El ADN de un rinoceronte lanudo hallado en el estómago de un lobo de hace 14.400 años confirma una extinción rápida por calentamiento global

Publicado el: 16 de enero de 2026 a las 18:46
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Recreación de un rinoceronte lanudo de la Edad de Hielo

Un trozo de carne sin digerir, del tamaño de una tarjeta de crédito, encontrado en el estómago de un cachorro de lobo de hace unos 14.400 años ha resuelto una de las grandes preguntas sobre la megafauna de la Edad de Hielo. Un equipo internacional ha logrado secuenciar por completo el genoma de ese rinoceronte lanudo y concluye que la especie estaba genéticamente sana justo antes de desaparecer. La pista principal no es la caza humana, sino un calentamiento climático brusco que borró su hábitat frío en pocas generaciones.

Un hallazgo insólito en el “congelador” siberiano

El cachorro de lobo, de apenas unas semanas de vida, apareció en 2011 perfectamente momificado en el permafrost cerca de la aldea de Tumat, en el noreste de Siberia. Durante la autopsia, los investigadores encontraron en su estómago un fragmento de tejido, todavía con pelo, que las pruebas genéticas identificaron como músculo de rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis). Radiocarbono en mano, dataron tanto al lobo como al trozo de carne en unos 14.400 años, lo que convierte a este animal en uno de los rinocerontes lanudos más “jóvenes” conocidos.



No hablamos de un fósil seco, sino de carne que ese lobo nunca llegó a digerir. A partir de ese tejido, el equipo obtuvo un genoma de alta calidad, algo que suele costar incluso con huesos bien conservados. “Secuenciar el genoma completo de un animal de la Edad de Hielo encontrado en el estómago de otro animal nunca se había hecho antes”, explica Camilo Chacón‑Duque, genetista evolutivo del Centro de Paleogenética de Estocolmo.

Un genoma sorprendentemente sano justo antes del final

Con ese genoma en la mano, los científicos lo compararon con otros dos rinocerontes lanudos de Siberia datados en torno a 18.400 y 48.500 años. Analizaron diversidad genética, niveles de endogamia, carga de mutaciones dañinas y la evolución del tamaño efectivo de la población. El resultado fue claro. No aparecen las señales típicas de una especie al borde del colapso, como largos tramos de ADN homocigoto o una pérdida marcada de variabilidad.



“Vimos un patrón genético sorprendentemente estable, sin cambios en los niveles de endogamia durante decenas de miles de años previos a la extinción”, resume Edana Lord, coautora del trabajo. En otras palabras, la especie no llegó a esa fase de “población fantasma” pequeña y muy emparentada que sí se ha documentado en otros gigantes del hielo, como algunos mamuts aislados.

El clima, la pieza que faltaba

Si el genoma no muestra un desgaste lento, ¿qué empujó al rinoceronte lanudo al abismo? La cronología encaja con el interestadial de Bølling–Allerød, un episodio de calentamiento rápido en el hemisferio norte entre hace unos 14.700 y 12.900 años. Ese cambio transformó la estepa‑tundra fría y seca, donde estos animales pastaban hierbas bajas, en paisajes más húmedos y boscosos menos adecuados para ellos.

Los autores reconstruyen la historia demográfica de la especie y no detectan una caída clara del tamaño poblacional justo al inicio de ese episodio cálido, lo que sugiere un colapso muy rápido, quizá demasiado breve como para dejar huella en el ADN. “Nuestros resultados indican que los rinocerontes lanudos mantuvieron una población viable durante miles de años tras la llegada de los primeros humanos al noreste de Siberia, lo que apunta al calentamiento climático como causa principal de su extinción”, señala Love Dalén, profesor de genómica evolutiva.

Eso no significa que la huella humana fuera inexistente. El equipo recuerda que no se puede descartar una contribución final de la caza, aunque las pruebas arqueológicas de una presión intensa sobre la especie son escasas.

Un “laboratorio natural” para la conservación actual

Más allá de la anécdota de la carne en el estómago de un lobo, el estudio abre una vía práctica. Demuestra que es posible recuperar genomas de alta cobertura a partir de restos poco habituales, lo que permite seguir la salud genética de una especie casi hasta el último momento. “El hallazgo demuestra que se puede obtener un genoma de alta calidad a partir de material mal conservado en un momento crucial de la historia de una especie”, explica Sólveig Guðjónsdóttir, autora principal.

En el contexto actual, en el que los científicos hablan ya de una crisis de biodiversidad impulsada en buena parte por el cambio climático de origen humano, estas “cápsulas del tiempo” ayudan a separar causas. Hay especies que se van apagando despacio, con años de endogamia y pérdida de diversidad. Otras, como el rinoceronte lanudo, pueden caer por un cambio ambiental rápido, incluso cuando su genética aún parece sólida sobre el papel.

Una advertencia desde la Edad de Hielo

Para quien hoy lee sobre olas de calor récord, deshielo del permafrost o cambios en la vegetación de la tundra, la historia suena incómodamente familiar. Lo que este rinoceronte nos recuerda es que no basta con vigilar el ADN de las especies amenazadas. Si el hábitat desaparece deprisa, ni siquiera una población genéticamente sana tiene margen de maniobra. Y eso se nota.

El estudio completo, titulado “Genome Shows no Recent Inbreeding in Near‑Extinction Woolly Rhinoceros Sample Found in Ancient Wolf’s Stomach”, se ha publicado en la revista científica Genome Biology and Evolution.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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