La caza del lobo al norte del Duero pone en riesgo su diversidad genética y el equilibrio ecológico

Publicado el: 18 de febrero de 2026 a las 08:19
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La caza del lobo al norte del Duero pone en riesgo su diversidad genética según expertos del CSIC

La caza del lobo al norte del Duero pone en riesgo su diversidad genética en un momento crítico para la especie en la península ibérica. Desde abril de 2025, la normativa permite abatir ejemplares en esa zona, reabriendo un debate que trasciende lo político y entra de lleno en el terreno científico.

Investigadoras como Isabel Salado, de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), advierten de que la población ibérica ha perdido variabilidad genética en las últimas décadas, presenta fragmentación y muestra señales preocupantes de endogamia. Eliminar individuos, especialmente jóvenes dispersantes, puede agravar un problema invisible que tarda décadas —incluso siglos— en revertirse.



Desde el punto de vista biológico, la presión de caza sobre poblaciones fragmentadas reduce el número de individuos reproductores y favorece la pérdida de variabilidad genética. Esta diversidad es esencial para que la especie pueda adaptarse a enfermedades, cambios climáticos y transformaciones del hábitat.

Expertos y organizaciones advierten de que eliminar ejemplares dominantes o reproductores puede desestructurar las manadas, provocar más dispersión juvenil y, paradójicamente, aumentar los conflictos con la ganadería al generar grupos menos estables.



La caza del lobo al norte del Duero pone en riesgo su diversidad genética y su futuro ecológico

Una investigadora del CSIC advierte que matar ejemplares clave frena la conectividad, agrava la endogamia y debilita la recuperación del depredador más emblemático

Desde abril de 2025, la caza del lobo está permitida en España al norte del río Duero por una disposición incluida en la Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Una de las mayores expertas en su salud genética es Isabel Salado, bióloga de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), un centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con sede en Sevilla. Allí realizó su tesis doctoral sobre los cambios temporales en la diversidad genética de las poblaciones del lobo gris.

Ahora, continúa su etapa posdoctoral investigando la evolución y diversidad de este depredador, un elemento clave en los equilibrios de los ecosistemas de toda Europa.

Pregunta. ¿Qué importancia tiene el lobo para los ecosistemas?

Respuesta. Dentro de los ecosistemas, tiene muchas funciones; entre ellas, destaca su papel como depredador apical, es decir, un gran carnívoro que está en lo alto de la cadena trófica. Si se elimina el lobo, tiene un efecto cascada, puede afectar a otras especies del ecosistema y todo se desestabiliza.

Además, reduce la transmisión de enfermedades en la población de ungulados silvestres (ciervos, corzos o jabalíes, entre otros), es decir, donde hemos eliminado a los lobos tenemos el riesgo de fomentar una mayor densidad de ungulados y, por tanto, de generar un mayor reservorio de virus como el de la peste porcina africana. Por nuestro propio interés, los ecosistemas deben estar lo más equilibrados posibles.

Un depredador clave cuyo vacío desestabiliza ecosistemas enteros

P. Según la diversidad genética, ¿cuál es el estado de conservación del lobo en la península ibérica?

R. El estado de conservación es desfavorable, entre otros motivos, porque el lobo ibérico ha perdido diversidad genética en los últimos 50 años, según nuestros últimos estudios. Además, la población está fragmentada a nivel genético y hemos encontrado niveles variables de endogamia dentro de la población.

Hay zonas, como al sur del Duero, en las que se están reproduciendo entre sí individuos que están emparentados, probablemente porque no están llegando individuos de otras manadas.

Endogamia y fragmentación: amenazas invisibles para la especie

Todavía no tenemos evidencias de lo que se conoce como depresión por endogamia, las consecuencias negativas en la descendencia debido a la reproducción entre ejemplares emparentados durante varias generaciones.

Sin embargo, aunque no lo sabemos, esto no significa que no pueda estar ocurriendo en la península ibérica, tal y como hemos observado en otras poblaciones: por ejemplo, en Escandinavia, se han documentado malformaciones óseas y problemas de reproducción.

P: ¿Tiene sentido la división entre norte y sur del río Duero a nivel genético?

R: Es una división totalmente arbitraria y, en mi opinión, ni siquiera tiene sentido su gestión a nivel de país porque, por ejemplo, hay manadas compartidas entre Portugal y España; eso hace que tengan un nivel de protección diferente según el país en el que se encuentren.

El nivel de protección debería ser el mismo para toda la población ibérica. Además, el río Duero no es una gran barrera de dispersión, pues tenemos evidencias de lobos cruzando ríos

En conclusión, el nivel de protección debería ser el mismo para toda la población ibérica. Además, el río Duero no es una gran barrera de dispersión, pues tenemos evidencias de lobos cruzando ríos.

A todo ello se suma una amenaza invisible porque, aunque una población recolonice una zona, no significa que esté a salvo en términos genéticos, sino que su recuperación genética puede tardar décadas, incluso cientos de años.

P: ¿Cómo influye la caza del lobo al norte del Duero en la conservación de la especie?

R: Es justo lo no recomendable, ya que lo ideal para mejorar su estado de conservación sería fomentar la conectividad, porque la población ibérica está aislada de otros núcleos europeos.

El mecanismo más rápido para aumentar la diversidad genética es mejorar la conexión con otras poblaciones a través de individuos potencialmente dispersantes, que suelen ser jóvenes, de entre uno o dos años.

Sin embargo, estos individuos son también los que tienen una mayor probabilidad de mortalidad por causas humanas (atropellos, furtivismo o caza recreativa) al moverse de una zona a otra, por lo que probablemente estemos perdiendo a esos ejemplares que podrían conectar con otras poblaciones, reducir esa fragmentación y contribuir a recolonizar otras zonas.

Sin conectividad no hay recuperación posible

P: ¿Qué medidas facilitarían la dispersión y conectividad de la población ibérica?

R: Lo primordial es dejar de eliminar ejemplares, así como identificar y proteger los posibles corredores ecológicos que permitan a los lobos recolonizar zonas en las que ya se encontraba en otras épocas.

Además, ayudaría acabar con una gestión tan fragmentada, pues tenemos diferentes gestiones según la comunidad autónoma, e incluso según cada provincia. Yendo un poco más allá, sería positivo un mayor nivel de coordinación entre los diferentes países debido a que, en muchas ocasiones, la escala a la que se mueven las poblaciones de grandes carnívoros es continental.

P: ¿Cuánto tarda el lobo en colonizar nuevas zonas?

R: Depende. La especie en sí tiene una capacidad de dispersión muy elevada, pero es verdad que en la península ibérica le está costando mucho. Pero también tenemos ejemplos en sentido contrario, como en Alemania, donde hace 20 años no había ninguna manada de lobos y ahora hay en torno a unos 200 grupos.

Es decir, se trata de una especie con una gran capacidad de recolonización, porque puede recorrer largas distancias; aunque todavía no sabemos por qué no está sucediendo en nuestro territorio.

Es cierto que las infraestructuras tienen un impacto, pero creo que puede estar más relacionado con el tipo de gestión que estamos haciendo de la especie y, quizás, con alguna característica genética que todavía tengamos que explorar.

P: ¿Puede haber sobrepoblación del lobo?

R: No, porque el lobo y otros grandes depredadores dependen de las presas que tengan en esas zonas. Además, la especie funciona por grupos o manadas que tienen una única pareja reproductora, es decir, dentro de cada grupo no se reproducen todos los ejemplares, sino dos individuos. Al ser territoriales, donde hay un grupo de lobos no puede haber dos.

En Norteamérica hay enfrentamientos entre lobos, en los que algunos mueren; pero en zonas más humanizadas como Europa, la mayor parte de la mortalidad se debe a las personas. Ni en condiciones naturales podemos tener una sobrepoblación de grandes carnívoros por su territorialidad y niveles de regulación de la reproducción.

Ganadería y prevención: alternativas a la eliminación

Lo primordial es dejar de eliminar ejemplares, así como identificar y proteger los posibles corredores ecológicos que permitan a los lobos recolonizar zonas en las que ya se encontraba en otras épocas.

P. ¿Qué medidas evitarían la eliminación de ejemplares relacionada con la ganadería?

R. En primer lugar, no estoy de acuerdo con la idea de que el lobo mate por matar; ya que cazar les supone un riesgo, por lo que depredan principalmente para alimentarse y para alimentar a las crías.

Por otro lado, sin duda, el ganado doméstico es mucho más vulnerable, ya que para el lobo no es lo mismo depredar un jabalí que una oveja. Sin embargo, podemos tomar medidas preventivas para reducir daños al ganado, como la presencia de vallado, perros y pastores, que han mostrado ser las más eficaces.

Aunque el ganado doméstico es más vulnerable que los ungulados, podemos tomar medidas para que el nivel de protección entre animales domésticos y silvestres sea parecido.

P. ¿Qué efectos positivos tendría la recuperación del lobo para la población local?

R. El lobo mantiene controladas tanto a las poblaciones de ungulados, y las enfermedades asociadas a estos, como a las de mesodepredadores (carnívoros u omnívoros de tamaños medio situados en un nivel intermedio de la cadena trófica), como los zorros.

P: ¿Cuál es el futuro del lobo en España y en Europa?

R: Tenemos el desagradable honor de tener en España una de las pocas poblaciones que se ha extinguido en las últimas décadas. Mientras que en el resto de Europa las poblaciones de lobos estaban expandiéndose o recuperándose, en la península ibérica se ha mantenido estables en el noroeste, pero en el sur se ha extinguido la población de Sierra Morena.

Este fracaso para la conservación plantea una pregunta: ¿Qué tipo de gestión estamos haciendo en comparación con otras especies?

La situación es muy complicada. A nivel de investigación, seguimos documentando el estado de conservación y el estado genético de las diferentes poblaciones; pero es verdad que se está polarizando la opinión sobre el lobo y se están cambiando los procesos de gestión por motivos que no se fundamentan en evidencias científicas.

Una gestión basada en evidencia, diálogo con el sector ganadero y seguimiento poblacional continuo resulta clave para garantizar la coexistencia entre actividad humana y conservación del lobo, evitando decisiones que puedan tener consecuencias irreversibles a largo plazo. Seguir leyendo en NATURALEZA.

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