La abubilla común parece un ave diseñada para llamar la atención. Tiene una cresta que abre como un abanico, alas blancas y negras, un vuelo ondulante y un pico largo que usa para buscar insectos en el suelo. Pero su rasgo más sorprendente no está a simple vista. Está dentro del nido, cuando los polluelos se sienten amenazados.
Si un depredador se acerca demasiado, las crías pueden expulsar excrementos malolientes hacia el atacante. No es una curiosidad sin importancia. Es una defensa real de una especie que vive en huecos, paredes, árboles viejos y rincones del campo, donde no siempre puede huir. La información de partida habla de esta conducta en la especie conocida en Hungría como «búbos banka», que corresponde a la abubilla común, Upupa epops.
Un ave inconfundible
La abubilla común es una de esas aves que se reconocen incluso sin ser experto. SEO/BirdLife la describe como una especie popular en la España mediterránea, con un penacho de plumas muy visible, alas blanquinegras y un reclamo grave que recuerda a su propio nombre científico, Upupa epops.
En España se localiza en buena parte de la Península, aunque es más escasa en la franja cantábrica y en zonas frías o muy húmedas. También aparece en Baleares y Canarias. En la práctica, le gustan los paisajes abiertos, las dehesas, los cultivos tradicionales y esos terrenos con árboles dispersos donde todavía quedan huecos para criar.
El disparo del nido
La defensa de sus polluelos es tan llamativa como eficaz. Según la ficha del Parque Nacional de Hortobágy, las crías de abubilla, en caso de peligro, pueden «rociar» excrementos malolientes hacia su atacante. Dicho de forma sencilla, convierten el propio nido en una pequeña fortaleza química.
Tiene sentido. La abubilla suele criar en cavidades de árboles, huecos abandonados de pájaros carpinteros, grietas de edificios, montones de piedras o incluso lugares bajos cerca del suelo. Si una culebra, una marta o cualquier intruso mete la cabeza, los polluelos no tienen demasiadas salidas. Así que hacen lo que pueden. Y eso se nota.
Además, la hembra y las crías producen una secreción de olor intenso en la glándula uropigial, una glándula situada cerca de la cola. No es solo «mal olor». La ciencia ha encontrado que esa sustancia está relacionada con bacterias beneficiosas y con una protección frente a microorganismos que podrían afectar al nido y a los huevos.
Bacterias que protegen
Aquí la historia se vuelve todavía más interesante. Un estudio publicado en 2024 en Scientific Reports explicó que las hembras reproductoras y los polluelos cultivan enterococos en su glándula uropigial, y que esos microorganismos presentan una actividad antimicrobiana elevada durante la fase de nidificación.
No hablamos de magia ni de una exageración. La secreción oscura y olorosa aparece sobre todo en hembras que crían y en polluelos, no en machos ni en hembras fuera de la reproducción. Es decir, se activa justo cuando el nido necesita más protección. ¿Casualidad? Los datos apuntan a que no.
Un trabajo aún más reciente, publicado el 30 de abril de 2026 en Animal Microbiome, va un paso más allá. Sus autores sostienen que la glándula uropigial de la abubilla funciona como un órgano especializado en cultivar bacterias simbióticas. Traducido a lenguaje de campo, el ave no solo huele fuerte para espantar, también parece mantener aliados microscópicos que ayudan a proteger su reproducción.
Una aliada del campo
La abubilla no solo es bonita. También cumple un papel útil en los paisajes agrícolas. Su dieta se basa sobre todo en insectos, larvas, gusanos y otros pequeños animales que captura introduciendo su pico curvado en el suelo. En huertos, viñedos, dehesas y cultivos tradicionales, esa búsqueda constante de alimento ayuda a mantener a raya parte de la fauna que vive entre la tierra y la hojarasca.
Por eso su presencia suele ser una buena señal. Donde hay abubillas, normalmente hay suelo vivo, insectos disponibles, rincones para anidar y una estructura de paisaje más variada. No hace falta imaginar un paraíso natural. A veces basta con un viejo árbol con agujeros, un muro con grietas y menos insecticidas de los que convierten el campo en un lugar silencioso.
El problema es que ese modelo de campo se está perdiendo en muchos sitios. SEO/BirdLife advierte de que la reducción de huecos naturales para anidar, la pérdida de arbolado disperso y el uso de insecticidas disminuyen tanto sus lugares de cría como su alimento. Es el mismo patrón que afecta a muchas aves ligadas a la agricultura tradicional.
No está en peligro, pero cuidado
La abubilla común está considerada de «Preocupación Menor» en España, lo que significa que no se encuentra dentro de las categorías de mayor amenaza. También es una especie abundante y ampliamente distribuida. Pero conviene no confundir eso con una barra libre para descuidar su hábitat.
La ficha española estima una población nacional de más de 2,2 millones de individuos y señala que España concentra una parte muy importante de la población europea. Es una buena noticia. Pero precisamente por eso el país tiene una responsabilidad especial en su conservación. No es poca cosa.
En Hungría, por ejemplo, el Parque Nacional de Hortobágy destaca que la especie prefiere paisajes agrícolas en mosaico, huertos, viñedos y entornos rurales. También advierte de amenazas como la agricultura intensiva, los insecticidas, los riesgos durante la migración y los efectos del cambio climático.
Cómo ayudarla
La receta no es complicada. Mantener árboles viejos, conservar huecos naturales, reducir insecticidas y favorecer una agricultura más extensiva ayuda a la abubilla y a muchas otras especies. También pueden servir los nidales adecuados, siempre colocados con criterio y sin molestar durante la cría.
Y hay una norma básica que no falla. Si encuentras un nido, no lo manipules. Observar desde lejos es suficiente. Los polluelos no necesitan visitas, fotos de cerca ni manos curiosas. Bastante tienen con crecer en una cavidad que huele fuerte por una razón.
Al final, la abubilla nos recuerda algo muy simple. La naturaleza no siempre protege con garras, velocidad o dientes. A veces lo hace con bacterias, olores y un disparo maloliente desde el fondo de un nido.
El estudio más reciente sobre esta defensa microbiana de la abubilla ha sido publicado en la revista científica Animal Microbiome.











