Hormigas contra las superbacterias: Científicos encuentran compuestos antimicrobianos capaces de frenar patógenos humanos resistentes

Publicado el: 1 de febrero de 2026 a las 09:46
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Hormiga productora de compuestos antimicrobianos estudiados contra bacterias y hongos resistentes.

La resistencia a los antimicrobianos ya es una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. Se calcula que las infecciones bacterianas resistentes fueron responsables directas de 1,27 millones de muertes en todo el planeta en el año 2019, y contribuyeron a casi cinco millones en total. En este contexto, cualquier fuente nueva de moléculas antimicrobianas interesa, y mucho. La última pista no viene de un laboratorio de alta tecnología, sino del suelo del jardín, donde las hormigas llevan millones de años haciendo su propia “guerra” a los microbios.

Un equipo de la Auburn University College of Agriculture y la Kennesaw State University ha demostrado que seis especies de hormigas comunes en el sureste de Estados Unidos producen una batería de compuestos antimicrobianos capaces de frenar bacterias y hongos, incluido el peligroso hongo hospitalario Candida auris. La investigación se ha publicado en la revista científica Biological Journal of the Linnean Society.



Un botiquín químico dentro del hormiguero

Las hormigas viven hacinadas en nidos donde se mezclan tierra, restos de comida y miles de cuerpos en contacto constante. Un “paraíso” para los patógenos. Para sobrevivir, estos insectos sociales han desarrollado lo que los científicos llaman inmunidad social, que incluye glándulas que segregan sustancias antimicrobianas que se reparten entre las obreras cuando se acicalan.

El equipo de Mary K. Chon, Darmon Kahvazadeh y Clint Penick extrajo compuestos de seis especies de hormigas usando diferentes disolventes, unos que arrastran moléculas más “acuosas” y otros que capturan compuestos más grasos. Después probaron cada extracto frente a tres tipos de microbios de interés médico, bacterias grampositivas, gramnegativas y un hongo patógeno.



Los resultados indican que las hormigas no dependen de una única sustancia milagrosa. Los extractos polares y los no polares mostraron actividad antimicrobiana, lo que encaja con la idea de que existe un abanico de familias químicas diferentes, como si el hormiguero tuviera un auténtico botiquín con varios “medicamentos” disponibles.

Armas a medida frente a diferentes microbios

La segunda gran pregunta era si estas defensas actúan contra todo de manera indiscriminada o si están ajustadas a cada tipo de patógeno. En los ensayos, algunos extractos funcionaron mejor contra hongos, otros resultaron más activos frente a bacterias gramnegativas y otros contra grampositivas. Es decir, la respuesta no fue uniforme, sino específica.

Según explica Penick en el comunicado del proyecto, el equipo quiso saber “cómo usan las hormigas estos compuestos antibióticos para defenderse de los patógenos y por qué sus defensas químicas siguen siendo eficaces a lo largo del tiempo”. Esta combinación de diversidad química y precisión frente al enemigo concreto es justo lo que la medicina humana intenta lograr para frenar la escalada de resistencias.

Uno de los resultados más llamativos es que cinco de las seis especies de hormigas lograron inhibir Candida auris, un hongo emergente que provoca brotes en hospitales y que suele resistir a varios antifúngicos. Las autoridades sanitarias lo consideran una amenaza crítica porque se propaga con facilidad en centros sanitarios y puede causar infecciones graves en pacientes muy vulnerables.

Qué nos pueden enseñar las hormigas sobre nuestros antibióticos

Mientras los humanos llevamos menos de cien años usando antibióticos, las hormigas y otros insectos sociales llevan decenas de millones de años conviviendo con patógenos y utilizando compuestos antimicrobianos sin que se haya disparado una “crisis de resistencia” como la nuestra. Penick resume esta idea de forma clara al señalar que las hormigas “podrían ayudarnos a usar estos potentes compuestos antimicrobianos de forma más inteligente”.

En la práctica esto puede traducirse en dos lecciones posibles. Por un lado, apostar por mezclas de moléculas en lugar de depender de un solo fármaco. Por otro, diseñar tratamientos más dirigidos, que ataquen al patógeno problemático sin arrasar toda la microbiota beneficiosa del paciente, algo que facilita la aparición de resistencias.

Para el lector, todo esto se conecta con preocupaciones muy cotidianas. Esa infección que ya no responde al antibiótico “de siempre”, el ingreso hospitalario que se complica por un germen resistente o la necesidad de utilizar fármacos cada vez más caros y tóxicos. Los expertos recuerdan que la resistencia antimicrobiana no es un problema abstracto, sino una realidad que ya está detrás de millones de ingresos y muertes en todo el mundo.

Lo que falta por saber

Conviene subrayar que nadie va a recetar “extracto de hormiga” en el centro de salud. Los ensayos se han realizado en placas de laboratorio y el siguiente paso es aislar y describir las moléculas concretas, entender cómo actúan y comprobar si son seguras para las personas.

El propio Penick insiste en que el reto ahora es identificar con precisión estos compuestos y sus mecanismos, porque ese conocimiento “podría guiar nuestras propias prácticas o incluso llevar al descubrimiento de nuevas moléculas de interés médico”. A partir de ahí, llegarían los ensayos en modelos animales, las pruebas de toxicidad y, como mínimo, varios años de desarrollo antes de pensar en un medicamento.

Lo que sí parece claro es que, en plena era de las superbacterias y los hongos multirresistentes, mirar al suelo del jardín y a la química discreta de las hormigas no es una excentricidad, sino una posible vía de inspiración para una farmacología más sostenible.

El estudio científico en el que se basa esta noticia se ha publicado en la revista Biological Journal of the Linnean Society.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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