El delfín de Risso que puede medir hasta 4 metros y pesar 500 kilos parece casi blanco en la edad adulta pero sus marcas cuentan una historia científica fascinante

Publicado el: 23 de febrero de 2026 a las 15:35
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Delfín de Risso adulto casi blanco con cicatrices visibles en el cuerpo nadando en mar abierto.

¿Alguna vez has visto la foto de un gran delfín casi blanco, cruzado por finas líneas claras, y has pensado que estaba enfermo o herido para siempre? En realidad, ese patrón brillante que le recorre el cuerpo esconde una historia muy distinta. Y, sobre todo, muy útil para la ciencia y la conservación de los océanos.

En aguas profundas frente a Australia o en mar abierto lejos de la costa, estos animales emergen con un cuerpo robusto, cabeza redondeada y casi sin hocico visible. Es el calderón gris o delfín de Risso, un cetáceo que puede alcanzar unos 4 metros de longitud y cerca de 500 kilos de peso, uno de los delfines de mayor tamaño que existen.



Qué son esas marcas blancas

De lejos, los adultos parecen casi totalmente blancos. De cerca se ve otra cosa, una maraña de líneas y manchas claras sobre una base gris. Esas marcas no son “pinturas” naturales, son cicatrices que se acumulan a lo largo de la vida del animal.

Los expertos llevan años comprobando que los calderones grises nacen con un tono gris oscuro o marrón, casi sin marcas. Conforme crecen y se relacionan con otros delfines y con sus presas, se llenan de arañazos y mordiscos que cicatrizan sin recuperar el color original. Por eso la piel se va aclarando hasta que algunos individuos viejos parecen completamente blancos.



Las fuentes de esos “rayones” son varias. Muchas marcas lineales proceden de los dientes de otros delfines durante juegos bruscos, disputas por comida o competencia entre machos. Otras cicatrices circulares o irregulares se atribuyen a los picos y ventosas de calamares y pulpos, la presa favorita de esta especie que suele cazar a varios cientos de metros de profundidad.

Un vistazo bajo la piel

Faltaba, sin embargo, una pieza del puzle. Qué pasa exactamente en la piel para que la cicatriz quede blanca de forma tan marcada. Un trabajo histopatológico presentado en 2023 en el congreso de la International Association of Aquatic Animal Medicine, la entidad que agrupa a veterinarios y científicos de fauna marina de todo el mundo, ha aportado una respuesta muy clara.

El equipo liderado por la investigadora L. T. Chuang analizó muestras de piel de calderones grises con cicatrices antiguas. Los resultados indican que la herida cierra bien y la estructura de la piel se regenera, pero las células responsables del pigmento, los melanocitos, desaparecen en la zona cicatrizada. Es decir, el tejido está sano, aunque haya perdido definitivamente el “tinte” que le daba el tono gris.

En la práctica, esto significa que esas marcas blancas no son heridas abiertas ni zonas en mal estado. Son recuerdos permanentes de interacciones pasadas, grabados en la piel como si fueran un diario de vida del animal. Y eso se nota cuando se intenta seguir a un mismo delfín durante años.

Un carné de identidad natural

La persistencia de estas cicatrices convierte a cada individuo en único a los ojos de los investigadores. Varios estudios han demostrado que el patrón de cicatrices, junto con los cortes y muescas de la aleta dorsal, permite identificar a los calderones grises a partir de fotografías, igual que se hace con las huellas dactilares en humanos.

Gracias a esa “firma” blanca se pueden construir catálogos de individuos y seguirlos temporada tras temporada sin necesidad de capturarlos ni marcar físicamente a los animales. Este tipo de fotoidentificación sirve para estimar cuántos delfines hay en una zona, cuánto viven, cómo se agrupan y qué rutas siguen.

Para la conservación esto es oro. Permite, por ejemplo, comprobar si una población se recupera después de cambiar una pesquería o si al contrario sigue disminuyendo porque las capturas accidentales o el ruido submarino no han bajado. En el mar Mediterráneo, donde la subpoblación de delfín de Risso se considera en peligro y sus números han caído, contar con métodos no invasivos para seguir a los animales es clave para diseñar medidas eficaces.

Lo que cuenta la piel sobre el estado del océano

Más allá de la curiosidad, el “traje” blanco de estos delfines también habla de nosotros. Los calderones grises sufren amenazas bien conocidas, desde su captura directa en algunos países hasta el enredo en redes de pesca, además de la contaminación química y el ruido de barcos y sonares.

En el Mediterráneo se han detectado en animales varados niveles preocupantes de contaminantes persistentes, lo que se suma a la presión de la pesca y al tráfico marítimo intenso. En otras regiones los datos son más incompletos, pero los expertos advierten de que la combinación de pesca industrial, contaminación y calentamiento del agua puede ir estrechando el margen de seguridad de la especie.

Cuando un grupo de estos “fantasmas blancos” aparece cerca de una embarcación de avistamiento, para muchos pasajeros es solo una anécdota de vacaciones. Para los científicos, cada cicatriz fotografiada es un dato más sobre cómo cambia el océano y cómo responden los animales.

La próxima vez que veas la imagen de un gran delfín casi blanco, cubierto de líneas claras, quizá lo mires de otra forma. No es solo un cuerpo marcado, es un archivo viviente que guarda pistas sobre la salud de los mares profundos y sobre el impacto de nuestras actividades.

El trabajo que describe en detalle la naturaleza de estas cicatrices, titulado en inglés «Scarface The Histopathological Study on White Scarring in Risso’s Dolphins (Grampus griseus)», se presentó en el congreso de la International Association of Aquatic Animal Medicine.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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