En 1895 llegaron las primeras 400 ovejas a la isla de Campbell, en Nueva Zelanda, y en 1927 llegaron 5.000 más. Pero la granja cerró en 1931, y muchas quedaron a su suerte, abandonadas. Se terminaron volviendo salvajes y fueron alterando poco a poco el paisaje.
Las ovejas nunca fueron rescatadas, fueron encerradas mediante cercas y cazadores tras años de seguimiento. Después, la operación se centró en eliminar a las ratas, y con las dos especies eliminadas, permitió que las plantas, los invertebrados y las aves que habían desaparecido volvieran a recuperar el terreno.
Una granja en el fin del mundo
La isla de Campbell, también conocida como Motu Ihupuku, está a unos 700 kilómetros al sur de la Isla Sur, y tiene una extensión de unas 11.300 hectáreas. Forma parte de las islas subantárticas neozelandesas, reconocidas como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Pese a las gélidas temperaturas, la lluvia y el viento constante, la ganadería se abrió paso. Para ello, hubo que quemar vegetación nativa, al mismo tiempo que las ovejas iban consumiendo las megaherbas, plantas perennes del entorno que se caracterizan por sus grandes hojas y sus llamativas flores. Su presencia también afectó a las colonias de pingüinos, madrigueras de aves marinas y algunos nidos de otras aves.
La cerca mostró qué estaba ocurriendo
Gracias a que en el año 1970 se construyó una cerca, la cual dividía la isla en dos, las ovejas quedaron en la mitad norte. Desde ese momento, la zona sur comenzó a recuperar todo lo que se había perdido, fue una especie de experimento a gran escala.
La vegetación recuperó la fuerza, evidenciando el impacto negativo del ganado. En 1984 se construyó una segunda cerca con los mismos resultados, y después, hasta finales de los 90, cazadores eliminaron a unas 7.000 ovejas para devolver a la isla su naturaleza original.
El segundo enemigo eran las ratas
Pero las ovejas no eran el único problema, había otros animales que nunca habían sido invitados a la isla, las ratas de Noruega, procedentes de barcos que amarraron en la isla desde, al menos, 1840. Su expansión supuso el fin de aves terrestres y frenaba el regreso de especies desaparecidas.
En 2021, se esparcieron 120 toneladas de cebo para roedores para acabar con ellas. Es considerada la mayor erradicación de ratas de la historia en el mundo. No se volvieron a encontrar ejemplares.
Las megaherbas regresaron
Las megaherbas volvieron a florecer como antes, en abundancia, en tamaño y en superficie. Volvieron a verse gramíneas nativas, aumentaron los invertebrados y las aves marinas fueron recuperando su hábitat.
También desaparecieron los gatos que se habían introducido, posiblemente porque la vegetación cerró los espacios abiertos y por el aumento de la humedad. Aún quedan 50 especies de plantas que no deberían estar ahí, y la vigilancia es constante.
Las aves encontraron el camino de vuelta
En 2004 se reintrodujo la cerceta de Campbell, un pequeño pato nocturno que desapareció por culpa de las ratas, y la agachadiza de Campbell volvió por sí sola y recolonizó el terreno. La bisbita y las aves marinas también recuperaron sus espacios de reproducción. También volvieron a verse las seis especies de albatros, entre ellas el albatros real del sur.
La recuperación fue un trabajo de décadas, primero poniendo fin a las ovejas introducidas, después exterminando las ratas, lo que dio paso a la recuperación de la vegetación y a la vuelta de especies. Es la prueba de que, pese a que un entorno quede completamente alterado, la recuperación y regeneración son posibles.
El estudio principal se ha publicado en New Zealand Journal of Ecology.



