere tiempo, cuidados constantes y una planificación genética muy precisa. No es un resultado que pueda acelerarse de un día para otro.
La cría fuera del hábitat natural cumple dos funciones. Mantiene una reserva genética ante una posible catástrofe y produce ejemplares para crear poblaciones en torrentes donde las condiciones sean adecuadas.
Un esfuerzo que ya suma miles
Esta liberación no parte de cero. En febrero de 2025 se reintrodujeron otros 352 tritones y, desde 2010, más de 4.200 ejemplares criados en cautividad habían llegado ya a distintos torrentes del macizo.
El Plan de Recuperación del tritón del Montseny combina la cría con la restauración del hábitat, la vigilancia de enfermedades, el control del agua y el seguimiento genético. Soltar animales en un torrente que después pierde su caudal no resolvería el problema.
Los controles realizados hasta ahora han encontrado ejemplares reintroducidos en buenas condiciones físicas e incluso han confirmado reproducción. Pero los técnicos reconocen que calcular la supervivencia total es difícil y que las poblaciones solo se mantienen con mayor estabilidad en los tramos que conservan las mejores condiciones ambientales.
Qué ocurrirá ahora
Los marcadores ultravioletas ayudarán a saber si los 32 tritones reaparecen en futuros muestreos. La imagen de su liberación es emocionante, pero el verdadero resultado llegará después, cuando los equipos comprueben si sobreviven, se dispersan y, con el tiempo, logran reproducirse.
Todavía quedan enigmas. Las larvas se observan en la naturaleza y después parecen desaparecer hasta regresar como adultos, por lo que los conservacionistas creen que podrían pasar parte de su vida ocultas en grietas profundas o sistemas de agua subterránea.
«Es maravilloso verlos nadar en libertad», aseguró Ellie Bland. Treinta y dos animales no eliminan por sí solos el riesgo de extinción, pero sí añaden una nueva pieza a una estrategia que protege genes, restaura torrentes y gana tiempo para una especie que no vive en ningún otro lugar del planeta.
La nota de prensa oficial sobre la liberación ha sido publicada por el zoológico de Chester.



