Los corales están viviendo una carrera contra el calor del mar, pero no todos están perdiendo al mismo ritmo. En la laguna de Majuro, en las islas Marshall, un equipo de científicos busca arrecifes que parecen resistir mejor las olas de calor marinas, justo cuando buena parte del planeta ha visto sus corales volverse blancos y débiles.
La idea no es vender una solución mágica. Es más sencilla y, a la vez, más urgente. Si estos “superarrecifes” se protegen de la pesca excesiva, la contaminación, el dragado y otros golpes humanos, podrían convertirse en una especie de banco vivo para ayudar a recuperar zonas dañadas. NOAA calcula que el cuarto evento mundial de blanqueamiento afectó al 84 % del área global de arrecifes entre comienzos de 2023 y mediados de 2025, con daños documentados en al menos 83 países y territorios.
Qué son los superarrecifes
Los “superarrecifes” son comunidades de coral que resisten mejor el aumento de temperatura o se recuperan con más rapidez después de una ola de calor. A veces lo logran por adaptación genética. Otras veces, porque corrientes más frescas o condiciones locales les dan un pequeño respiro.
El proyecto Super Reefs, impulsado por Woods Hole Oceanographic Institution junto con Stanford University y The Nature Conservancy, busca precisamente esos lugares. Su objetivo es encontrarlos, confirmar científicamente su resistencia y ayudar a que gobiernos y comunidades los protejan antes de que sea tarde.
¿Qué significa esto en la práctica? Que no basta con dibujar un área protegida al azar en un mapa. Hay que saber qué arrecife tiene más opciones de sobrevivir, si puede producir larvas sanas y si esas larvas pueden llegar a otros arrecifes dañados.
El robot amarillo
En Majuro, una de las herramientas más llamativas es Yellowfin, un pequeño vehículo de superficie no tripulado que navega por la laguna siguiendo coordenadas muy precisas. Anne Cohen, científica de Woods Hole Oceanographic Institution, lo describió como “la mejor compañera de buceo” durante la expedición.
La razón es fácil de entender. Un equipo de buceadores puede revisar una zona concreta, pero un robot puede recorrer grandes extensiones, tomar miles de imágenes y volver al mismo punto año tras año. Es como pasar de mirar una esquina del bosque a tener un mapa completo de sus árboles.
Esas fotos permiten comparar qué colonias se blanquearon, cuáles murieron y cuáles siguieron sanas cuando el agua se calentó. Y ahí aparece la pregunta clave. ¿Por qué dos corales de la misma zona, a veces de aspecto casi idéntico, reaccionan de forma tan distinta al mismo calor?
Por qué Majuro importa
Las islas Marshall no son un lugar cualquiera para estudiar corales. El país está formado por 29 atolones y 5 islas, con una superficie terrestre mínima y una vida muy unida al mar. En muchos casos, el coral no solo sostiene el ecosistema, también ayuda a explicar el propio suelo donde viven las comunidades.
La amenaza, además, llega por varios frentes. Un estudio del Banco Mundial advirtió en 2021 que la subida del nivel del mar podría poner en peligro el 40 % de los edificios existentes en Majuro y dejar al 96 % de la ciudad expuesta a inundaciones frecuentes inducidas por el cambio climático. No es un dato frío. Hablamos de escuelas, casas, caminos y zonas donde la pesca forma parte de la vida diaria.
Por eso, cuando un arrecife cercano a la comunidad de Laura mostró señales de resistencia al calor, el hallazgo no fue solo científico. También abrió una conversación local sobre cómo pescar, cómo proteger y qué dejar a las siguientes generaciones.
De proteger a restaurar
El trabajo no termina cuando se localiza un arrecife resistente. Los científicos también realizan modelos hidrodinámicos, pruebas de estrés térmico, análisis genómicos y simulaciones de dispersión de larvas. En palabras más simples, quieren saber si esos corales aguantan el calor y si sus “crías” pueden viajar con las corrientes hacia otros arrecifes.
En Laura, la protección debe encajar con la vida de la comunidad. No se puede pedir a pescadores que dejen de pescar sin explicar bien por qué, dónde y durante cuánto tiempo. La conservación que ignora la mesa de una familia suele durar poco. Y eso se nota.
Ahí entra el enfoque Reimaanlok, una forma de planificación comunitaria en las islas Marshall que mezcla conocimiento tradicional y estudios científicos. El Banco Mundial lo describe como una vía para reforzar la conservación liderada por las propias comunidades, no impuesta desde fuera.
El nuevo mapa global
La búsqueda de estos refugios no se limita al Pacífico central. Un nuevo trabajo científico ha identificado 166 364 km² de arrecifes potencialmente resilientes al clima, repartidos por 72 países y 100 territorios o jurisdicciones. Para llegar a esa cifra, los autores reunieron 45 091 observaciones de campo tomadas entre 1960 y 2025 y usaron 42 variables climáticas, oceánicas y de presión humana.
El dato cambia la conversación. Hasta ahora, muchos mensajes sobre los corales sonaban a sentencia final. Pero este mapa sugiere que todavía hay zonas con opciones reales de persistir hasta 2050, especialmente si reciben protección y financiación. Aun así, el propio estudio está en fase de prepublicación y todavía no ha pasado por revisión por pares, así que debe leerse con prudencia.
Reuters también recogió que solo el 28 % de esos arrecifes resilientes está actualmente dentro de áreas protegidas o conservadas. Emily Darling, de Wildlife Conservation Society, lo resumió con una idea clara. “Sabemos dónde está la esperanza”, pero ahora falta voluntad política.
Lo que no conviene olvidar
Los superarrecifes no son invencibles. Un arrecife que aguanta mejor el calor puede quedar enterrado por sedimentos, enfermar por aguas residuales, sufrir por plásticos o romperse por artes de pesca destructivas. El calor es el gran problema, pero no el único.
Tampoco sirven como excusa para retrasar la reducción de emisiones de CO2. NOAA advierte de que las temperaturas de la superficie del mar siguen siendo más altas que hace 25 o 30 años, cuando se registró el primer evento mundial de blanqueamiento. Además, sus expertos señalan que el seguimiento frecuente será cada vez más importante porque los arrecifes podrían blanquearse casi cada año.
En el fondo, estos corales resistentes son una oportunidad para ganar tiempo. No sustituyen la acción climática. La acompañan.
El próximo paso
Cohen quiere ir más allá de proteger puntos aislados. Su idea es crear un corredor azul de superarrecifes, conectado por corrientes marinas, entre las islas Marshall, Kiribati y Tuvalu. Sería una especie de autopista natural para larvas de coral más resistentes al calor.
Si funciona, el modelo podría inspirar redes parecidas en otras regiones tropicales. Pero la clave será la misma en todas partes. Ciencia para saber dónde actuar, comunidades para decidir cómo hacerlo y menos presión humana para que los corales tengan una oportunidad real.
El estudio científico más reciente sobre estos refugios climáticos ha sido publicado como preprint en EcoEvoRxiv.













