En una mañana cualquiera en Blackmans Bay, al sur de Hobart, el plan no suena heroico: gafas, tubo, guantes y paciencia. Pero el resultado impresiona. Un grupo de voluntarios sacó del río Derwent un total de 1.614 estrellas de mar invasoras, que sumaron unos 40 kilos en una sola jornada. No es poca cosa.
El animal en cuestión es la estrella de mar del Pacífico Norte (Asterias amurensis), uno de los invasores marinos más problemáticos en Australia. Llegó como “polizón” en barcos (se la vincula al tráfico marítimo desde los años 80) y, como aquí no tiene depredadores naturales, se multiplica a lo grande. En Tasmania, algunas estimaciones hablan de hasta 30 millones de ejemplares, con especial concentración alrededor del Derwent.
¿Y por qué preocupa tanto? Por su apetito. Se alimenta de mejillones, almejas y otros bivalvos, y puede presionar también a especies de interés comercial como vieiras y ostras. En la práctica, donde entra en densidad alta, “barre” zonas enteras y cambia el equilibrio del fondo marino.
Keith Thomas-Wurth, uno de los vecinos que organiza estas retiradas periódicas, lo resume con una idea sencilla: “everyone can do something” (“todo el mundo puede hacer algo”) para evitar “una especie más camino de la extinción”. Su obsesión tiene nombre propio: el spotted handfish (pez mano moteado), un pez rarísimo del estuario del Derwent, protegido por la legislación ambiental australiana y con una recuperación cuesta arriba.
Ahora bien, conviene ponerlo en contexto para no vender humo. La propia comunidad científica insiste en que erradicarla del todo es casi imposible en un entorno abierto como el océano. La ecóloga Tiana Pirtle, del Invasive Species Council, lo dijo así de claro: “we just don’t have the tools” (“simplemente no tenemos las herramientas”) para eliminarla a gran escala, aunque el control local sí puede proteger “activos ambientales” concretos.
Además, en Tasmania no vale eso de “la saco y ya está”. La estrella de mar del Pacífico Norte es una especie declarada nociva, y es ilegal poseerla en aguas estatales. Dicho de otra forma: si te la encuentras, lo prudente es informarte bien y seguir el procedimiento adecuado.
¿Qué significa todo esto para el día a día? Que el trabajo de snorkel y buceo ayuda, pero no sustituye lo importante: prevenir nuevas entradas y reducir su expansión. Limpiar embarcaciones y equipos, no mover organismos entre zonas, y avisar a las autoridades o programas locales cuando se detecten focos puede ser igual de decisivo que una jornada de recogida. Porque, como pasa con los atascos, si sigues metiendo coches en la misma calle, por más que despejes, el problema vuelve.
La ficha oficial sobre Asterias amurensis se ha publicado en NIMPIS.

















