El secreto de la dieta de los osos, por qué están cambiando su rol en el ecosistema y qué significa para el futuro del clima

Publicado el: 7 de febrero de 2026 a las 20:49
Síguenos
Oso pardo alimentándose en un entorno natural con abundante vegetación.

Los osos siempre han tenido fama de depredadores duros, capaces de aprovechar casi cualquier cosa que se mueva (o que huela a comida). Pero un nuevo trabajo científico pone el foco en otra idea: su dieta no solo es flexible, también puede cambiar mucho con el clima y con lo que el territorio ofrece. Y eso, en la práctica, significa que su papel en la naturaleza podría moverse desde “cazador” hacia algo más parecido a “gran consumidor de plantas” en ciertos lugares y épocas.

El estudio, publicado en Nature Communications, analiza información ecológica actual y datos paleoecológicos de siete especies de osos. La conclusión central es que, cuando la productividad vegetal aumenta y la temporada de crecimiento se alarga, muchos osos tienden a bajar su “posición” en la red trófica, un fenómeno que los investigadores describen como “recableado trófico”.



Qué significa “recableado trófico” cuando hablamos de osos

La idea es sencilla (aunque suene técnica): un animal omnívoro grande puede cambiar su menú según el entorno, y con ello cambia también su función ecológica. No es lo mismo un oso que se alimenta más de presas que otro que pasa buena parte del año tirando de frutos, raíces, hierbas o carroña puntual. Ese giro puede afectar a cómo se mueven los nutrientes, cómo se dispersan semillas o cómo se presiona a ciertas poblaciones de animales.

¿Y por qué importa? Porque los osos no son “un actor más”. Son grandes, se desplazan mucho y conectan ecosistemas. Cuando cambian ellos, el efecto puede notarse alrededor.



Lo que cuentan los huesos: una pista que viene de hace 12.000 años

Aquí es donde el estudio se pone especialmente interesante. Los investigadores miraron también al pasado usando evidencia isotópica en restos óseos del Pleistoceno tardío y el Holoceno. En el caso del oso pardo europeo, los datos apuntan a una bajada marcada en su posición trófica tras la última glaciación, hace unos 12.000 años, coincidiendo con un aumento de la productividad primaria y temporadas de crecimiento vegetal más largas.

Dicho de otra forma: cuando el “buffet vegetal” se amplía durante más meses, el oso puede tirar más de plantas. Y eso no es una anécdota de un año, sino un cambio que puede consolidarse con el tiempo.

Cambio climático, paisaje y conflictos: lo que hay que mirar ahora

Con el calentamiento global, en muchas regiones se están alargando las temporadas de crecimiento. Eso podría favorecer dietas más vegetales en algunas poblaciones, aunque no será igual en todas partes (depende del hábitat, la especie, la estación y la disponibilidad real de alimento). Pero hay una segunda pieza: el uso del suelo. Si los hábitats se fragmentan o se reducen, los osos pueden verse empujados a buscar comida en zonas humanizadas, con todo lo que eso conlleva (basura, cultivos, ganadería). Y aquí aparece el punto práctico para el lector: no es solo “qué comen”, sino “dónde lo buscan” y qué impactos genera esa búsqueda.

Como resume la Estación Biológica de Doñana (CSIC), esta capacidad de adaptación subraya el papel de los grandes omnívoros en la estabilidad de las redes tróficas bajo presiones globales.

El estudio ha sido publicado en Nature Communications en Nature y también puede consultarse su ficha en PubMed, además de la nota de Senckenberg y el registro académico de Lund.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario