Durante años ha sido el mayor misterio de los gatos pero los científicos han dado con la clave: el pelo naranja corresponde a una rara mutación que también afecta a su salud

Publicado el: 24 de marzo de 2026 a las 12:41
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Dos gatos juntos con pelaje naranja y patrón carey, ejemplo de la mutación genética ligada al cromosoma X.

Si convives con un gato naranja, seguro que alguna vez lo has pensado al ver otros por el barrio o en redes. ¿Por qué hay tantos machos “pelirrojos” y tan pocas hembras completamente naranjas? La ciencia acaba de ponerle apellido a ese misterio con una mutación muy concreta en el ADN.

Dos equipos, trabajando por separado, han llegado a la misma clave y eso le da más peso al hallazgo. La pista está en una pequeña eliminación de ADN (de 5,1 kilobases) en un gen llamado ARHGAP36, situado en el cromosoma X, y publicada en Current Biology (online el 15 de mayo de 2025). En la práctica, esta “miau-tación” enciende el color naranja en las células que fabrican el pigmento del pelo. Y ahí cambia todo.



La pieza de ADN que falta

La mutación no es un “gen nuevo” ni un cambio enorme, sino un trocito de ADN que falta dentro de una zona reguladora del gen ARHGAP36. En el estudio liderado desde Japón se vio que esa eliminación de 5,1 kb aparecía en gatos con zonas naranjas y no aparecía en los que no tenían ese color.

Lo más llamativo es la fuerza de la asociación. Combinando diferentes análisis, el equipo reporta un vínculo del 100% entre esa eliminación y el pelaje naranja en una primera muestra de 58 gatos (24 naranjas y 34 no naranjas), y después lo refuerzan con datos públicos hasta llegar a 67 gatos en total. No es poca cosa en genética, donde a veces las señales son más borrosas.



Un gen que no “debería” pintar pelo

Aquí viene lo curioso. ARHGAP36 no era un sospechoso típico de color de pelaje, porque se ha estudiado sobre todo en contextos de desarrollo y biología del cáncer, no como un “gen de pigmento”. Por eso, cuando se detecta su papel en gatos naranjas, la sorpresa es real.

Además, la eliminación está en una región no codificante, así que la proteína en sí no cambia. El propioc Sasaki lo resume con una idea clave, que en español vendría a ser que esto importa porque ARHGAP36 cumple funciones esenciales en el organismo y una alteración directa de la proteína podría ser dañina. En cambio, aquí lo que cambia es cuándo y dónde se activa el gen.

Cómo se fabrica el naranja en la piel

El color del pelo depende, en gran parte, de qué tipo de melanina se produce. La eumelanina da tonos oscuros (negros y marrones) y la feomelanina empuja hacia tonos más claros, como rojos y naranjas. En este caso, la activación “fuera de sitio” de ARHGAP36 en la piel se asocia con la bajada de actividad de genes de melanogénesis, lo que ayuda a explicar el cambio hacia pigmentos más claros.

Y hay otro detalle que engancha con la evolución. En muchos mamíferos, los tonos anaranjados suelen estar ligados a mutaciones en otros genes clásicos del color, pero en el gato doméstico el fenómeno está ligado al sexo y parece funcionar con un mecanismo distinto. Como dice Christopher Kaelin, “es un mecanismo muy inusual” porque se trata de activar un gen en un tipo de célula donde normalmente no se expresa.

Por qué casi todos los gatos naranjas son machos

La explicación se entiende fácil cuando recuerdas lo básico del cromosoma X. Los machos son XY, así que solo tienen un cromosoma X. Si en ese X está la eliminación asociada al naranja, el resultado suele ser un gato completamente naranja.

Las hembras son XX y lo tienen más “difícil” para ser totalmente naranjas, porque necesitarían la mutación en los dos X. Si solo la tienen en uno, aparece el patrón en mosaico típico de las carey y calicó, por la inactivación aleatoria del cromosoma X durante el desarrollo embrionario. Sasaki lo explica de forma muy visual cuando cuenta que, al apagarse al azar un X en cada célula al principio, se forman zonas del cuerpo con un “X activo” distinto y de ahí salen los parches de color.

Qué significa esto para quien vive con un gato

El primer “aterrizaje” es simple. Este hallazgo explica el color y el patrón, no la personalidad. Por mucho que el mito del gato naranja “agente del caos” sea divertido, los propios investigadores recuerdan que hay pocas investigaciones científicas sobre personalidad asociada al color, y que la fama podría estar inflada porque la mayoría de gatos naranjas son machos.

En cuanto a salud, conviene no sacar conclusiones rápidas. En el trabajo de Stanford, por ejemplo, señalan que esperaban que el efecto fuese muy específico de las células pigmentarias y midieron ARHGAP36 en varios tejidos no cutáneos sin ver diferencias claras entre gatos naranjas y no naranjas, aunque también admiten que no pueden descartar del todo efectos en tejidos que no se hayan analizado. Dicho de otra forma, por ahora no hay motivo para alarmarse, pero sí una pista valiosa para seguir investigando.

El estudio científico ha sido publicado en Current Biology y puede consultarse en el enlace oficial del artículo en Current Biology.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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