Los reactores de Fukushima muestran vida donde no debería haberla y los científicos no saben que responder

Publicado el: 18 de febrero de 2026 a las 09:44
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Vista aérea de los reactores dañados de la central nuclear de Fukushima Daiichi tras el accidente de 2011.

En los sótanos inundados de la central nuclearFukushima Daiichi Nuclear Power Station, donde durante años se asumía que solo reinaba la radiactividad, un equipo japonés ha encontrado algo que nadie esperaba encontrar allí: vida bacteriana que parece bastante normal. Nada de microbios superresistentes de ciencia ficción, sino bacterias corrientes que han logrado prosperar en uno de los entornos más extremos creados por el ser humano. 

La historia arranca en 2011, cuando el terremoto y el tsunami dañaron varios reactores y el agua de mar se coló en la sala del torus, una estructura situada bajo el edificio del reactor que sirve para absorber el vapor en caso de emergencia. Esa agua quedó estancada y muy contaminada con cesio radiactivo y otros elementos, y desde entonces forma parte de los enormes volúmenes de agua que la compañía gestora sigue controlando y tratando en la prefectura de Fukushima.



Bacterias corrientes en un lugar nada corriente

Los biólogos Tomoro Warashina y Akio Kanai, de la Universidad de Keio, analizaron muestras de esa agua del torus, con niveles de radiactividad del orden de mil millones de bequerelios de cesio 137 por litro, una cifra que en cualquier otro contexto sonaría a prohibición inmediata de acceso humano.

Mediante secuenciación de ADN identificaron las comunidades microbianas que viven en ese líquido. El resultado sorprendió a los propios autores. En lugar de dominar microbios famosos por aguantar grandes dosis de radiación, como ocurre en otros escenarios extremos, lo que encontraron fueron géneros como Limnobacter y Brevirhabdus, bacterias que se alimentan oxidando compuestos inorgánicos de azufre, manganeso o hierro. Es decir, organismos quimiolitótrofos que funcionan más como pequeñas fábricas químicas que como superhéroes radiactivos.



Cuando el equipo probó en laboratorio la resistencia a la radiación de una especie cercana de Limnobacter observó que su aguante era similar al de bacterias comunes de otros ambientes. Nada extraordinario. De ahí la pregunta que ronda todo el estudio: si no son especialmente resistentes, ¿cómo es posible que hayan colonizado un agua tan cargada de radiactividad?

Biofilms, metal y corrosión: un cóctel inesperado

La pista está en la forma de vida de estas bacterias. Las muestras mostraban biopelículas adheridas a superficies metálicas del sistema, esas capas pegajosas donde las bacterias se agrupan y se envuelven en una matriz que ellas mismas producen. En esa especie de moco protector la radiación puede quedar algo amortiguada y, al mismo tiempo, los microbios tienen a mano su fuente de energía: los metales de la estructura.

El análisis estadístico de las secuencias reveló que cerca de setenta por ciento de los géneros presentes en esa agua están asociados en otros contextos con procesos de corrosión de metales. O dicho de otra forma, buena parte de la microbiota de la sala del torus no destaca por su resistencia a la radiación, sino por su capacidad para atacar acero y otras aleaciones. Los autores hablan de un “impacto mínimo de la radiactividad en la selección” y de un peso muy alto del tipo de superficie disponible y de la química del agua. 

Para el desmantelamiento de la central esto no es un detalle menor. Que existan comunidades microbianas activas que favorecen la corrosión implica que tuberías, depósitos y estructuras sumergidas pueden deteriorarse más rápido de lo previsto si no se controla este factor biológico. En un lugar donde un fallo estructural podría significar nuevas filtraciones al entorno, los ingenieros no pueden permitirse una sorpresa más.

Un patrón que se repite en otras instalaciones nucleares

El trabajo también señala que varios de los géneros detectados coinciden con bacterias identificadas en piscinas de combustible nuclear gastado en instalaciones de Francia y Brasil. Esto sugiere que, siempre que haya agua estancada, materiales radiactivos y superficies metálicas, la vida encuentra una manera de colarse y organizarse en forma de biofilm.

La compañía operadora Tokyo Electric Power Company Holdings ya había documentado anteriormente la presencia de partículas y sedimentos radiactivos en la misma sala, lo que refuerza la idea de que el torus se ha convertido en un pequeño laboratorio involuntario donde interactúan física, química y microbiología.

La investigación no se queda en un solo artículo. Otro equipo, con participación de algunos de los mismos autores, ha publicado el genoma completo de varias cepas de Micrococcus luteus aisladas del agua radiactiva de Fukushima, un paso clave para entender qué genes les permiten vivir y dividirse en ese entorno tan particular.

Qué tiene que ver todo esto con el medio ambiente y con nosotros

Puede parecer un asunto muy técnico y muy lejano, pero no lo es tanto. El cierre y desmantelamiento de instalaciones como Fukushima marcará durante décadas el debate sobre el papel de la energía nuclear en la transición energética. Mientras aquí discutimos sobre renovables, gas o nuclear cada vez que llega la factura de la luz, en Japón equipos de biólogos y de ingenieros trabajan para que esa herencia radiactiva no termine en el océano ni en los acuíferos.

Los autores recuerdan que conocer bien qué microbios viven en las zonas contaminadas ayuda a diseñar estrategias de limpieza más seguras, a elegir materiales menos vulnerables a la corrosión y, llegado el caso, incluso a aprovechar ciertas bacterias para inmovilizar metales y radionúclidos. No es magia, es microbiología aplicada a la gestión de residuos nucleares.

En el fondo, esta historia es un recordatorio de dos cosas. La primera, la enorme resiliencia de la vida, capaz de aferrarse incluso a un sótano radiactivo. La segunda, que los proyectos energéticos no terminan cuando apagamos un reactor. Continúan durante décadas en forma de vigilancia, mantenimiento y ciencia. Y ahí los microbios tienen mucho que decir.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Applied and Environmental Microbiology.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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