Costa de Marfil tiene un cocodrilo que trepa a los árboles y casi nadie lo vigila: los científicos piden protegerlo ya

Publicado el: 2 de julio de 2026 a las 18:42
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Cocodrilo de hocico fino de África Occidental (Mecistops cataphractus) tomando el sol sobre un tronco en el Parque Nacional de Taï, Costa de Marfil.

En los ríos oscuros del Parque Nacional de Taï, en Costa de Marfil, vive uno de esos animales que casi nadie conoce y que, precisamente por eso, corre el riesgo de desaparecer en silencio. Es el cocodrilo de hocico fino de África Occidental, una especie crítica para los bosques húmedos de la región y clasificada en peligro crítico.

La imagen llama la atención. No es el gran cocodrilo que muchos imaginan tomando el sol en una orilla abierta, sino un reptil más esquivo que aprovecha rocas, troncos caídos y ramas sobre el agua para calentarse en mitad de la selva. Y ahí está el problema. Si se pierde el bosque y se ensucia el río, este cocodrilo se queda sin casa y sin comida.



Un cocodrilo casi invisible

El cocodrilo de hocico fino de África Occidental, cuyo nombre científico es Mecistops cataphractus, es una de las especies de cocodrilo menos conocidas del planeta. El Tropical Conservation Institute de la Universidad Internacional de Florida calcula que quedan menos de 500 adultos en libertad, una cifra que explica por qué los científicos lo tratan como una prioridad urgente.

Christine Kouman, científica ambiental marfileña y cofundadora de la ONG EBURCO, lleva más de una década estudiando este animal en Costa de Marfil. En una entrevista con Mongabay, lo describió como un cocodrilo “gentil”, porque se alimenta sobre todo de peces y porque, según su experiencia, no ha conocido ataques de esta especie a personas.



La escena tiene algo de aventura, pero también de trabajo duro. Para estudiarlo hay que navegar de noche por ríos remotos, instalar campamentos de campo y manejar animales que pueden medir casi tres metros. No es precisamente una excursión.

Por qué trepa a los árboles

La explicación es más sencilla de lo que parece. Este cocodrilo vive en ríos cubiertos por selva, donde no hay muchas playas abiertas para tomar el sol. Por eso usa rocas que sobresalen del agua y troncos caídos como plataformas naturales.

Kouman ha observado que también se esconde bajo la vegetación que cuelga sobre el río. Cuando los frutos caen al agua, atraen peces, y los peces son su comida principal. En la práctica, el bosque no es solo un paisaje bonito alrededor del río. Es parte de su despensa.

El estudio de su ecología espacial siguió con telemetría a 26 individuos de Mecistops cataphractus en Taï y a 30 de Mecistops leptorhynchus en Gabón. Ese trabajo mostró que conocer sus movimientos es clave para diseñar medidas reales de conservación, no solo buenas intenciones.

El río que cambió de color

Uno de los cambios que más preocupan a Kouman está en el agua del río Hana. Según relató, cuando empezó sus investigaciones el agua era clara e incluso se podía beber sin filtrarla. Desde 2019, en cambio, la ve mucho más turbia y embarrada.

La investigadora y habitantes de la zona relacionan ese cambio con la sedimentación causada por actividades mineras en el entorno del parque. Parece un detalle menor, pero no lo es. Si el agua se carga de barro, cambia el ecosistema acuático y pueden verse afectados los peces de los que depende el cocodrilo.

¿Qué significa esto en la práctica? Que la amenaza no siempre llega en forma de caza directa. A veces llega como una corriente marrón que baja por el río y va apagando, poco a poco, la vida que sostiene a toda una especie.

Taï es mucho más que un parque

El Parque Nacional de Taï no es un espacio cualquiera. La UNESCO lo describe como uno de los últimos grandes restos de bosque tropical primario de África Occidental, con especies amenazadas como el hipopótamo pigmeo y 11 especies de monos. Además, su ficha cartográfica recoge una superficie de 508 186 hectáreas.

Para este cocodrilo, Taï funciona como un refugio difícil de sustituir. Kouman lo resume de forma directa cuando afirma que “Taï es un paraíso para los cocodrilos de hocico fino”. Pero ese paraíso depende de que el bosque siga en pie y de que el río no pierda calidad.

La propia investigadora advierte de que, en zonas no protegidas donde antes existía la especie, ya no se encuentran poblaciones viables. Dicho de otra forma, la protección del bosque no es un añadido. Es la diferencia entre tener futuro o desaparecer.

La cría en cautividad no basta

Project Mecistops trabaja para conservar al cocodrilo de hocico fino de África Occidental, una especie endémica de la región y considerada en peligro crítico. Su enfoque combina investigación, conservación en libertad y cría en cautividad, incluida la colaboración con el Zoo Nacional de Abiyán para futuras reintroducciones.

El informe del Grupo de Especialistas en Cocodrilos de la UICN recoge avances recientes en Costa de Marfil. Entre 2022 y 2023, hembras de Mecistops cataphractus del Zoo de Abiyán pusieron 198 huevos, de los que 148 fueron fértiles, y se registraron 56 crías.

Es una buena noticia, sí. Pero no resuelve el fondo del problema. Criar animales para liberarlos no sirve de mucho si el lugar al que deben volver tiene ríos sucios, menos peces y menos cobertura forestal. Sin hábitat, no hay milagro.

Lo que está en juego

El cocodrilo de hocico fino de África Occidental no solo necesita que nadie lo cace. Necesita ríos sanos, bosques cerrados, orillas con vegetación y comunidades locales que entiendan su papel. Es una cadena. Si se rompe un eslabón, el resto empieza a fallar.

También hay una lección más amplia. Muchas especies desaparecen antes de hacerse famosas, antes de aparecer en documentales, antes incluso de que sepamos cómo viven. Este cocodrilo trepador es un buen ejemplo de eso. No hace ruido, no ocupa titulares todos los días y, aun así, cuenta mucho sobre la salud de los bosques africanos.

La información oficial del programa de conservación ha sido publicada por Project Mecistops.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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