En una colonia de gaviotas, acercarse al nido equivocado puede terminar en gritos, persecuciones y picotazos. Sin embargo, un nuevo experimento sugiere que los individuos jóvenes cuentan con una protección inesperada. Su plumaje marrón y poco llamativo parece reducir la agresividad de las aves adultas que están criando.
Las gaviotas reproductoras reaccionaron de forma agresiva ante los señuelos con aspecto de primer año en alrededor de tres de cada diez encuentros. Cuando el modelo mostraba el plumaje claro de una adulta, la reacción hostil fue casi una vez y media más probable y comenzó unos siete segundos antes. Puede parecer una diferencia pequeña, pero en una colonia abarrotada cada segundo cuenta.
Un plumaje que evita problemas
Muchas aves adquieren pronto sus colores definitivos. Las grandes gaviotas siguen otro camino y pueden pasar varios años cubiertas por plumas pardas, grises y moteadas antes de mostrar la cabeza blanca y el dorso claro característicos de la edad adulta.
Este proceso se conoce como maduración tardía del plumaje. Durante décadas se ha planteado que no es solo una consecuencia del crecimiento, sino una señal social que informa a las demás aves de que el individuo joven todavía ocupa una posición baja y no representa una amenaza inmediata.
En la práctica, ese mensaje visual podría transmitir algo parecido a «no vengo a disputar tu nido ni tu pareja». Para una gaviota inexperta que se mueve entre territorios vigilados, parecer menos competitiva puede ser una forma sencilla de evitar problemas. Y eso se nota.
El experimento en una isla canadiense
El equipo formado por Molly M. Hill, Sarah L. Dobney, Liliane K. Fanburg, Daniel J. Mennill y Liam U. Taylor trabajó en la isla Kent, en Nuevo Brunswick (Canadá). Los investigadores pertenecen a la Universidad de Yale, la Universidad de Windsor y Bowdoin College, cuya estación científica se encuentra en la isla.
El estudio examinó 120 nidos de gaviota argéntea americana (Larus smithsonianus) durante las temporadas de incubación de 2023 y 2024. En los nidos seleccionados se presentaron señuelos de plástico pintados para representar cuatro apariencias distintas.
Había modelos con plumaje de primer ciclo, propio de aves de alrededor de un año, de tercer ciclo y de adulto definitivo. También se utilizó una barnacla canadiense como control, una figura muy diferente que permitía comprobar si las gaviotas respondían simplemente ante cualquier visitante colocado cerca del nido.
Las adultas fueron menos agresivas
Los señuelos se situaron aproximadamente a 75 centímetros del nido. El equipo registró con qué frecuencia reaccionaban las aves, cuánto tardaban en hacerlo y cuál era el nivel máximo de agresividad, desde llamadas de alarma hasta embestidas o contacto físico.
Las gaviotas adultas mostraron respuestas menos frecuentes, menos intensas y más lentas frente al plumaje marrón del primer año que frente al aspecto definitivo. El patrón respalda la idea de que el color juvenil funciona como una señal de estatus y reduce la probabilidad de ser tratado como un rival.
La colonia no era precisamente tranquila. «Es un caos cuando caminas por allí, con gaviotas volando, gritando y peleando», explicó Molly Hill. En un escenario así, retrasar un ataque o evitarlo por completo puede dar al ave joven el tiempo necesario para retirarse.
No es solo pasar desapercibida
A primera vista, podría pensarse que las plumas oscuras sirven únicamente como camuflaje. Pero los señuelos estaban colocados a plena vista y cerca de nidos defendidos, por lo que la diferencia de respuesta apunta a algo más parecido a una insignia social.
¿Qué significa esto en la práctica? Una gaviota de primer año puede entrar en una colonia, observar a las adultas y aprender cómo funciona ese vecindario sin despertar de inmediato la misma hostilidad que provocaría un individuo con apariencia reproductora.
Los autores plantean que esta señal también podría reducir conflictos en grupos de alimentación, zonas de invernada o visitas breves a las colonias. Esa posibilidad es razonable, pero el experimento se realizó junto a nidos activos, así que todavía debe comprobarse en otros contextos.
Las dudas que siguen abiertas
El trabajo ofrece una prueba experimental clara, aunque no explica todo. Los modelos pintados permiten aislar el efecto del plumaje, pero una gaviota real también se mueve, adopta posturas, vocaliza y modifica su conducta según la reacción de las demás.
Tampoco se midió si las aves jóvenes con plumaje pardo sobreviven más o sufren menos lesiones a lo largo de los años. El estudio demuestra una reducción de la agresividad inmediata, no una mejora directa de la supervivencia. Esa diferencia importa.
Hay otro resultado que obliga a ser prudentes. Las adultas no reaccionaron de manera significativamente distinta ante los modelos de tercer ciclo y los de plumaje definitivo, por lo que el experimento no resuelve por qué las gaviotas de más edad siguen conservando plumas marrones antes de completar su transformación.
Una pista para otras aves marinas
La maduración tardía del plumaje también aparece en albatros, alcatraces y otras aves marinas de vida larga. Aunque estos grupos no siempre están estrechamente emparentados, todos deben aprender a moverse en sociedades densas donde los territorios, las parejas y el alimento pueden provocar conflictos.
El hallazgo sugiere que la evolución podría haber llegado varias veces a una solución parecida. Vestirse con colores de joven durante más tiempo puede rebajar la tensión mientras el animal gana experiencia y todavía no compite en igualdad de condiciones con las aves reproductoras.
A veces, el plumaje más discreto no es una versión incompleta del adulto. Puede ser una especie de salvoconducto para atravesar una colonia donde casi todo el mundo está preparado para defender su sitio. No es poca cosa.
El estudio científico ha sido publicado en Animal Behaviour.



