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El plan para salvar los ríos del oeste de EEUU de un árbol invasor liberando escarabajos en 2001 terminó destruyendo el hogar de un ave en peligro

Liberaron escarabajos contra un árbol invasor y el plan terminó reduciendo drásticamente el hábitat de un ave en peligro.

El plan para salvar los ríos del oeste de EEUU de un árbol invasor liberando escarabajos en 2001 terminó destruyendo el hogar de un ave en peligro

En 2001, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos autorizó la liberación de escarabajos para frenar el tamarisco, un árbol invasor extendido por los cauces del oeste. Años después, un modelo del Servicio Geológico de Estados Unidos estimó que el hábitat adecuado del mosquero saucero del suroeste había caído un 94 % entre 2010 y 2015 en el tramo bajo del río Virgin.

El dato no significa que desapareciera el 94 % de toda la población del ave ni de su hábitat en Estados Unidos. Sí revela un problema incómodo para la conservación, ya que una medida creada para reparar un ecosistema terminó debilitando el refugio que una especie en peligro había aprendido a utilizar.

Un ave atada a los ríos

El mosquero saucero del suroeste es un pequeño pájaro cantor migratorio que cría en vegetación densa junto a ríos, arroyos y humedales. Necesita zonas frescas, con arbustos y árboles próximos al agua, durante una temporada reproductora que suele ir de mayo a septiembre.

La subespecie está protegida como especie en peligro en Estados Unidos desde 1995. En 2013, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre designó cerca de 1.975 kilómetros de cauces como hábitat crítico en seis estados.

Vigilar ese territorio solo desde el suelo resulta complicado. Una crecida puede abrir un claro, una sequía puede secar la vegetación y un incendio puede transformar un lugar que parecía adecuado para anidar.

El mapa que ve desde el espacio

James R. Hatten, biogeógrafo investigador del Servicio Geológico de Estados Unidos, desarrolló un modelo con imágenes de satélite para localizar vegetación apropiada en toda la distribución del ave. En vez de contar nidos uno por uno, el sistema compara paisajes completos y calcula dónde es más probable que exista hábitat de cría.

“El modelo por satélite nos da nuevas capacidades para localizar y vigilar el hábitat potencial”, explicó Hatten. La herramienta también mostró que las condiciones secas de 2013 a 2015 redujeron las zonas adecuadas en partes de California, mientras algunas áreas de Nuevo México y Texas mejoraron.

Hay un matiz importante. El modelo mide la extensión estimada de vegetación apta, no el número exacto de aves, huevos o nidos, pero permite comparar cuencas con el mismo criterio y detectar cambios que podrían pasar desapercibidos en visitas aisladas.

El escarabajo y el tamarisco

El control biológico consiste en utilizar un organismo vivo para contener una especie problemática. En este caso, los escarabajos de la hoja del tamarisco fueron liberados en diez puntos de seis estados para debilitar un árbol introducido que desplazaba vegetación nativa y alteraba los ríos.

La intervención incluía distancias de seguridad y seguimiento, pero los insectos se extendieron más de lo previsto, tanto de forma natural como por movimientos realizados por personas. El Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal, conocido como APHIS, terminó su programa en 2010 y anuló los permisos por el posible daño al hábitat del mosquero.

Aquí aparece la paradoja. Aunque el tamarisco es invasor, muchos mosqueros habían empezado a anidar en sus arboledas maduras allí donde los sauces y otros árboles nativos ya habían desaparecido. Cuando el escarabajo deja esas copas sin hojas durante la cría, los nidos quedan más expuestos al calor y a los depredadores.

La pérdida del río Virgin

El resultado más llamativo apareció en el tramo bajo del río Virgin, entre Nevada y Arizona. Según el modelo, la superficie adecuada para el mosquero disminuyó un 94 % entre 2010 y 2015 y solo quedó alrededor de un 6 %.

El informe de 2016 también proyectó pérdidas del 36 % en el tramo bajo del río Colorado y del 55 % en el tramo alto del río Gila durante la década siguiente si el escarabajo continuaba avanzando. Eran previsiones del modelo, no mediciones posteriores, por lo que no deben presentarse como resultados ya confirmados.

¿Qué falló entonces? No necesariamente la idea de combatir el tamarisco, sino la diferencia de velocidad entre la desaparición del árbol invasor y la recuperación de la vegetación nativa. Para un ave en plena temporada de cría, ese intervalo puede ser decisivo.

Dónde restaurar primero

El proyecto reunió al Servicio Geológico, al Servicio de Pesca y Vida Silvestre y a la Oficina de Recuperación. Las agencias han probado respuestas como retirar tamariscos de forma selectiva, recuperar sauces y álamos y plantar vegetación ribereña en antiguas tierras agrícolas. La eficacia a largo plazo de la restauración no estaba clara al publicarse el informe, pero el mapa permitía señalar dónde actuar antes de que el deterioro fuera mayor.

El Servicio Geológico convirtió después este trabajo en un visor de hábitat que ayuda a observar cambios asociados a escarabajos, incendios y sequías. En la práctica, eso permite comprobar si una restauración está creando nuevas zonas adecuadas o si otro tramo del río empieza a perder cobertura.

La lección que se desprende no es que deba abandonarse el control de especies invasoras. Una intervención puede tener efectos secundarios cuando las especies amenazadas ya dependen de un paisaje alterado, de modo que la retirada y la restauración nativa deben avanzar coordinadas y bajo seguimiento constante.

El trabajo oficial se publicó en el Open-File Report 2016-1120 del Servicio Geológico de Estados Unidos.

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