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viernes, marzo 24, 2023

OREL: ¿Un destino escrito?

El 2 de febrero de 2022 ingresaba en el hospital de AMUS Orel, un ejemplar juvenil de Águila imperial tras ser disparado en la provincia de Badajoz. En la radiografía se contabilizaron cerca de cincuenta perdigones de plomo.

OREL: ¿Un destino escrito? El águila fue intervenida de urgencia, ya que presentaba las dos alas dañadas, además un ojo quedó perforado por una rama en su impacto contra el suelo, perdiéndolo de manera irreversible. Se la liberó en julio de 2022 provista de un emisor GPS gracias a la cooperación con la DGS de la Junta de Extremadura. Su libertad fue efímera. En apenas siete meses fue hallada muerta por electrocución.OREL: ¿Un destino escrito?

El caso de “Orel” fue muy mediático e hizo que una vez más nos preguntásemos cómo pueden seguir ocurriendo este tipo de sucesos. España goza de una buena normativa ambiental. Pero a pesar de este escudo normativo y legislativo, la indefensión de las especies ante unas amenazas concretas siguen representando la gran asignatura pendiente. En la antesala de una crisis ambiental sin precedentes por los modelos de producción, lo más sagrado, sensible y amenazado continúa sin estar asegurado. Y la desaparición de la biodiversidad es un hecho.

Una historia triste y repetida

La historia de este animal viene a refrendar el destino, parece que predeterminado, de muchos ejemplares, Que a pesar de lo que se haga están condenados irremediablemente. También, los hechos nos inducen a pensar en el terrorífico sumidero en el que se ha convertido un medio ambiente atestado de amenazas. En el que cada vez es más complejo salir indemne a tendidos eléctricos, venenos, disparos o parques eólicos, entre otros.

No hay datos ni estadísticas reales, volvemos a insistir “reales”, de la incidencia, ni de las electrocuciones, ni de los disparos sobre especies de aves protegidas. Se contabiliza solo lo que llega a los centros de recuperación o se detecta en el campo. Las electrocuciones y colisiones en tendidos eléctricos son de las principales causas de muerte no natural en rapaces como el Águila imperial, Milano real, Águila perdicera, entre otras muchas.

El caso de Orel no es único, es más que posible que a otros ejemplares de su especie les esté ocurriendo lo mismo. El Águila imperial, emblema de unos ecosistemas singulares que tienen sus últimos rincones aquí, en el sur de la península, de los que quedan apenas unas cincuenta parejas en Extremadura y no quieren vivir en otro lugar del mundo que no sea este. La responsabilidad no deja de pasar por asumir algo que cada día parece más irreparable y que es culpa de todos.

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